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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

la voz de mi amo

Félix Cartagena, ‘el gran patriarca’ de los promotores musicales aragoneses

Lleva organizando actuaciones y programaciones patronales en pueblos y ciudades desde 1978 y ve el presente ‘coronavírico’ y el futuro con mucha preocupación.

Félix Cartagena, al pie del cañón en su despacho.
Félix Cartagena, al pie del cañón en su despacho.
Archivo F. Cartagena

¿Cómo estás viviendo esta crisis del coronavirus en lo personal y en lo profesional?

En lo personal, muy preocupado, como todos, además mis hijos residen en Madrid. El lado positivo es la seguridad que siempre he tenido en la sanidad pública, eso me da cierta tranquilidad. En lo profesional, teniendo conciencia de que nuestra industria no es una actividad esencial en una situación como ésta de tantísima gravedad, nada parecido a la crisis del 2.008, creo que estamos todos de acuerdo en que la CULTURA siempre es imprescindible. Me preocupan sobre todo los compañeros y músicos más modestos que lo están pasando y lo van a pasar realmente mal.

¿Qué has tenido que suspender y qué pérdidas calculas?

He tenido que aplazar de momento los conciertos que estaban previstos para los meses de marzo, abril y mayo: varios de Café Quijano, Los Chicos del Coro con Montserrat Martí Caballé, José Luis Perales, Efecto Pasillo, De Vicio, un par de festivales, en fin, un largo etcétera. Las pérdidas son importantes para todos, pero en esta situación la salud es lo primero. En otros sectores están sufriendo la misma situación.

El sector está paralizado, ¿ves alguna solución?

La solución no es otra que la espera a las tomas de decisiones de las autoridades, sin embargo, creo que sin ayuda casi será imposible regresar al punto de partida. La asociación a la que pertenezco (A.R.T.E.) está estudiando diferentes tipos de ayuda. No es lo mismo un gran artista que un músico que acompaña a este gran artista o un músico de orquesta, ni los técnicos de las grandes empresas de sonorización que los de las modestas empresas.

¿Corren peligro las fiestas patronales de los pueblos en lo musical?

Sí. De hecho, las que de forma habitual eran las primeras de la temporada, las de la localidad de Tauste, ya han sido canceladas, así como otras que se iban a celebrar durante el mes de mayo. Tenemos previsto cancelar al menos los eventos y fiestas que se iban a celebrar hasta el 30 de mayo. Hay algunos ayuntamientos que, con muy buen criterio, a mi juicio, han decidido transferir parte del dinero previsto para estos eventos festivos a Acción Social, como ayuda a los más necesitados de su localidad. Zuera es un caso de estos.

¿El daño presente va a prolongarse durante mucho tiempo en el futuro?

Por supuesto, creo que pasará tiempo hasta que el público tenga la seguridad de que puede asistir a este tipo de celebraciones sin riesgo.

¿Hablas con otros colegas? ¿Qué te dicen?

Sí, estamos en permanente contacto tanto a través de la asociación como telefónicamente con los colegas más cercanos, músicos y artistas, ya que todos estamos sufriendo la misma situación tanto en lo personal como en lo profesional. Se trata de hacer visible la situación que, a veces se desenfoca el problema porque el público inconscientemente cree que todos los artistas son iguales y que gozan y disfrutan de una situación privilegiada, hay que esforzarse por poner en primer término la realidad, como en la sociedad, los que no se ven, los que no son conocidos, son los más perjudicados.

Pasemos a terreno personal. ¿Cuándo empezaste a organizar conciertos?

Casi me da rubor decirlo, pero fue en el año 1.978.

¿Dejaste los estudios por esto?

Sí, estaba haciendo Ciencias Sociales y lo dejé, pero ya era funcionario en el entonces Ministerio de Sanidad y Seguridad Social y pedí la excedencia.

¿Y cómo fue meterte en esto? Eras disc-jockey, creo…

Como bien dices, era D’j y en alguna de las discotecas donde trabajaba hacían actuaciones en directo, esto me dio la oportunidad de conocer a managers, representantes y músicos.

