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Nat Simons, vaquera española, ¿síntoma del colapso del pop actual o nueva revelación?

Matías Uribe Actualizada 12/04/2018 a las 04:56
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Nat-Simons



El disco es bonito, confortable, bucólico, de raíces plenamente americanas. Y con una hermosa voz femenina: una chica de 32 años, pese a lo que pueda pensarse de inmediato, por aquello de cantar en exclusiva en un buen inglés, de Madrid, con nombre y apellidos bien españoles: Natalia García Poza. Pero, ya se sabe, adoptar nombre de guerra sajón, y más haciendo la música que hace, folk-rock-country (o esa etiqueta chorras de las últimas décadas, 'americana'), parece que da más caché. De ahí, y al hilo de los dibujos de 'Simons' Cat, lo de Nat Simons.

El disco se titula 'Lights' y acaba de ver la luz. Es el segundo de la madrileña. Antes, en 2013, publicó 'Home On High', trece canciones folkies con poso en el Dylan country del 'Nashville Skyline' y en sus cuatro primeros álbumes acústicos. No en vano, era, y es, una devota del bardo de Minnesota.

Un disco muy agradable (aquel primero), pero muy seco y hasta áspero en comparación con este segundo en el que se ha transformado en una vaquera americana de pura cepa. La culpa de ello la ha tenido su devoción por lo que hace y le apasiona, pero también por su cruce con Gary Louris, el líder de Jayhawks, que al verla cantar como telonera de su grupo en la sala Barts de Barcelona se ofreció a producirle el disco. Y no solo eso, a llevársela a los USA a grabarlo con músicos americanos.

Y vaya traje a medida y más vistoso que le ha hecho Louris para su voz y sus devociones, para espantar cualquier señal sonora hispana y darle pasaporte musical netamente americano, con tallaje sonoro evocador de glorias femeninas autóctonas del género como Linda Rondstadt, Rosanne Cash, Lucinda Williams, Patsy Cline, Carlene Carter, Emmylou Harris…. Bien es cierto que, como ella no pretende ni considera que lo suyo sea un revival sin más, hay apelaciones más modernas a gente del tipo Neko Case, Israel Nash, Brandi Carlile, Nikki Lane, Ryan Adams… y hasta Wilco y a lo lejos, y ya más clásico, a Tom Petty. Un lado eléctrico más que evidente y que a ella también le encanta.

Con todo ello, y especialmente con el vuelco que le ha dado Gary Louris, ya digo, esta madrileña de corazón americano, ha hilado un satinado y atemporal disco de country-folk-rock, muy agradable, terso y cuidado, muy genuino. La contrapartida es si esto es lo que demandan los tiempos actuales, si no es un síntoma del colapso de pop español más nuevo, y se diría que del internacional, que se repiten fórmulas y esquemas viejos, que no hay ideas nuevas, que no salen grupos con nuevas propuestas rompedoras o al menos no tan hiladas con el pasado... y me da que muchas de estas conjeturas se escapan de la figuración para bajar a la realidad, que este es el panorama y no hay más.

No faltará incluso el entrecejo subido de la vieja guardia: ¿para qué recurrir a la copia, por muy joven que sea, si ya tenemos el original, mil veces pasado por el tocata, aprendido de memoria? Más específico aún: ¿para qué Nat Simons si ya tenemos a Neil Young, Flying Burrito Brothers, Byrds, Gram Parsons, Emmylou Harris, Steve Nicks o Linda Rondstadt? Gran y constante dilema en las últimas décadas. O sencillo. Allá cada cual con sus ataduras al pasado o sus modernidades.

Eso sí, los discos son eternos; las figuras, no. Por lo que los escenarios son la plataforma obligada para mantener viva la llama de los ancestros y que la gente más joven los conozca. También el recurso obligado para llenar carteles de los muchos festivales de hoy. De ahí, por lo menos, la necesidad de artistas como Nat Simons, quién sabe si una nueva revelación.





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