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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

¿El primer grupo español de rock? The Rocking Boys, sin duda

El cuarteto gaditano, con uno de sus miembros afincados en Zaragoza, empezó su andadura en 1956.

The Rocking Boys trasladaban su dinamismo juvenil y su adelantada vibración rocanrolera a las portadas de sus discos.
¿El primer grupo español de rock? The Rocking Boys, sin duda
Archivo Matías Uribe

La pregunta del titular es adecuada. Y la respuesta, no solo eso, sino conveniente,  justa y fundamentada. Veamos. Los Estudiantes, que figuran a la cabeza de los pioneros del rock’n’roll español, iniciaron su camino en 1957, con Pepe Barranco formando dúo junto a José Fábregas y todavía sin aquel nombre; Los Pájaros Locos, de Barcelona, que también figuran en el santoral, empezaron en 1958, en tanto que los valencianos Los Milos, en los que ya despuntaba Bruno Lomas, lo hicieron en el 60; y hasta una adorable chica de familia bien, Mimo y sus Jumps, siguiendo los pasos de Brenda Lee, empezó a rasguear la guitarra en 1958…

Pues bien, por delante de todos ellos, amanecieron antes los gaditanos The Rocking Boys. Su partida de nacimiento lo dice claramente: a finales de 1956 ya estaban en acción y en 1957, de  una actuación de Los Piratas, en Radio Juventud de La Línea, nacieron como conjunto, como se decía entonces, tocando rock’n’roll primigenio en festivales, actuaciones en la radio, fiestas comarcales, en la Base americana de Rota o en bodas, si era necesario. Ellos, y no los mentados anteriormente, son los primeros que abrieron las compuertas al nuevo ritmo aunque, cierto, desde un rincón olvidado de la España periférica, ignorada en cuestiones musicales. No hay mayor signo de precocidad rocanrolera en este país que el de los linenses. Su fundador, Carlos Jaime Gómez, quien ya en el 56 atacaba con destreza el ‘Rock Around The Clock’, de Bill Halley, es, sin duda, el músico pionero y, con sus 78 años, el más  veterano del rock español. Vive, por cierto, con nosotros, en Zaragoza, y para fortuna de mi amistad con él, desde mediados de los años 70.

¿El primer grupo español de rock? The Rocking Boys, sin duda

Todo ello queda bien fundamentado en un recientísimo libro escrito por el también linense Miguel Ángel Del Manzano, cerca de 300 páginas de datos directos y un desbordante material gráfico de la larga existencia del grupo, desde el mismo año 1957 a 1970 en que finalizaron su carrera, e incluso fotos actuales. He tenido el gusto y el honor de prologar este libro y, con ello, afianzar el papel pionero de este fantástico grupo, romper el mito de los pioneros del primer rock’n’roll español y a la vez  responder a la pregunta que cualquiera, al hilo de estas líneas, pueda hacerse de inmediato: ¿cómo fue posible la irrupción de un grupo tan adelantado y tan rocanrolero en un lugar tan impropio como La Línea, alejado de los “centros de poder musicales” del país, o sea, Madrid y Barcelona?

¿Lugar impropio? Aparentemente. Como lo podía ser, en principio, cualquier otro municipio perdido en la geografía española. Pero con fundamento, que diría el famoso cocinero.  Y es que, en efecto, reitero la pregunta: ¿cómo fue posible que desde la España profunda del sur, a varios centenares de kilómetros de los centros de decisión, del cogollo de la industria musical y discográfica, cuatro pimpollos adolescentes se erigieran en adalides de la implantación de aquellos nuevos ritmos y, por tanto, de la apertura de una nueva época juvenil? La respuesta no es genética, ya digo, sino geográfica: el nacimiento o afincamiento de todos ellos en un lugar crucial para quemarse la piel y los oídos con aquellos flamígeros sonidos que soplaban desde Estados Unidos en los años 50, es decir, en La Línea de la Concepción, o lo que es lo mismo, a tiro de onda de la BBC, Radio Gibraltar y Radio Tánger y a pocos kilómetros de las Bases militares americanas de Rota y Morón.