Por cierto, al margen de todo esto. Creo que en alguna ocasión asististe a los guateques salvajes de Los Cheyennes en las Delicias? Si es así, ¿cómo recuerdas aquello?

Sí, era muy joven y aquellos grupos maravillosos de la época los domingos organizaban guateques en sus locales de ensayo, aquello era además de transgresor para la época, algo muy emocionante porque podíamos escuchar música a través de amplificadores, entonces de un volumen brutal, y además estar rodeado de instrumentos musicales, lo estaba de gente que en aquel momento eran para mí lo más vanguardista de la sociedad.

¿Qué ha sido lo más relevante que has organizado?

Tengo la suerte de haber participado en muy diversos conciertos y eventos, pero quizá el que más orgullo me produce es haber comenzado la gira mundial de Los dos pájaros de un tiro, con Serrat y Sabina, en el Príncipe Felipe. Vinieron promotores y colegas de prácticamente todo el mundo para ver en directo aquello que por fin se había producido y de lo cual se venía hablando durante muchos años. Ensayaron durante una semana en el Pabellón Príncipe Felipe y asistieron medios de comunicación y televisiones de varios países. También recuerdo hacer a The Luthiers, por primera vez en un espacio tan grande como el Pabellón Príncipe Felipe, era todo un reto. He tenido la suerte de realizar varios comienzos y finales de gira coincidiendo con las Fiestas del Pilar. Recuerdo a bote pronto, tres o cuatro veces Sabina, el Canto del Loco, Juanes… el primer concierto en España de Carlos Baute, el último en su vida artística de Martes y Trece (como trío), los últimos directos de M. Dolores Pradera… Otro del que tengo un recuerdo imborrable fue el de Bunbury en Zuera, cuando sufrió aquella crisis de pánico escénico que se puso tan de moda después. Recuerdo especialmente el último directo de José Antonio Labordeta junto a Eduardo Paz y Joaquín Carbonell en Septiembre de 2009: el Ayuntamiento de Ejea colocó una placa en recuerdo de aquel último concierto.

Pero has tocado todos los palos: orquestas, fiestas de pueblos, conciertos masivos en pabellones…

Sí, y estoy muy agradecido a todos porque una cosa me ha llevado a otra y la enseñanza de la profesión la adquirí precisamente por haber realizado esta disparidad de eventos.

Lo que sí creo es que has sido, y sigues siendo, un promotor muy prudente. Vamos, que no te has metido en actuaciones a lo loco o por devoción a un artista, como hizo, por ejemplo, el recordado Antonio Tenas trayendo a Kraftwerk al Fleta, sabiendo de antemano que perdería un millón de pesetas…

Recuerdo muchísimo a Antonio Tenas, fue el primero con el que colaboré en grandes conciertos de artistas internacionales. Antonio era muy valiente, se atrevía a contratar estrellones del rock mundial para traerlos a Zaragoza, y en el caso concreto de Kraftwerk recuerdo perfectamente el concierto. En los días previos “cundía el pánico” porque a pesar de llenar, como llenaron sobradamente el Teatro Fleta, yo le advertía de los resultados económicos, pero era tan fan de algunos grupos que los contrataba más por el placer de escucharlos en directo que por los posibles resultados económicos. Todos nos dejamos llevar en ocasiones, yo también. Entre otros, recuerdo especialmente uno de Toto, un sábado santo en la Multiusos. Asistió poquísimo público, la mayoría amigos o músicos, siendo la recaudación catastrófica, pero a mí el grupo me encantaba.

Yo te considero como el ‘patriarca aragonés de los promotores aragoneses’, por tu larga carrera y por tu permanente actividad. ¿Te parece excesiva la apreciación?

El único mérito es llevar tantísimos años en la profesión. Te agradezco el calificativo porque sé que lo dices desde el cariño, pero lo que realmente me gustaría ser es uno de estos chicos nuevos que se están abriendo camino y tener todavía una larga trayectoria por delante.

¿Hay o quedan colegas con tu misma trayectoria?

