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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

dos noches apoteósicas

¿Springsteen, antinuclear? Sí, por supuesto

Sony recupera, en una golosa edición, las canciones y las imágenes de los dos conciertos que el cantante y su E Street Band ofrecieron en 1979 en Nueva York en protesta contras las centrales nucleares

Portada de la cajita de los Legendary 1979 No Nukes Concerts
Portada de la cajita de los Legendary 1979 No Nukes Concerts
Sony

El accidente de la central nuclear de Three Miles Island (Pensilvania), en marzo de 1979, fue el detonante para que, después de una cadena de accidentes nucleares ocurridos desde mediados de los años 50 en Estados Unidos, varios músicos, agrupados en la organización MUSE (Musicians United For Safe Energy), se unieran a las protestas contra la energía nuclear y en septiembre de aquel año, durante cinco noches, el Madison Square Garden neoyorkino sudara rechazo y rocanrol contra energía tan peligrosa. Chernobil, el punto de inflexión contra la producción de este tipo de energía, aún no había llegado, pero el mundo ya clamaba contra ella.

¿Springsteen antinuclear? Sí, por supuesto. Parafraseo en negativo al Aviador DRO y aquella popular canción suya para resaltar que el de New Jersey, dando su primer paso de compromiso político-social, fue uno de los músicos activistas más significativos en aquellos comienzos contestatarios más efervescentes del planeta contra las nucleares. Pero paradojas de la vida y del arte: él fue precisamente el más nuclear y explosivo en el escenario en las dos noches finales del festival del Madison Square Garden, instigado por Jackson Brown, Graham Nash, Bonnie Raitt y John Hall.

Cartel de los conciertos MUSE
Cartel de los conciertos MUSE

Y es ahora, al cabo de más de 40 años, cuando la explosividad del Boss queda al descubierto con la publicación en CD y DVD/Blu-Ray de las 13 canciones que interpretó durante sus dos noches en el Madison. Toda una bomba de rock y sentimiento que ahora se puede sentir y gozar en toda su plenitud con la cajita que contiene dos cedés con las 13 canciones de los dos mini conciertos y un DVD/Blu-Ray de calidad visual más que aceptable para los medios disponibles en aquel momento, aunque quizá el ‘grano’ de imagen podría haberse reducido. Además, un libreto con buenas fotos y un texto de uno de los asistentes de producción, John Kilik (hoy afamado productor), y de cómo le cayó impensablemente el encargo y cómo lo llevaron a cabo con ocho cámaras de 16 milímetros que no podían rodar más de nueve minutos seguidos.

Y de ‘propinilla’, un llaverito como esos premios que se les da a los niños por comer o portarse bien, que ya los de marketing no saben cómo tratar a los fans, si como bebés o como adultos fetichistas. ¡Ah!, y un facsímil de la entrada. Bueno, abalorios que no molestan ni distraen la sustancia de esta edición de reencuentro con aquellos dos conciertos del 79 de Springsteen, de los que oficialmente solo se conocían las dos canciones que en el 80 aparecieron en el copioso triple álbum que recogía canciones diversas de Crosby, Stills & Nash, Jackson Brown, Doobie Brothers, James Taylor, Carly Simon, Tom Petty y algunos más de los participantes en el festival.

El DVD entremezcla las canciones de las dos noches, la del 21 y el 22, a la búsqueda de las mejores tomas y de la mayor calidad visual, comenzando con la segunda, para serpentear por ambas hasta terminar con el explosivo encadenado rocanrolero de Detroit Medley, de la segunda noche, y la versión del Rave On de Buddy Holly, de la primera. Una pena que, en vez de dejar limpia la imagen de esta última, la hayan ‘emborronado’ con los créditos. Queda impoluta, sin embargo, en el documental la estampa ya secular del Springsteen de terciopelo y espinas, tierno y dinamitero, interpretando por vez primera en directo The River o subiendo a la cúspide de la seta nuclear en el explosivo encadenado rocanrolero final, haciendo advertencia satírica a mitad de Detroit Medley de que si había alguien en la sala, que padeciese del corazón o había tenido un trasplante de cerebro, que se fuera, porque lo que estaba escuchando y vendría a continuación podría ser peligroso para su salud. Y tanto: en pocas ocasiones se ha visto a un Springsteen tan visceral y alocado como se aprecia en las imágenes del DVD atacando, cual huracán rocanrolero, con el mentado Detroit Medley y después con Quarter To Three y Rave On: bárbaro.

Para lo que acostumbra a ofrecer el Boss en directo, sobrepasando las tres horas de actuación, e incluso llegando a las cuatro, casi un aperitivo la hora y media de estos conciertos, pero aun así, y pese a las deficiencias visuales, un testimonio impagable de lo que Springsteen era sobre el escenario en 1979. Brutal.

