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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

La música de la Constitución

Los discos y artistas que se escuchaban hace 40 años en España y los festivales rockeros, previos al referéndum del 8 de diciembre de 1978, celebrados en Zaragoza.

Ejemplar de la Constitución Española de 1978 guardado en el Congreso de los Diputados.
Ejemplar de la Constitución Española de 1978 guardado en el Congreso de los Diputados.

Ni la Constitución ni posteriormente el PSOE trajeron el rock a España. Eso fue una cantilena difundida por determinados medios, algunos periodistas y muchos afines al socialismo para colgarse medallas de liberadores y modernos, especialmente desde que Tierno Galván soltó aquella inconsciente e inconsistente frase de ¡”rockeros, a colocarse y al loro!” en la fiesta de aniversario de Radio 3, que retransmitió el UHF, o ahora La 2. El viejo profesor, pobre, no tenía ni idea de qué era eso del rock y los rockeros (a Lennon lo llamaba Lenox).

El rock ya estaba con nosotros, al menos, con quienes nos gustaba el maravilloso estruendo de las guitarras y las baterías. Había entrado en España, por supuesto en los sesenta, con los Beatles y toda su estirpe, entre ellos los dorados conjuntos españoles, y en los setenta aún se hinchó más la difusión en la pacata España franquista. Era un fenómeno imparable al socaire del impacto mundial del género y hasta de un nuevo estilo de vida. De manera que fueron muchas las puertas por donde se coló el rock en España, puertas ajenas a la política y a los preceptos constitucionales.

Gay Mercader ya trajo a Barcelona en los primeros setenta a Zappa, Canned Heat, King Crimson, Emerson, Lake & Palmer y a una caterva más que ahora tendría que rebuscar en el viejo Disco Express para remover mis neuronas de la memoria. Aquí mismo, a Zaragoza, en 1974, llegó John Mayall al Polideportivo Salduba en un concierto memorable, abarrotado hasta los topes de gente, el primero de los grandes conciertos internacionales que tuvo lugar en la ciudad.

Pero estaba la radio. Radio 3 empezó a emitir en 1978, en la FM de Radio Zaragoza había un atrevido programa rockero que se llamaba Experimento 7, Cachi entró en acción en los primerísimos ochenta… Y estaban los medios generalistas, que en tiempos del hundimiento de los cantautores, tras la muerte del dictador, comenzaron a dar cancha al rock, caso de El País, Diario 16 e incluso este mismo periódico, de la mano modesta de este escriba. Pero estaba sobre todo la prensa especializada, con dos medios fundamentales, el Disco Express y Vibraciones. También, el recién nacido Popular 1 y otras publicaciones que languidecieron enseguida. Ah, incluso la misma TV española, con su montonada de programas musicales, contaba con ‘Beat Club’ y el gran Gonzalo García Pelayo al frente, y luego con ‘Popgrama’… Y no se olvide, claro, la efervescencia de las multinacionales discográficas, recuperando rodajas perdidas y editando las más nuevas.

Quiero decir con todo esto que había muchas, pero muchas, puertas de entrada del rock. No hizo falta la Constitución y sus aires de democracia y libertad, que bienvenida fue, obviamente, para introducir el rock y para que los españolitos pasáramos de repente del destete a la ‘marcha’, como se decía entonces. Así que la música que se escuchaba en España en aquellos días en que, tras hacerse el haraquiri en las Cortes los viejos próceres del franquismo, se aprobó la Constitución era de lo más variada.

Julio Iglesias, Rocío Jurado, la otra Rocío, la Dúrcal, Elsa Baeza, Camilo Sesto, Paloma San Basilio, Pablo Abraira, Angela Carrasco, Miguel Gallardo, María Jiménez… y la entonces naciente marea de ídolos plastificados para adolescentes, como Iván, Pedro Marín y Los Pecos, dominaban  intensivamente la radio, teledirigidos por los espantosos ‘40 Principales’, que aún siguen dando la tabarra, pero había otros portones por los que entraba el rock y que muchos cruzábamos con una cara de gozo así de grande.

En Zaragoza, sin ir más lejos, un mes antes de aprobarse la Constitución, unas tres mil personas, nos merendamos a temperatura matadora una maratón rockera hoy impensable, en día laborable, con un frío de mil pares y un sonido calamitoso. Actuaron Azahar, John Martyn, Champion, Moris, Teddy Bautista y Bloque, nombres que hoy no dirán nada a las generaciones jóvenes posteriores y no digamos a la actual, pero que entonces esataban muy reconocidos.

Y a tan solo una semana de que se aprobara la Constitución en referéndum, el teatro Fleta acogía otra ración rockera con una llamada ‘Rockangira-78’ que incluía en vivo y en directo a Asfalto, Salvador y Granada, otras tres piezas básicas del rock de la época en el que Tequila ya empezaba a tomar el mando para los próximos años: aquel 78 había publicado su primer álbum, el exitoso ‘Matricula de honor’. Ramoncín también había hecho su rompedora irrupción con el rombo en el ojo, simbolizando que este ya era otro país.

La música de la Constitución

Por supuesto, la llamarada de discos de pop y rock que llegaban al mercado español calentaba aquellos días inmediatamente previos a la Constitución. En las páginas de Heraldo, uno recogía las novedades más sobresalientes e incluso recomendaba algunas de ellas: Boys Of The Lough, Bert Jansch & John Renbourn, Santana, Joe Cocker, Blondie, Bob Marley, Devo, Robert Gordon, Manhattan Transfer, Navarro, Jerry Garcia, Bob Weir, Alan Stivell, Pure Prairie League, AC/DC, Deodato, U.K., Jefferson Airplane, Tom Petty & The Heartbreakers, The Kinks, National Health, Neil Young, Flaming Groovies, Wilko, The Radiators, Curtis Mayfield, Bowie, Vangelis, Little Feat… y una buena ristra más de nombres y discos de todo tipo, desde el folk al rock, el country, los sintetizadores, Canterbury o la new wave; una pequeña muestra de lo que se escuchaba en los días previos y coincidentes con la aprobación masiva –especialmente en Cataluña, ¡qué cosas!- de la Carta Magna, de aquella Constitución, ahora  sobada descerebradamente por algunos e incluso asaltada suciamente por otros, que tanta paz, conciliación y bienestar trajo a esta España ahora rufianesca y maltratada por una jarca de irresponsables, por decirlo de forma fina.  

Así estábamos musicalmente y políticamente hace 40 años: oyendo a Supertramp, Santana y a los Bee Gees y Travolta, con los tres discos más exitosos del 78, y a los mentados anteriormente en plenas vísperas de ir a las urnas a encender la luz verde de la libertad y la esperanza de que no acabásemos de nuevo a garrotazo limpio. Aunque ya hubo un ‘tejerazo’ que lo quiso estropear todo, confiemos en que los nuevos cenizos nos dejen tener la fiesta de la convivencia, la democracia y la libertad en paz. Y que siga fluyendo la música y el rock, aunque eso está también bastante crudo con toda la avalancha de vulgaridad y desinterés por los buenos discos que nos invade.

Como colofón, un LP, aunque se me duerma la parroquia, con el que unos cuantos locos disfrutábamos por aquellas fechas, y que unos días antes de la aprobación de la Constitución reseñé en el Heraldo, como he recogido más arriba. Felices y musicales 40 años constitucionales.


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