Por supuesto que sí, no muchos, pero quedan, estamos en contacto permanente contándonos éxitos y fracasos, lo que nos ayuda a tomar decisiones.

¿Qué se necesita para ser un buen promotor y permanecer largo tiempo, como es tu caso?

En aquellos años que no existía Internet, ni las redes sociales, tenías que basarte en la intuición, las tiendas de discos, las emisoras de radio y en las críticas de discos de Matías Uribe en Heraldo de Aragón, ahí estaban los artistas y grupos de éxito. La larga permanencia la da el encontrarse a gusto con lo que haces y procurar no hacerlo mal del todo.

De todo lo que has organizado, ¿qué ha sido lo más emotivo y que con más agrado recuerdas?

Recuerdo muchísimos, pero si he de elegir 2 o 3, te digo que uno de ellos fue organizar un concierto en el antiguo Mercado de Delicias con apenas 10 o 12 días de antelación. Cuando falleció la pareja de Antonio Vega, el manager me lo pidió con el fin de mantener activo a Antonio en esos delicados momentos e hicimos varios conciertos por Aragón y Navarra. También fue muy emotiva la ocasión en que Manolo Escobar actuaba en Zaragoza, en lo que sería su último año de gira, y las Hermanas de los Ancianos Desamparados de San José se pusieron en contacto conmigo para solicitar una visita del artista a sus instalaciones. Se lo comuniqué a su manager y sobrino y de forma inmediata me dijo que sí; solo que quería máxima discreción. Se apuntó todo el staff de Manolo para hacer la visita y fue muy emocionante ver la reacción de los residentes cuando vieron y escucharon algunos temas que les interpretó y dedicó en directo

¿Cómo son o han sido esas estrellas que has programado en diversos lugares de Aragón? ¿Caprichosas, exigentes, amables…? ¿Qué trabas o facilidades has encontrado en ellas?

A lo largo de los años he encontrado de todo, pero como norma general la estupidez y la sencillez son inversamente proporcional al nivel del artista. Alguna vez, con el paso de los años, se sorprenden ellos mismos de “esas impertinencias”.

Creo que tienes una lista de ‘buenos y malos’. No te pido nombres por discreción, ¿pero cuál de las dos es la más larga?

Tengo una lista, sí, pero afortunadamente es muchísimo más larga la de los buenos. Me creo afortunado por ello, pero la de los malos en algunas ocasiones dejan huella.

¿Es, o ha sido, muy difícil tratar con los ayuntamientos?

No especialmente. Fueron más duros los primeros años cuando no se disponía de ninguna condición técnica ni comodidad para público, ni artistas, para celebrar los conciertos. Con el paso de los años y la experiencia de unos y otros, se llegó a entender perfectamente que los contratos constaban de dos partes fundamentales: las condiciones económicas y las técnicas. Los espacios se fueron mejorando y todo el mundo pudo disfrutar de los conciertos en las mejores condiciones.

¿Hay fijos desde hace años para tu empresa?

Efectivamente, tanto de artistas que, por su carrera, permanecen en primera línea y con los que después de una larga relación comercial tengo la posibilidad de pedirles algún favor, como de empresas en las que llevo muchísimos años y siguen confiando en mí.

¿Qué les ofreces para que acepten las contrataciones tanto en nombres como en precios?

Uno trata de ocuparse de todos los flecos. Son muchísimos, los que conlleva la organización de un concierto. En estos momentos, tenemos un documento base que es el decreto del Gobierno de Aragón al cual hay que ceñirse, pero, además de esto, hay que contar con la infraestructura necesaria para el resto de las condiciones que necesita la organización de un concierto: escenarios, grupos electrógenos, carga y descarga, publicidad, etc. En nombres y precios procuro tener la información de los artistas que más interesan por el momento que atraviesan. Hay que estar muy rápido para conseguir contratarlos en el primer momento de lo que va a ser su año de éxito, es cuando los cachés son más razonables, pero hay que ser un poco visionario para preverlo. La experiencia y la confianza hacen que aciertes más veces.

