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¡Viva Ejea! ¡Viva Tako!

Matías Uribe Actualizada 24/05/2018 a las 05:19
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Tako



“Salud y mucho rock” es la frase con la que los cinco Tako, con sus firmas correspondientes, me dedican amablemente su último disco. Un honor, y sobre todo un cromo de lujo de la 'resiliencia' y los muchos años compartiendo música y vivencia con estos Tako de 'hierro negro', como titulan una de las canciones de este nuevo disco.

Símbolo inequívoco y ya indestructible de cómo una música antaño, a priori, pasajera y hasta fútil como el rock urbano, callejero, duro, o como cada cual lo quiera llamar, envejece con una dignidad que contraviene los principios biológicos y no digamos artísticos. Estamos ante el grupo aragonés activo más longevo y más fértil discográficamente: 33 años y 18 álbumes. Está todo dicho.

Es laborioso expurgar la hemeroteca en busca de los principios, para recordar la primera vez que me topé con ellos, con su música, sus actuaciones y con un casete delante para recoger sus palabras, pero en mi cerebro me veo entrevistándoles y siguiendo sus pasos prácticamente desde el principio, desde aquel sorprendente disco del 85, 'Me lo acabo de inventar', completamente sufragado por ellos mismos en un adelantado ejercicio de indie discográfico que luego fue norma.

Después vino su fructífera etapa con Grabaciones Interferencias, su paso a Ariola en aquella edad de oro del rock aragonés de primeros de los 90 en que las multinacionales, tras el cebo Héroes, andaban como locas tras todo lo que oliera a 'maño power'…, su larga estancia en el sello catalán AZ Records y luego su no menos larga y todavía perdurable travesía autogestionaria que tantos y tantos discos ha producido y tan buenos momentos ha dado al rock aragonés y por extensión al nacional.

Lo mejor de Tako, aunque parezca mentira, es su elegancia. Sí, dentro de un estilo lleno de músicos brutotes, de canciones con los colmillos afilados, de estética fiera, ellos han mantenido una figura dura, como corresponde a la misma idiosincrasia del hábitat en el que viven, pero de una forma depurada, cuidada, sin excesos gratuitos. Igual ni ellos mismos se han dado cuenta de este detalle, porque me temo que nada en ellos es artificioso ni buscado, sino muy natural, sin imposturas, como corresponde a gente llana de pueblo, sin poses ni recovecos, pero ahí están las canciones y su misma forma de ser para mostrar esa elegancia de brillante acero.

Esto les ha distinguido de todos sus iguales, de la patrulla de rockeros desmelenados tipo Barricada, Los Suaves, Reincidentes, Marea… Y ello ha sido, sobre todo, el detonante de una serie de canciones que bajo su barniz de dureza esconden una sutileza melódica inapelable y encomiable. Partiendo de aquella perenne 'A las puertas del deseo' a la más reciente 'Niebla', o a la misma que da título a su nuevo disco', la hilera de canciones de 'sutil dureza' de Tako es muy larga.

Son las dos canciones nombradas las que ponen el punto diferencial de este nuevo disco con lo que hay detrás. 'Niebla' nace solo del humus de unas guitarras acústicas y eléctricas, sin batería, sin bajo, sin aparato, en tanto que 'Hilo de cobre', con reminiscencias latinas y una deliciosa incrustación de trompeta, pone al descubierto la sensibilidad de los ejeanos para hilar fino en los medios tiempos. La carne cruda, o siguiendo su cancionero, la 'sopa de perro' doberman la sirve la pieza que abre: el rock más desaforado pero contenido que nunca, creo, le he oído a Tako, una lección de sabiduría rockera, que con su dureza y trepidación medida y controlada, y muy bien cantada, le aleja del garrotazo y tentetieso tan reiterado en el heavy metal. Lo mismo que la pegadiza 'Hierro negro'.
No es cuestión de dar la tabarra y desmenuzar el disco de arriba abajo, pero no puedo dejar de destacar otra de las piezas bandera del álbum, 'La flor de la sinceridad', en órbita lourediana, Burning, Springsteen, Dylan, Tom Petty y todo ese rock americano melódico excelsamente construido. Y por supuesto, siempre con ese fondo literario en las letras, comprometidas, poéticas, cercanas al mundo de hoy y de la gente corriente, aquí desde el mundo LGTB a la necesidad del individuo para centrar neuronas o su propia pelea por la supervivencia.

Vuelvo a su amable dedicatoria. 'Salud': no mucha pero 'resiliente'; y 'mucho rock': sin duda, siempre. Es lo más y mejor que hay en esta nueva obra de los de Ejea, de nuevo con una limpieza de sonido inmaculada, y con la voz de Mariano en plena forma de entonación, cuerpo y dicción. No me atrevería a calificarlo como 'su mejor disco', porque eso es difícil de medir, y allí quedó no hace mucho 'Las campanas de la vergüenza', pero por ahí está. ¡Viva Ejea! ¡Viva Tako!





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