ANÉCDOTAS Y SITUACIONES PARA EL ARCHIVO

1.- Como narra en sus memorias, Springsteen vivía más para sí mismo y para su trabajo que para sus novias y la misma idea de emprender una vida familiar con alguna de ellas, pese al aprecio que en casos concretos les profesó. En el rock él era el único responsable de lo que ocurriese, ya fuera positivo o negativo; en el amor, eran dos. Y eso le costaba asumirlo. Una de aquellas novias fue la fotógrafa Lynn Goldsmith, con la que mantuvo relación a finales de los setenta, y ello le permitió tomarle un buen montón de fotografías. Pero la relación acabó en una ruptura abrupta, de tal manera que hasta le prohibió que volviera a fotografiarle. Sin embargo, Lynn apareció en el concierto de la segunda noche, con una potente cámara, tomando fotos a pie de escenario, si bien el mismo Bruce le había hecho llegar el mensaje de prohibición de que lo hiciera. Bruce la divisó durante la interpretación de Quarter To Three y tanto le enervó verla allí que se fue hasta ella, bajó del escenario, la tomó por la cintura y la hizo subir a las tablas, y cuando se creía que aquello era un rasgo de delicadeza se convirtió en escarnio: la presentó como su exnovia con genio agriado y a continuación ordenó que la llevaran a la calle, echándola del recinto, en una de la acciones personales públicas más vergonzosas de su vida. Si se arrepintió luego, nada se sabe. Sus memorias son mudas sobre ella y, por supuesto, sobre tan lamentable incidente, tan enervante para él que quizá aún le inyectó más adrenalina y mala leche para tocar y correr por el escenario como hizo en la demoledora parte final. La edición del DVD eliminó este grosero hecho, recortando tres minutos de los doce que duró la interpretación, como recoge el mismo CD publicado por la web del cantante, aunque no faltan fotos al respecto.

Bruce sube al escenario a su exnovia
Bruce sube al escenario a su exnovia

2.- Sherry Darling, que interpretó ambas noches de los No Nukes, aún estaba inédita en disco, si bien se grabó para Darkness y luego se desechó, estrenándola en público en agosto del 78 en el Charleston Civic Center. The River, sin embargo, era completamente inédita hasta que tuvo su estreno en las dos noches del Madison. Ambas vieron la luz discográfica en 1980 cuando llegó el doble The River.

3.- Quarter To Three y su grito de “I can’t stand no more”, cayendo Bruce exhausto de espaldas y socorrido por sus propios músicos que le aireaban con una toalla y solicitando ayuda médica, para luego ‘resucitar’ de manera explosiva, bailando y gritando que era “prisionero del rock’n’roll”, era una copia o parodia de James Brown, inventor del numerito circense.

4.- En diciembre de 2018 se publicó en su web oficial un doble CD con las canciones de los conciertos, sin embargo, al dar el visto bueno a este No Nukes ordenó retirarlo. Hoy es pieza cotizada.

5. Cumplía 30 años justamente la noche del 22, cosa que recordó al final de la actuación durante el huracán rocanrolero, pero antes, según la leyenda negra, aunque no aparecen imágenes en el DVD, un grupo de fans cantaron varias veces el cumpleaños feliz y luego le entregaron una tarta, que de inmediato lanzó al público de las primeras filas, parece que con cierto desdén, avisándole que él no era responsable de las manchas y que la lavandería se hiciera cargo de los gastos.

6.- Los No Nukes fueron los dos únicos conciertos de aquel año 79, tras cerrar la gira del Darkness en el Richfield Coliseum el mismo día que comenzaba el año, el 1 de enero. Aquel 79 lo había reservado por completo para grabar un nuevo disco que llevaba camino de titularse The Ties That Bind, pero, una vez más, sacando sus proverbiales y reiteradas dudas a la hora de darle conformidad a lo grabado, dio un volantazo y siguió probando y ensayando durante meses hasta desembocar en otro disco diferente, o al menos no como lo había concebido en principio, que sería doble y que tomaría el nombre de la canción estrenada en el Madison, el glorioso The River. Con él saldría de Estados Unidos para realizar por vez primera en Europa una larga gira, España incluida, con su ya mítica parada en el Palacio de los Deportes de Barcelona, la noche del 21 de abril de 1981.

7.- Imágenes suyas de aquellos dos conciertos aparecieron en un documental genérico estrenado en 1980, y The River y Thunder Road se incluyeron en su Video Anthology del año 89 en VHS, ampliada en DVD en 2001, pero ninguna imagen oficial más se conocía hasta ahora de aquellas dos noches, que en los anales springsteenianos se consideran como memorables.  

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