Hubo una época, en los 80-90, en que los ayuntamientos eran los máximos contratadores. ¿Cómo viviste aquel momento de esplendor para el sector y cómo murió?

Hasta aquel momento la iniciativa era mayoritariamente privada. Con la llegada de la democracia y los primeros Ayuntamientos democráticos, quisieron, a mi juicio, con muy buena intención, democratizar también la cultura y el entretenimiento, y se esforzaron en ofrecer la posibilidad de disfrutar en vivo y en directo a toda la ciudad o pueblo de lo que hasta entonces solo unos cuantos afortunados de las grandes ciudades habían podido disfrutar. Como siempre, esto llevó a unos excesos que produjeron la inflación de los cachés de los artistas; en algunas ocasiones se llegó al abuso por parte de algunos artistas.

Has tocado todos o casi todos los palos musicales, pero alguno habrá que se atragante…

Por supuestos que sí, he tocado todos los palos, los he respetado a todos por la gran admiración que tengo a cualquiera que se sube a un escenario en cualquier disciplina. Ahora es cuando creo que ya hay algunos géneros “que me superan”…

¿El reguetón es uno de ellos?

Sí. Este es uno de los que me han superado.

¿Y el rap?

Tampoco llega a emocionarme. Yo, que como argumento siempre he sido de la opinión, y así la he esgrimido, haciendo saber que el mundo artístico es tan amplio que abarca desde el Fary a Extremoduro, pasando por todos los géneros intermedios, no encuentro, sin embargo, algo en estos nuevos géneros. Sé y conozco a gente que lo hace muy bien, pero no hay ningún tema que me haya emocionado especialmente.

Antes de la pandemia, ¿estaban los tiempos muy difíciles para contratar? Supongo que las disco-móviles, por ejemplo, o los DJ’s y los festivales de electrónica, habrán sido competencia feroz para destruir el tejido de la música de grupos y orquestas…

Sí, antes de la pandemia la industria estaba recuperándose de la anterior crisis, que también dejó huella. Los nuevos gustos nos han llevado a que el público, sobre todo más joven, disfrute más de los D’js y de la música electrónica que de la música en directo. Se da la paradoja de que en algunas fiestas populares la gente joven espera a que termine la orquesta o el grupo para que comience el D’j, que pincha los mismos temas que la orquesta ha estado utilizando en su repertorio en vivo. No obstante, esto ha servido para que el nivel de orquestas haya subido de tal forma que de nuevo vuelvan a ser respetadas y admiradas porque realmente hacen un trabajo excelente. Tengo la seguridad de que cada vez se van a clarificar más los espacios que van a ocupar cada uno.

¿Cómo ha evolucionado este sector desde que empezaste? ¿En qué ha ido cambiando? ¿Qué diferencias hay de ayer a hoy?

Muchísimas diferencias. En primer lugar, y como decía antes, ahora hay acondicionamiento de los espacios, lo que ha demostrado el beneficio para artista y público. Cuando empecé, había que esforzarse muchísimo para convencer a los contratadores de que las condiciones técnicas eran imprescindibles para el mejor resultado del show. También ahora el nivel de los responsables municipales, en la mayoría de los casos, es muy distinto con respecto a hace unos años. Ha mejorado mucho. A título anecdótico, no cito el pueblo, llevé allí a Víctor Manuel y Ana Belén y tuvimos que ampliar el escenario con la mesa de billar que disponían en el local…, eso hoy es impensable. Tampoco quiero ni recordar los problemas con la potencia eléctrica, los camerinos…, etc.

¿Hay mucho intrusismo en el sector?

Sí, hay muchos aficionados, creo que tantos como entrenadores o políticos milagro que lo arreglan todo en 24 horas. Esto es una carga grave para el sector, creo que la única profesión donde no hay intrusismo es en la de “peluquero de caballero”, no se deben atrever.

A.R.T.E. te dio un premio, ¿por qué?

