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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

María José Hernández juega y vuelve a ganar

María José Hernández
María José Hernández

Es María José Hernández un pozo sin fondo de sensibilidad y buen gusto para cantar y componer, la voz femenina más dulce y pura de la música aragonesa, con permiso de Eva Amaral. Lleva tres décadas en liza, navegando valerosamente por libre en el proceloso mar de la música popular y, tras su delicado trabajo con las canciones de Labordeta ('Las uvas dulces'/2014) o esa jugosa actualización del pasado sefardí y diversos cantos medievales ('Vivere memento'/2015), ha traído un nuevo disco, 'Cartas sobre la mesa', que de nuevo vuelve a echar al pozo unas cuantas fanegas más de esa sensibilidad y maravilloso gusto que María José posee a la hora de cantar, componer y escribir versos.

Para la ocasión, rodeada de un cuarteto –Sergio Marqueta (teclados), Dani Escolano (contrabajo), Dani Blesa (batería) y Fernando Girón (guitarras) más la colaboración de Guigher, que también coproduce, en las programaciones- tan sobrio como limpio que sirve a la cantante zaragozana unos arreglos satinados, hermosos, a veces tan desnudos que se quedan en solo un piano o una guitarra acústica.

Una nueva forma de afrontar sus canciones y un disco que enlaza con los anteriores por, obviamente, la dulzura vocal pero que pone distancia con ellos precisamente por esos arreglos y por los nuevos territorios que ella y sus músicos exploran muy sutilmente y de forma más sugerida que explícita: el del funk ('Poderosa imaginación'), el swing ('Saltando sin red'), el trip-hop ('Nada es lo que parece'), la maravillosa balada pop a pleno pulmón, quizá la mejor del disco ('Cartas sobre la mesa')..., e incluso el del lujoso mundo instrumental de Steely Dan ('Cinco sentidos').

El resultado de la aventura por los mares de la creación, o como ella canta en 'Siento', de su juego con las musas caprichosas revoloteando por sus sienes, es un bello caleidoscopio sonoro que quizá pierda colores en la desnudez de las dos últimas piezas, aunque no ese latido emocional y poético, sensual en ocasiones (aquí,'Aniversario' y 'Cinco sentidos'), que siempre le pone María José a sus canciones.

Hace unas semanas, no tenía servidor el más mínimo rubor en denunciar el bajo estado de forma en que, en general, se encuentra la música aragonesa actual, comparada con otras etapas anteriores, pero afortunadamente siempre, junto a las estimulantes nuevas apariciones, nos queda el valor seguro de la veteranía y la consolidación de artistas como María José Hernández.

Ella puede hacer un disco de una manera u otra, con unos arreglos de una forma u otra, con enfoques estilísticos lejanos, con una brevedad extrema, cual es el caso de este reciente, pero ahí está siempre su dulzura en el canto, sus cuidadísimos versos, su magnética voz de seda, su sinceridad como creadora, sin dejarse tentar por infamantes demonios comerciales. Eso nunca falla.

María José juega sin cartas marcadas, lo hace con la verdad de su talento y de su actitud artística 'sobre la mesa'. Y, de nuevo, vuelve a ganar. Ojalá siga sentada ante la mesa de juego durante mucho tiempo, aunque el mundo pop nacional le siga negando la visibilidad que justamente se merece.

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