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Blog - El buen jardinero

por David Navarro

EL BUEN JARDINERO

Trampas contra las plagas

Para luchar contra el problema del picudo rojo en palmeras, la procesionaria en los pinos, el pulgón en tilos y catalpas o la galeruca en el olmo ya no se utilizan químicos en la ciudad. La imaginación lleva a instalar depredadores naturales, cepos de feromonas y aplicar inyecciones en el tronco

Picudo rojo en un tronco de palmera
Picudo rojo en un tronco de palmera
Hodac/nstagram

El principal ingrediente en el control de plagas de la Unidad de Gestión del Arbolado Urbano de Zaragoza no es un producto químico. Es la imaginación. Tormentas de ideas para tratar plagas como el peligroso picudo rojo, la polémica procesionaria, el molesto pulgón o la mortal galecura. "El primer paso es conocer al problema que nos enfrentamos y desde 2018 tenemos un convenio con la Universidad de Zaragoza para hacer un estudio para ver la situación y aplicar los métodos con un uso sostenible de los fitosanitarios", señala Amalia Barniola, jefa de la unidad. El objetivo es prescindir de insecticidas, incluso de los permitidos, y apostar por depredadores naturales y trampas, más eficaces y baratos a medio y largo plazo.

Trampas contra el picudo rojo
Ejemplar de picudo rojo en una palmera
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Picudo rojo en una palmera

En el caso del picudo rojo (‘Rhynchophorus ferrugineus’) son ya decenas de palmeras las afectadas en la ciudad. Se trata de un escarabajo que coloniza ejemplares enteros hasta matarlos y que llegó a Zaragoza hace una década, cuando tuvieron lugar importaciones de palmeras para el ajardinamiento de nuevas zonas en la ciudad. Afecta, sobre todo, a la variedad ‘Phoenix canariensis’, la más habitual y amenaza con acabar con los más de 500 ejemplares en la ciudad. "Para luchar contra el picudo rojo, primero formamos a todo el equipo técnico de diferentes sectores de la ciudad, más de 100 personas, para que puedan detectar su presencia antes de que sea demasiado tarde. Después, cuando se sabe que la palmera está infectada, llega el tratamiento", añade Barniola. Uno de ellos es aplicar una ducha de agua en la que se incluye un enemigo natural del picudo rojo, el hermátodo ‘Steinernema carpocapsae’. Se trata de un método lento, ya que exige ir ejemplar a ejemplar, y mojarlo a conciencia.

Pero la lucha contra una plaga se realiza desde varios frentes y desde hace unas semanas se ha puesto en marcha otra estrategias: trampas con agua en la que se ahoga el escarabajo. Para que entre en ellas, cuentan en su interior con dispensadoras de dos atrayentes: hormonas y kairomona (sustancia que emite la palmera y atrae al insecto). Están a ras de suelo, porque el picudo rojo asciende a la copa de la palmera desde el tronco, y ya se ha capturado un importante número de escarabajos.

Zaragoza es de las primeras ciudades, además, en contar con un anillo de protección realizado a través de trampas. Compuesto por medio centenar de trampas situadas a unos 500 metros de cada una (y lejos de los ejemplares sanos), rodean un sector en la margen izquierda y otro en la derecha.

El problema de la procesionaria
Procesionaria en el pinar de Loma Verde en Huesca.
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Procesionaria en el pinar de Loma Verde en Huesca.

Cuando se habla de plagas, hay que tener en cuenta la tolerancia de la planta y si la presencia de esos insectos pone en riesgo su vida. Pero en el arbolado urbano entra también en juego la presencia de los ciudadanos, a los que puede incomodar la plaga por distintas razones. Por ejemplo, la procesionaria ha de tratarse rápidamente debido a la alarma social que despiertan las bolsas que forman sus larvas. "Pero el control es complicado, porque los productos químicos no pueden utilizarse y los remedios ecológicos como el ‘Bacillus thuringiensis’ tiene un efecto limitado y ha de aplicarse en un momento concreto del desarrollo de la larva. Además, la dispersión de la especie obliga a ir casi ejemplar a ejemplar", dice Bardiola.

En los colegios, donde la alarma es mayor, se aplica endoterapia: inyecciones de un producto químico directamente en el tronco. "Pero se trata de un procedimiento lento y carísimo, inasumible para todos los pinos que tenemos en la ciudad". La imaginación es, de nuevo la receta. Contra la procesionaria, aparte de la retirada manual, se colocan también anillos en el tronco con una bolsa de tierra, para que la larva crea que ha llegado al suelo y se quede allí atrapada. También se han instalado cajas de murciélagos, para que devoren las polillas.

Pulgones y melaza
Pulgones en hojas de catalpa
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Pulgones en hojas de catalpa.

Similar a la procesionaria es el caso del pulgón, una plaga que puede debilitar al árbol, pero que ha de controlarse, sobre todo, por las molestias que ocasiona la melaza pegajosa que suelta y que ensucia aceras y mesas y sillas de la terraza. En zonas como el paseo de la Independencia, donde causaban problemas a los establecimientos hosteleros, se colocan cajas con ‘Adalia bipunctata’, ‘Aphidius colemani’ y ‘Aphidoletes aphidimyza’, enemigos naturales del pulgón. Unos son depredadores y otros parásitos, y ayudan a controlar la plaga. "Si cuentan con un espacio biodiverso se instalan en el lugar y ya no es necesario volver a soltarlos".

"Uno de los siguientes pasos en el diseño del plan del arbolado en Zaragoza es tener en cuenta a la ciudad como espacio de biodiversidad", avanza Amalia Barniola. En vez de islas de asfalto, se ha de contar con parterres y alcorques vivos.Dejar de lado esa idea de que el césped ha de estar perfectamente cortado y los parterres solo con flores y aceptar que los insectos beneficiosos que nos libran de las plagas necesitan espacios donde establecerse.

Galeruca del olmo
Galeruca del olmo
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Galeruca del olmo.

La galeruca del olmo afecta por partida doble en la ciudad. No solo debilita y llega a matar a estos árboles, sino que puede proliferar también dentro de las casas y llega a ser necesario incluso fumigar, como ya ocurrió en un colegio zaragozano. No es fácil luchar contra esta plaga, que solo se llega a combatir mediante endoterapia, inyectando un tratamiento ejemplar a ejemplar. El año pasado se trataron en la capital aragonesa unos 600 ejemplares. La debilitación de los ejemplares puede llevar, además, a rotura de ramas, por lo que se intenta también sustituir esta especie por otras más adecuadas para la ciudad.

 

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