A.R.T.E. es la Asociación de Representantes y Técnicos del Espectáculo de España, y, con motivo de una de sus asambleas anuales, se entregaron unos premios de reconocimiento a distintos estamentos que tienen algo que ver con nuestra actividad. Me llenó de ilusión y de agradecimiento porque en mi apartado se da mediante votación de todos los componentes de la Asociación. Tuve el privilegio de recibir el reconocimiento a la trayectoria profesional como promotor junto a Kiko Veneno y Estopa.

¿Has pinchado en alguna ocasión organizando un concierto o con una programación en un pueblo?

Sí, por supuesto, es un riesgo que hay que asumir y en el que influyen numerosas situaciones que hacen muy difícil acertar. A veces, un artista que no tiene el éxito esperado en una ocasión lo tiene a la siguiente y viceversa, por eso es una profesión de alto riesgo, porque nadie asegura el éxito.

¿Cómo trabaja un promotor de tu estilo y pervivencia? ¿A cachet, a taquilla, a venta al organismo público que desee traer a un artista…?

Al residir en una región con unas características tan especiales, por número de habitantes, distancias, costumbres y tradiciones, uno se ve obligado a convivir con ellas y adaptarse a diferentes fórmulas. Unas veces, como promotor a riesgo; y otras, como organizador para terceros, públicos y privados. Las fórmulas las adaptamos en cada caso que se presenta a la forma que a priori sea más adecuada para artista, promotor u organismo público.

Y cuando se contrata a un artista, ¿cómo se hace? ¿Hay que abonar de antemano, o a posteriori, o se da la típica señal como cuando se compra un piso, jejeje?

También aquí existen diferentes fórmulas. Hay artistas, más bien sus oficinas de management, que en mi caso no exigen entregas a cuenta. Pero desde que las multinacionales han copado prácticamente el sector, ha dejado de haber managers al uso, con los que tenías una relación cordial y amistosa y han pasado a ser un gabinete de abogados donde, aunque por motivos de trabajo acabes teniendo buena relación con algunos de sus dirigentes, aplican unas fórmulas más drásticas para cerrar los contratos, esto es, piden un porcentaje del caché a la firma del contrato y el resto en uno o dos plazos antes del día del concierto.

En los contratos, ¿qué se pide especialmente por ambas partes?

Se le da tanta importancia, como explicaba antes, a las condiciones económicas como a las técnicas. Una vez acordado el caché, se empieza a dar importancia a la fecha, ciudad, espacio, precio de las entradas…, etc. Se cuida cada vez más no coincidir con otros eventos que puedan restar atención al programado.

Antes de esta crisis, ¿cómo estaban los precios de los artistas mayores y menores? Hablo de españoles. ¿Cuál o cuáles son los más caros?

La Ley de Protección de Datos me impide hablar públicamente de cachés. Oscila mucho entre unos artistas y otros. Algunos se acercan a los 80/100.000 €. Por encima de esto solo hay dos o tres y por debajo, muy por debajo, la mayoría. Siempre tratamos de que los cachés se adapten a su poder de convocatoria, pero en una industria tan subjetiva siempre hay quien lo exige muy por arriba de su merecimiento y a otros les gusta trabajar en mayor número de ocasiones y adaptan su caché con prudencia y responsabilidad.

¿A quién quisiste contratar y nunca lo conseguiste?

De los artistas nacionales, puedo decir que he trabajado con todos ellos. De los internacionales, es mucho más complicado por diferentes motivos y ahí sí que he tenido algún problema.

¿Y el que más, o los que más, facilidades ponen y te apetece trabajar?