Imposible, como ocurrió en Zaragoza, no sustraerse a los efectos musicalmente radioactivos de aquellos centros irradiadores: los jóvenes Rocking compraban los discos más nuevos del momento en Gibraltar, escuchaban a través de su emisora los éxitos de fuera mucho antes de que llegaran, si es que llegaban, a las emisoras nacionales; el cosmopolitismo de Tánger y su radio llegaba nítidamente a La Línea, y ya puestos en circulación, allí estaban las cercanas Bases americanas para escudillarse en los nuevos ritmos, aprehender e impregnarse en aquel sonido diabólico. Un privilegio que explica su papel de adelantados del primer rock’n’roll español. También, que pronto saliesen de la Línea y se instalasen en Madrid, donde pronto, aunque no sin penurias, se abriesen camino profesional.

Un dato revelador al respecto de su precocidad: cuando los artistas aficionados más nuevos y aún desconocidos, por ejemplo, Mike Ríos, Pekenikes, Relámpagos, Micky o los mismos Estudiantes, que figuran en el baldaquín rocanrolero como sus pioneros, agitaban las caderas en las famosas matinales del Price, allá por el año 62, ellos, los Rocking, ya ejercían como “conjunto profesional” de rock’n’roll en afamadas salas madrileñas de la época; Fantoria, entre ellas, pero especialmente  Casablanca, el pomposo local ubicado justamente enfrente del Price. Luego, harían una larga turné por los diversos clubs juveniles de la acreditada cadena Consulado.

¿El primer grupo español de rock? The Rocking Boys, sin duda

No les faltaban pues motivos para mirar por encima del hombro a aquellos pipiolos del famoso circo, en el que ellos nunca intervinieron por su ya acreditada profesionalidad. Y es que los linenses habían velado armas en garitos y festivales que no constan en la mítica rocanrolera, como la del Price, pero sí en la ignara pero básica de eventos como el Primer Certamen Internacional de Conjuntos Musicales que, en 1961, organizó el diario Madrid en el Palacio de los Deportes, con fase final ni más ni menos que en el Teatro de la Zarzuela, y en el que alcanzaron el segundo premio. Aquel fue un certamen básico en la explosión del rock’n’roll en España, con gran eco en la prensa del momento pero con un extraño silencio en publicaciones e incluso investigaciones posteriores. Lagunas de este país tan desmemoriado en los orígenes de nuestros primeros grupos y solistas rocanroleros.

¿El primer grupo español de rock? The Rocking Boys, sin duda

Al respecto, no puedo sisar a mi mente y a los aficionados al rock’n’roll –para ello publiqué un grueso libro en 2016- el caso zaragozano, el desconocimiento que existe de los rockers zaragozanos de la época: Rocky Kan, Chico Valento, Baby, Nelo y Gavy Sander’s, todos ellos coetáneos de los Rocking Boys, pioneros e insolentemente ignorados por investigadores y gurús del periodismo musical español. En cierto modo, Zaragoza y La Línea son ciudades simétricas, hermanadas musicalmente por el influjo norteamericano de las Bases y sus pioneros del rock’n’roll.

Pues allí, en aquel mentado concurso madrileño, alcanzaron los Rocking su punto de cocción perfecto para llegar a las grandes salas y a las discográficas, con lo difícil que entonces era grabar un disco. El sello catalán Belter, el más activo y se diría que famoso de los sesenta, les echó el guante. En ellos encontró filón, y vaya si los exprimió: ¡hasta seis EP’s les hizo grabar en aquel primer año 1962 de grabaciones! No es necesario haber sido testigo privilegiado, aunque ojalá, de aquellas primeras actuaciones en La Línea y en las salas madrileñas para comprobar que habían aprendido rápido y bien. Su discografía completa, muy difícil de rastrear en sus ediciones originales, pero  recuperada en diversas ediciones de los 80 y los 90, especialmente los cinco volúmenes en LP de vinilo del sello Club de Amigos del Disco Antiguo, del histórico y batallador José Luis Álvarez, y la edición en doble CD del sello Rama Lama, amén de youTube, muestran las hechuras del conjunto, su solvencia, su perfecta asunción del espíritu vibrante, festivo y liberador del rock’n’roll y el twist.

