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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

música

Juan & Junior, 50 años después

El dúo, que arrasó en la España de finales de los sesenta, se rompió hace medio siglo, dejando una cartuchera de canciones imborrables.

1 Juan y Junior
Portada de disco de Juan & Junior

“¡Alto! No pongan pies en polvorosa con tan solo leer este nombre…”. Si la entrada anterior arrancaba con esta alerta, en esta nueva –excusas, pero viene de nuevo al pelo- aplico la plantilla. Solo que con óptica divergente: aquí no es el nombre raro de una cantante de Guadalajara como Eva Ryjlen sino el de un popular dúo español de los años sesenta, que ante el cual, por su antigüedad de medio siglo, los más ‘modernos’ del lugar se horroricen y cambien de canal inmediatamente, tratando a este escriba de senil, oxidado y otros bellos epítetos. Allá cada cual con su ‘musicómetro’ para medir la música, si por relevancia, por modernidad, por calidad, vigencia…

Yo lo tengo muy claro: toda música que transmita algo, que esté bien fundamentada, confeccionada en arreglos, instrumentación, ritmo y voces, hecha con sentido y sensibilidad, creativa, experimentadora, novedosa… y que no pase por las horcas caudinas de la comercialidad más infamante es música completamente válida, disfrutable y hasta emocionante, al margen fechas de edición, autor o procedencia.

Una de las secciones que sigo a diario en el Heraldo de papel es la columna que se destina a recordar lo sucedido en el mundo hace 50 años y 100 años. Unas píldoras históricas casi a estilo tuit que vienen de perilla para saber lo que las gentes de hace medio siglo o un siglo vivían en su época. Esta curiosidad y mi devoción por la Historia supongo que está en la base de que no se me escape ni un solo día el seguimiento de tan provechosa columna del Heraldo, que Dios guarde muchos años.

Por ella, hace unos días, se me removieron las neuronas, originándome un gran chispazo cerebral en el hemisferio de los recuerdos: “Juan & Junior se han separado”, anunciaba la columna del Heraldo de hace 50 años. ¡Leñe! Si parece que fue ayer. Sí, porque en mi memoria siguen frescas algunas de sus canciones y porque el dúo significó mucho en la música española e incluso europea (hicieron versiones en inglés) de finales de los sesenta. Los más veteranos lo recordarán. Los más jóvenes lo desconocerán. Mas es insoslayable resaltar que el dúo, en los dos escasos años que estuvo activo, entre 1967 y 1969, copó las listas de ventas, programas de radio y televisión, sinfonolas, guateques, periódicos… y hasta revistas del corazón. Dos megaestrellas sin paliativos de la época.

En realidad, ya lo eran formando parte de los famosos y cruciales Brincos, pero tuvieron una bronca con el batería Fernando Arbex, que se erigió (o quiso erigirse) en capitán de una nave que no era exclusivamente suya, hasta el punto de que registró el nombre del grupo y las canciones a su nombre, y ambos cogieron el portante y se fueron para emprender vida musical aparte. Curioso porque Pardo le tenía una ojeriza tremenda a Junior: cuando Arbex lo quiso reclutar para Los Brincos, allá por 1964, Pardo se opuso con los dientes largos. No lo veía como componente del cuarteto: sí, muy guapo, pero blandengue y azucarado como un pastel de merengue. Pero ganó la batalla Arbex y Junior, nacido en Filipinas, se integró en Los Brincos. Al poco, empezó a mostrar condiciones para armar voces y coros e incluso para la composición y Juan se quedó atónito. Hasta le pidió perdón. Luego, cuando la bronca interna con Arbex se enconó, se puso del lado de Pardo y ambos emprendieron el camino por su cuenta.

¡Y qué camino! Breve pero lleno de canciones fantásticas, con unas melodías que taladraban el cerebro, con unos arreglos de metales en vena soul, cuerdas, flautas y guitarras redondas que armonizaba un joven maestro de 19 años, Paco Crespo, según confesaba en 1968 a Heraldo, y unas voces empastadas que llevaban, aunque sea exagerada la apreciación a Simon & Garfunkel. Tuvieron premio a la primera: el single de debut con La caza y Nada fue número 1 absoluto de ventas en España en el año 67. Y eso que estaban por allí los Beatles con All You Need Is Love y Penny Lane, Four Tops con Extiende tus brazos, Procol Harum y Con su blanca palidez, The Beach Boys con Good Vibrations, Raphael con Hablemos del amor, la eurovisiva Sandie Shaw y sus Marionetas en la cuerda o sus excompañeros y ahora rivales Los Brincos con Lola, todos con los dientes afilados para comerse los primeros puestos de las listas de ventas y popularidad, entonces un termómetro ineludible para medir el éxito.