Los artistas de larga trayectoria lo son precisamente porque han cuidado hasta el mínimo detalle su carrera. Ellos son principalmente los que cuando pasa algún tiempo sin que hayas contactado para una contratación se ponen en contacto con el promotor a través de sus managers para facilitar su contratación. Esto se consigue a través de años de relación. Precisamente uno de los problemas es que cada vez más los grandes consorcios y multinacionales se dedican a comprar giras completas de artistas. Desde que las discográficas fueron perdiendo su mercado con la venta de discos, han establecido oficinas para sus artistas para poder disfrutar de los ingresos de los conciertos. Los managers se encargaban de velar y controlar la carrera del artista, pero estas grandes corporaciones se dedican más a sacar rendimiento puntual del éxito obtenido por esos artistas, y cuando estos no lo tengan optarán por otros. Los nuevos tiempos nos han llevado a esta situación, lo que ha producido que se pierda “romanticismo”. Antes la persona que veía a un grupo o a un artista novel se encargaba de encauzar y lanzar su carrera…, es verdad que ahora los artistas cuentan con la ventaja de las redes sociales y se dan casos de artistas que suben sus trabajos a la red, siendo unos perfectos desconocidos, y en pocas semanas se convierten en fenómenos que sorprenden a todos. En ese momento ya tratan de controlarlos las multinacionales, perdiéndose también por este motivo la figura del manager. Si puedo elegir, y procuro opinar al respecto, siempre trato de trabajar con artistas y managers con los que tengo mejor relación.

¿Y los que más trabas?

Generalmente ponen trabas los que no conocen todavía bien las distintas posibilidades del mercado nacional y consideran a cualquier lugar del país como si todo fuera Madrid o Barcelona. En algunas ocasiones, he tenido que lidiar con esto, pero siempre que tengo oportunidad los rehúyo.

Supongo que tendrás decenas de anécdotas de toda esa trayectoria tuya y de los artistas que has contratado, por ejemplo, la de los melocotones de Serrat…, ¿puedes recordar algunas más?

Ésta la recuerdas porque fuiste testigo presencial, pero lo vengo haciendo desde hace varios años. Una vez, mi amigo Eduardo de Calanda vino a un concierto y lo hizo con varias cajas de melocotones de la zona, que repartí entre los artistas que actuaban esos días del Pilar, y tuvieron tan buena acogida que se ha quedado como una tradición. Anécdotas tengo de todo tipo, algunas de ellas no puedo contarlas públicamente, pero me ha ocurrido de “todo”; a veces, graciosas, y otras, “dramáticas”. En una ocasión, con un grupo muy de moda en los 80/90, Objetivo Birmania, como no existen doy su nombre, tuvieron problemas entre ellos y se partieron en dos grupos. El día del concierto se presentaron los dos grupos acompañados por sendos notarios para que el promotor del concierto tomara la decisión de cuál de las dos formaciones era la que él había querido contratar. Por supuesto que se eligió la formación que contaba con los cantantes que eran la imagen más conocida del grupo y con cuyo manager se había cerrado la contratación. En otra ocasión un grupo muy numeroso en el escenario y muy de moda tuvo que comenzar la actuación sin el cantante, que había sufrido un percance. Se incorporó en el tercer tema, y tan nervioso estaba que no pudo adaptarse al tema que estaban tocando, por lo que hubo que comenzar el concierto de nuevo. Nadie se dio cuenta de aquello, repitieron las tres primeras canciones e hicieron el show previsto hasta el final.

¿Qué piensas hacer nada más que salga un poco el sol y se acabe esta maldita pandemia?

Primero, tratar de ver en vivo a mi familia, amigos y colegas. Después, volver a trabajar para intentar recuperar todo lo que sea posible de lo que se ha llevado la pandemia por delante y colaborar con aquellos grupos, orquestas y artistas en general, modestos, que me consta lo están pasando bastante mal. Precisamente la asociación ha firmado junto con el resto de asociaciones de la industria de la música en vivo, teatro, artes escénicas…, etc., una solicitud que contiene 52 medidas extraordinarias enviadas al ministro de Cultura con el fin de solicitar su amparo. Por otra parte, trasladar a las autoridades autonómicas y municipales la situación que sufre el colectivo para que tengan conocimiento exacto de primera mano y solicitar de su sensibilidad, que me consta, su apoyo. Ya hemos estudiado varias fórmulas para ello.

¿Piensas en la retirada definitiva o es un gusanillo permanente?

Es un gusanillo permanente, no me pasa por la cabeza todavía y menos en una situación como la actual, dejarlo. Me gustaría hacerlo con la situación mejorada.

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