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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

¡Springsteen volverá a las grandes giras!

El autor de Born in The USA lo da a entender en una entrevista que publica Heraldo de Aragón en el suplemento XLSemanal.

Bruce Springsteen
Bruce Springsteen

Después de las especulaciones que se hicieron el año pasado sobre la posible retirada de Springsteen de los grandes escenarios, algunos, muchos, no sé, habrán fruncido el ceño e incluso se habrán llevado un disgusto al saber que el Boss sigue adelante; pero seguro, esto sí lo sé, que muchos otros, por lo declarado en la entrevista mundial para The Sunday Times Magazine que este pasado fin de semana se incluía en el suplemento XLSemanal que distribuye HERALDO, se habrán llevado un alegrón de gordo navideño.

Por las palabras deductivas del entrevistador –“es decir, salir de gira internacional con la E Street Band”- a raíz de la frase de Springsteen –“pronto voy a volver a mi trabajo de siempre”– y también por el colofón del mismo Springsteen –“nos esperan otros diez años de rock’n’roll, ¿para qué detenerse ahora?“-, se alimenta e incluso se certifica que este año se verá de nuevo al rocker americano con su troupe de lujo por medio mundo, y además con nuevo disco. Sus muchos incondicionales, entre los que me incluyo, hacemos palmas con las orejas.

No era lo que se esperaba a principios de 2018, según los runruneos que se masticaban entre especialistas, en su entorno e incluso entre alguno de sus propios músicos. En el HERALDO de papel, hace un año exacto, yo mismo especulaba haciéndome eco de estos rumores, muy ligados al enclaustramiento acústico-solitario de Springsteen en un pequeño teatro de Broadway, dando suelta a un espectáculo autobiográfico único, por su singularidad, en el mundo del rock. ¡Rumores al carajo! E incluso, si yo patiné al recoger estos rumores y sumarme a ese sentimiento de retirada, aquí está mi cogote: ¡colleja en toda regla! Pero bendita colleja, que va a permitir ver y escuchar de nuevo al autor de Born To Run en los grandes estadios y en esos kilométricos conciertos suyos. Casi nada. Y muy próximo ya a los 70 años.

La golosina se duplica estos días con el estreno en Netflix de una de las 236 noches que el cantante trabajó, sí, trabajó de verdad por vez primera en su vida a horario y días laborables de la semana, cual oficinista, durante casi dos horas y media, como él mismo subraya carcajeándose en este espectáculo. Lo digo alto y claro: un espectáculo tan insólito como emocionalmente potente. Sin el atrevimiento y la obscenidad del cómico Lenny Bruce, un ejercicio artístico a pecho descubierto, de una resistencia física y mental, de un aplomo en las largas parrafadas sobre su vida y la de los propios norteamericanos, que viene a corroborar una vez más sus dotes de story teller, de sus capacidades actorales, de infatigable entertainer que se echa a las espaldas un espectáculo guionizado en música y palabra, o sea, inventando un concierto teatralizado, que mantiene en vilo a la audiencia durante más de dos horas seguidas, sin pausas, sin señales de cansancio físico, sin trabucar una sola palabra, con una agudeza mental asombrosa. Increíble. Nadie en el mundo del rock ni de las artes había acometido una experiencia como esta: conjugar teatro, música y vida, personal y colectiva, inventando un nuevo formato de expresión artística. Ni nadie, creo, que sea capaz de hacerlo ahora ni en muchos años venideros. Tantos dones conjuntos no se posan en cabeza humana alguna con tal facilidad.

Los momentos en que histriónicamente se refiere a él mismo como un fraude –“escribí canciones sobre fábricas y nunca pisé una”-; o recuerda el rayo de luz que dividió el mundo, como él dice, cuando Elvis –sin mencionarlo- apareció en televisión; cuando verbaliza el recuerdo de la primera guitarra que de muy niño tuvo en sus manos, con no poco esfuerzo de su madre para pagarla, y que tuvo que devolverla por lo difícil que se le hacía manejar los trastes; o cuando narra el encargo que le hacía su madre para que, muy niño, sacara a su padre del bar; o cuando evoca su juventud y su aprendizaje en los lugares más inimaginables (autocines, supermercados, pizzerías, cafeterías, clubs de oficiales, boleras, parques de caravanas, pistas de patinaje, bares, bodas, ferias, carnavales, fiestas de instituto… y hasta hospitales psiquiátricos); o cuando huye de Freehold, es decir, de la nada; o cuando habla de sus amigos muertos en Vietnam; o cuando rememora a su amigo Clarence Clemons; o cuando, con su peculiar humor y mucha  emoción, con alguna lágrima reprimida incluida, se refiere a las obtusas relaciones que mantuvo con su padre y al amor y optimismo de su madre –“hablaba hasta con el palo de la escoba”-, el ying y el yang, que él mismo lleva pegado a la piel y que trasluce en su música, tan  depresiva como explosiva; o cuando junto a su mujer, Patti Scialfa, acomete dos duetos que remiten a la emoción de Mansion On The Hill en la gira del 99; o hasta cuando se despide del público, agradeciendo su presencia, con un Padre Nuestro, señal del catolicismo infantil que lleva aún metido en la mochila indespegable de su existencia, son memorables, momentos de una vida que se acoplan e incluso retratan la de muchos otros seres humanos en su lucha por la subsistencia.

Si a ello se añade lo sustancial de sus inmensas canciones, retocadas en los tempos y entonaciones, acompañadas solo de guitarra o piano e incluso volteándolas, como hace con Born In The USA, pasándola de arrollador himno de estadio a recogida plegaria bluesera con bottleneck, se tiene ante los oídos y la vista a ese coloso poliédrico del rock, colmado de dones naturales para la música, la escritura e incluso la poesía y la filosofía, para transitar por la vida en las mejores condiciones que un ser humano convertido en megaestrella puede hacerlo.

Algunos dirán que esto es un Cuentacuentos de tele predicador…, pues, no. Es verdad, esto no es un concierto, ni una obra de teatro, ni una película sin decorados, ni una biografía monologada, ni tan siquiera un documental existencial, es todo eso y más, esto es un electrizante escalofrío vital colectivo, el de la vida de un ciudadano norteamericano, pero también de cualquier otra parte del mundo, pues a fin de cuentas de lo que nos habla es de la familia, del trabajo, de los amigos, del amor…, de la vida y de la muerte. De la existencia, en definitiva, que todos debemos llenar con mejor o peor fortuna.  

Estaba escrito en su himno del 84: ¡No surrender! Ojalá pronto se le vea en la carretera (aunque algunos sigan en la berrea).

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