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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Quince días en el hospital, Jonathan Richman & The Modern Lovers

Tan cercanos y lamentablemente tan familiares a muchos enfermos, es lógico que el pop y el rock contengan alusiones a los hospitales, cuando no canciones enteras dedicadas a ellos. Counting Crows, Alaska y Los Pegamoides, Lorde, Los Petinelles, Fito y los Fitipaldis… o Jonathan Richman & The Modern Lovers han dedicado renglones musicales a tan necesarias pero odiosas residencias.

Personalmente me quedo con Jonathan Richman. No porque su 'Hospital', una canción tristona y en línea con 'Pale Blue Eyes', de su admirada Velvet Underground, sea la más enjundiosa sino porque, en lo personal, es un tipo que, desde que lo conocí directamente, me sigue produciendo en el cerebro chirivitas de humor y sorpresa. Sus primeros discos, con la dinámica 'Roadrunner' a la cabeza, llegaron a España tarde pero hicieron mella en la audiencia más inquieta. Así que cuando el mismo Richman con sus Lovers vino a Zaragoza por vez primera, en febrero del 88, la sala En Bruto alcanzó uno de sus mejores registros de público.

Tras disfrutar del minimalismo pop del bostoniano en el escenario, lo más sorprendente y humorado vino después, cuando accedió a que le entrevistara mientras daba cuenta de una crepe en una pizzería cercana a En Bruto. Me hizo un examen exhaustivo de quién era yo y para qué clase de medio trabajaba. Dada la información pertinente, me dijo que no solía conceder entrevistas, sobre a todo a medios especializados como el New Musical Express, “que han escrito sobre mí muchas historias ficticias que luego tengo que desmentir”. También me advirtió que no hablaba con periodistas menores de 25 años, “porque son a menudo muchachos envidiosos de los músicos”, pero en mi caso accedía porque pertenecía a un diario generalista, “que aunque a veces cometen errores, por lo menos contratan a gente profesional, antes que a adolescentes con chaquetas de cuero, complexión débil y máquinas de escribir”. Uhmmm ¡Toda una clase de periodismo muy sui generis en varios minutos!

Y tras lo cual, no cesaron las sorpresas, si no las extravagancias, aunque, eso sí, siempre con una sonrisa llena de afabilidad, lo que fue el motivo básico para que yo persistiera en mi empeño en entrevistarle, antes que mandarle a freír espárragos, si de un hueso o un impertinente endiosado se hubiera tratado (en alguna ocasión, por cierto, no he tenido más remedio que hacerlo). Descalzo, mostrando sus nudillos rudos y su tez curtida de agricultor californiano de las montañas, donde vivía, sin perder tajo de la crepe y prácticamente mudo, me impidió darle al 'rec' de la grabadora y en su lugar agarró un puñado de servilletas en las que fue anotando lo que le parecía, viniera a cuento de mi pregunta o no. Una vez terminada la entrevista, releyó lo que había escrito y entonces me autorizó a publicar sus 'reflexiones servilleteras'. Aún las guardo. Jamás me topé con surrealismo mayor, pero simpático.

No es cuestión de pormenorizar, pero entre otras cosas, después de negarse a firmar la hoja de autores, “porque falsean y yo no establezco listas de canciones”, aunque luego rectificó, me confesó que sentía especial devoción por Van Gogh y Goya –“¡condenado, cómo pintaba!”- aunque en su devocionario mayor figuraba en cabecera, obvio, la Velvet, grupo al que había llegado a ver en ¡70 ocasiones! y que en realidad fue el resorte que le impulsó a hacerse músico.

¿Y todo esto? Ya digo, por 'Hospital', canción del bostoniano, grabada en 1972 aunque publicada en 1976, dentro del primer álbum de The Modern Lovers, bajo la dirección de John Cale, y luego reabsorbida en discos y directos, que me ha tintineado estos días de encierro en el Servet de Zaragoza... Sí, ya sé que este no es un blog de confidencias personales, pero por los amigos a los que hace tiempo que no veo y por algunos lectores que me siguen desde hace tiempo, rompo normas y me tomo la licencia de revelar que durante quince días he estado recluido en el gran hospital zaragozano. Una operación de urgencia por oclusión intestinal ha sido la culpable de la reclusión…

¿Reclusión? Sí, claro. Y obligada. Pero muy asumible gracias al trato humano y profesional que he recibido por parte de todo el colectivo sanitario de la planta de Cirugía, desde el personal de limpieza a los médicos, desde el primer al último eslabón. No, por ser vos quien sois, que uno no es nada, claro, sino porque es norma de la casa. Lo cual es encomiable. Toda esta gente, ante la adversidad, como dice la hermosísima canción de Simon & Garfunkel, 'Bridge Over Troubled Water', ha sido mi puente de salvación para atravesar con más garantías el torrente de aguas bravas de la enfermedad. Que la Seguridad Social en España es el-gran-tesoro a preservar y mimar, lo demuestran profesionales como estos.

Entretanto, claro, he estado alejado del blog. Me quedé anclado en la última entrada de The Cavern, que tampoco hubiera estado mal, pero ahora ya es tiempo de retomar de nuevo la actividad en la medida que se pueda. Lo primero que he hecho ha sido leer los comentarios, siempre muy bien recibidos mientras no se recurra al insulto o a la puya personal, aunque a veces se produzcan desbarres un tanto extraños como los que ha dejado Suso en estos días de ausencia mía. Le daré réplica en la entrada correspondiente, donde tanto Brand Old Sound como Woodyalle se la han dado atinadamente, mas quiero dejar constancia aquí de mi perplejidad ante pensamientos tan pétreos en estos tiempos, máxime en un campo tan elástico y amplio como el de la música, donde el disfrute se puede encontrar en géneros tan dispares como la zarzuela, la música clásica, la ópera, el pop, el rock, el jazz, el blues, el folk, la psicodelia, la electrónica alemana, los cantautores urbanos, la experimentación…, por citar solo algunos de los géneros globales que rigen mis gustos y preferencias.

Pero, en fin, c'est la vie, que cantaba Chuck Berry y tantos otros. Nos vemos. Y, como colofón, unas piezas del simpático Jonathan Richman, presente en mi cerebro en estos quince días hospitalarios.

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