Luego, tras La caza/Nada, llegaron otros cinco singles más hasta el total de la media docena que grabaron, todos ellos recogidos en el único álbum que de ellos se publicó a finales de 1969, ya disueltos, y allí se acabó todo. A mi gusto, la mejor de todas fue la épica Nos falta fe, pero debo decir que las doce me encantaron en su momento y me siguen encantando. Fui fan suyo, como lo fui de tantos conjuntos de los sesenta, y cuando tuve oportunidad de hacerme con los vinilos originales, es decir, en la era Internet, los seis entraron en mi discoteca… Stop, que igual miento: faltó un séptimo que era una traslación de la cara A a esa lengua oprimida y perseguida por Franco, según mantra que repiquetean los independentistas, o sea, al catalán. Exactamente A dos niñas/Tres días, que versionaron en la lengua de Espriu como A dues nenes (canción, por cierto, dedicada a Marisol y Rocío Dúrcal, con las que trabaron algo más que amistad).

Tanto éxito y tanta fama que Picasso, emocionado con Anduriña, les hizo un dibujo para la portada del disco (aunque luego un cerebro de la compañía Novola lo pasó a la contraportada ‘por anticomercial’) y el cine les abrió las puertas, protagonizando una película con Pedro Olea, En un mundo diferente, aunque ahí pincharon. También pincharon, por cierto, en Zaragoza, donde curiosamente, pese a estar constantemente en gira, nunca tocaron oficialmente. Lo hicieron en una única ocasión, el 8 octubre del 67, en que aparecieron como estrellas invitadas junto a María Dolores Pradera y dos populares grupos pop locales, Los Magnos y Los Sarakostas, en una gala contra el cáncer celebrada en La Lonja para lo más selecto de la burguesía local y autoridades militares y civiles. Presidieron los marqueses de Villaverde. ‘Fiesta proletaria’, como mandaba el manual sacrosanto del franquismo y las buenas costumbres, aunque de desmelenados grupos pop se tratase.

Como digo, solo duraron un par escaso de años, atrapando a la juventud de la época con otras canciones inolvidables como Bajo el sol, Para verte reír, Tiempo de amor, En San Juan… y sobre todo Anduriña, de letra algo tétrica y que a más de uno hizo creer que Juan, el verdadero motor compositivo del dúo era gallego, cuando su partida de nacimiento está fechada en Palma de Mallorca, si bien el chico tuvo una infancia itinerante debido a la profesión de su padre: almirante de la marina española. Hasta vivió en Estados Unidos de dónde se trajo su primera guitarra eléctrica y un bagaje musical de primera mano.

Luego pasó lo mismo que pasó con Los Brincos: bronca entre ellos mismos. Que si uno compone y el otro no, que uno canta y el otro no (hay una canción de las doce, que nadie ha descifrado todavía y que el mismo Pardo se niega a hacerlo aunque se asegura que fue Lo que el viento se llevó, en la que Juan hizo todas las voces), que uno ligaba más que el otro, que Junior se enfada porque Juan corrige en el estudio a sus espaldas, que si un manager cizañero se empeñó en romper al dúo para lanzar en solitario a Junior…, y por medio una chica a la que ambos pretendían locamente: Rocío Dúrcal. Ya se sabe cómo acabó la pelea amorosa: aunque al principio fue novia de Juan, fue Junior la que la llevó al altar. De manera que cuando el Heraldo, hace 50 años, exactamente el 26 de febrero de 1969, tras recoger la información exclusiva del semanario Vasconia Express, es decir, al poco de editar en enero de 1969 su último single, Lo que el viento se llevó/Tus ojos, publicó la noticia de la separación ya llevaban unos meses que no se dirigían la palabra. Los turbulentos, repetidos y consustanciales asuntos de los matrimonios musicales, sean en pareja o polígamos.

Mas para la historia del pop español quedaron aquellos seis singles y sus correspondientes doce canciones, un total de 38 minutos. ¿Óxido? ¿Nostalgia? ¿Senectud? ¿Antiguallas? No, fantásticas canciones, ‘cachitos’ sentimentales de una generación, cultura popular, arbotantes sólidos e inequívocos de una época y de la historia del pop español. Allá cada cual si corre o se queda pegado un rato a esta entrada de este blog misceláneo escuchando aquellas canciones de oro. ¿Quién las recuerda? ¿Cómo? ¿Por qué?

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