Esencialmente, los primeros EP’s, los del 62-63, son casi todos un portento de rock’n’roll y twist fantásticamente ejecutado, con ritmo, con unas voces, la de Agustín Martínez y la de Ricardo Oliveira, especialmente dotadas para la interpretación rocanrolera, y con un punto de esencialidad y color que ponía Carlos Jaime Gómez con sus demoledores ataques al saxo, algo inusual en aquellos primeros compases del rock’n’roll español. ‘Twist sensacional’, ‘El twist del reloj’, ‘Twist, twist’, ‘Alright, Okay’, ‘Con tu amor’, ‘Imán’, el brutal ataque de batería y saxo con que emprendieron adelantadamente, en 1963, la versión del ‘Wipe Out’ de The Surfaris…, por no alargar en exceso la hilera de grandes hitos musicales que sellaron, son sus números más relevantes, si bien, y como era preceptivo en la época, por imposición imperativa y se diría que dictatorial de las discográficas, a lo largo de sus casi diez años de grabaciones tuvieron que hincar la rodilla en terrenos más pantanosos, llenos de barro comercial y piezas poco edificantes, aunque hoy entrañables.

Sirva pues este libro de Manzano no solo de orgullo y revisión del pasado sino también, y de forma sustancial, para mirar atrás con perspectiva histórica y poner las cosas en su sitio, es decir, para proclamar alto y claro que los Rocking Boys fueron los primeros en poner la primera piedra del rock’n’roll en España y, por tanto, aunque ellos naturalmente no fueran conscientes, porque el futuro puede ser intuíble pero no adivinable, los primeros en este país en llamar a la primera revolución juvenil que conoció el mundo en los años cincuenta, con todo lo que ello supuso para el futuro y en consecuencia, como diría Nietzsche, para el dictado de nuestras leyes y costumbres de actualidad. No es poco mérito, sino algo trascendental.

¿El primer grupo español de rock? The Rocking Boys, sin duda

“Eh, Rocky, ¿os va bien este ritmo del twist? Síiii… Entonces, empezamos. ¡Claroooo! Si quieres lo dejamos… ¿Quéeee? ¿Dejarlo? ¡Noooo!”. Este eufórico diálogo coral era el que, en 1962, abría ‘Twist sensacional’ y también el primer EP de los Rocking. No, no era una simple invitación a bailar un ritmo triunfante mundialmente en aquel momento, como lo hacía el twist, gracias al grandullón Chubby Checker, era subliminalmente, por muy poco que entonces pudiera imaginarse y sin que ni tan  siquiera sus protagonistas fueran conscientes de la revolución que emprendían en aquella España de usos y costumbres constreñidos y de músicas añosas, algo más: la pasarela de  entrada a una nueva sociedad, a un país diferente liderado por los jóvenes, un parteaguas entre el peso de hierro de la posguerra y la liberación juvenil de los sesenta.

Los Rocking Boys estuvieron allí, en aquel sano y radical cambio de piel hispana. No solo como testigos sino ejerciendo de protagonistas sustanciales de transformación tan revolucionaria, tan impactante en el futuro. Solo por ello merecen figurar con letras de oro, no solo en la historia de la música popular española, sino en la misma historia social y hasta política del país, en los manuales universitarios o en las publicaciones de los sesudos cronistas académicos. Porque la historia no se hace solo desde los palacios y los centros neurálgicos del poder, sino también desde abajo, desde la calle, desde la individualidad o la pequeña colectividad, centrifugando ideas y logros en su hábitats más cercanos y luego creciendo sobre el humus de la sociedad como voraces plantas trepadoras. Y en este aspecto, aunque todavía no esté suficientemente valorado, la música pop ha ejercido un papel vital en la evolución social y cultural del mundo, no digamos en aquella difícil y atrasada España de los sesenta.

Libros, por tanto, aunque modestos, como el de Miguel Ángel del Manzano, sirven al menos para recolocar la historia en su sitio, para romper el ombliguismo madrileño de sus periodistas jacobinos, miopes, perezosos en la investigación, y sobre todo para reconocer a un gran grupo de chavales que se partieron el pecho por el rock’n’roll y sin los que, como ellos y tantos más, ni ayer ni hoy seguramente habría existido el maravilloso ruido de las guitarras eléctricas y todo lo que ello supuso en la transformación de la vida y la cultura juvenil posterior de este país. Mucho mérito.

(Como sé que es difícil localizar el libro fuera del ámbito linense, me tomo la licencia de apuntar aquí el correo electrónico de su autor  por si alguien tiene interés en descubrir a los grandes Rocking Boys: migueldelmanzano@yahoo.com. El libro, por cierto, incluye un CD con  20 de las 64 canciones que el conjunto grabó).

Y como traca final, su vibrante versión del ‘Wipe Out’, aunque lástima que tenga tan mal sonido al estar tomada al aire.

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