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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

REPASO A LAS LISTAS NACIONALES, LOCALES E INTERNACIONALES MÁS ACREDITADAS 

Los números 1 de 2021

La auscultación de los discos que ocupan el primer puesto de las listas de álbumes del recién fenecido año, pinta un paisaje se diría que desolador…, pero fuera de él hay vida, como muestran la catalana Joana Serrat o el grupo aragonés Vivere Memento, algo de lo más enjundioso del 21

Joana Serrat, 38 años, y cinco álbumes exquisitos
Joana Serrat firmó el gran disco de oro del 2021
Foto promocional Great Canyon

Primero de todo, un breve paseo por los discos de pop-rock elegidos por acreditadas publicaciones nacionales e internacionales como números 1 del año 2021.

Sam Fender en el New Musical Express

 Jazmine Sullivan en Pitchfork

Little Simz en Metacritic, la lista de un largo número de críticos mundiales: 

Adele en All Music

Zahara en Mondo Sonoro y Jenesaispop

Maria Arnal i Marcel Bagés en Efeeme Nacional

Billie Elish en Efeeme Internacional

Self Esteem en Babelia

Erin Memento en Mondo Sonoro

¿Qué? ¿Cómo se te queda el cuerpo? ¿O por mejor decir, el oído y la mente? A mí, indiferente y casi irritado, por no emplear palabra más gruesa. Sam Fender, pop pastelero con raigambres ochenteras; Jazmin Sullivan, R&B femenino de purgatorio personal con tópicas reminiscencias soul; Little Simz, rap femenino con ampuloso y vacuo aparataje orquestal, coros y la acumulación como bandera; Adele, muy agradable, pero nada nuevo sub sole; Zahara, del pop liviano a las bases electrónicas con fiebre torrojista y madonitis como armas para reinventarse; Maria Arnal i Marcel Bagés, canción popular, flamenco y otras hierbas sobre las malditas bases electrónicas; Billie Elish, durmiendo sobre la electrónica; Self Esteem, más R&B femenino con mucho floripondio electrónico; Erin Memento, una prometedora promesa que aún debe madurar mucho la composición y la voz, y salirse del riel único de su reiterado estilo…, y, ay, ese obsoleto recurso de la t como ch.

Uyyyy…, sería un sufrimiento tener que oír continuadamente un listado (me ahorro la sobada palabreja de play list, que ya vale de ‘anglicanismos’ -Carmen Calvo dixit- y majaderías varias lingüísticas) con estas canciones y estos discos. Vivimos ya una larga época de escasez, pese a la apabullante producción musical contemporánea, de discos estultos, de anodinas producciones, de vacua reiteración electrónica, de músicas fraudulentas...

Priman las vocecitas sobre programaciones y bases de ritmo, la imagen sobre el sonido, las melodías (si las hay) bobaliconas, el déficit creativo, la falta de imaginación y la ausencia de lo nuevo con solidez. Para colmo, han emergido a plena superficie el rap, el reguetón, la electrónica chumbera y otras malas hierbas…, que es para batirse en retirada. No extraña que más de un recalcitrante melómano se haya refugiado en sus viejos discos. Esto no tiene visos de prosperidad.

La reflexión salta, quieras o no: ¿son muy ramplones, en general, los seleccionadores de estos números 1? ¿Calzan buen gusto o es postureo para llegar más rápido al público joven, las redes y los medios que alimentan esta ramplonería? ¿O no hay vida interesante más allá de estos discos elegidos? Más bien, me temo lo primero, lo de la falta de gusto y exigencia de los compendiadores, valor para exaltar la sutileza, cuando no una grave penuria de conocimiento de la historia de la música pop, o, aún peor, una esnobista pose por estar a la altura de esta irritante ‘modernidad’. No creo que, en absoluto, sea así de forma generalizada, pero algo de ello puede haber para que discos tan mediocres lleguen a la cima. Si no, no se explica.

Porque sí, hay vida, como siempre ha ocurrido, detrás de estas ramplonas listas. Hay discos más interesantes y crujientes, emocionales y sólidos, creativos y sensibles, más allá de estos de estos números 1 que, sin rubor, campanean la mayoría de las listas aquí recogidas.

Personalmente, no me guardo y aquí están mis tres discos del 2021, mis tres números 1, que poco o nada tienen que ver con los listados, pero que serán los que me recuerden y me identifiquen con el año pasado. Seré una rara avis, pero… me temo que no seré la única. Imagino que cada cual tendrá los suyos y, por tanto, volarán por el cielo claro de las exigencias personales no pocas aves de este tipo. ¿Cuáles son? Las tres mías, como digo, y una propina propia:

MÚSICA NACIONAL: Sin dudarlo, la dulzura y creatividad de Joana Serrat y Hardcore From The Heart

MÚSICA INTERNACIONAL: Muchas dudas, pues, aunque el patio no ande muy florido, hay un ramillete de nombres a considerar, desde Big Red Machine a London Grammar, The War On Drugs, Lana del Rey, Olivia Rodrigo, Wolf Alice…, pero finalmente me decanto por un valor seguro, por Nick Cave y su enésima simbiosis con su perenne socio, Warren Ellis, escribiendo ambos por vez primera, fuera de las innumerables bandas sonoras, un disco pop a dúo, Carnage.

MÚSICA ARAGONESA: Huyo del pop y del rock de estas tierras, que está medio ‘socarrao’ en inventiva y calidad, y me voy al bosque del folk, las músicas tradicionales y hasta de la ópera. Y ahí, imbatible, el álbum La puerta de la memoria, de Vivere Memento

DISCO DE ORO ABSOLUTO: Categoría que yo mismito me invento, para enfatizar el disco que más ‘pupa emocional’ me hizo en 2021, mi favorito de metal dorado en años: Hardcore From The Heart, obra maestra.

Que ustedes polemicen con ardor y sensibilidad

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