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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

'Amaralazo'

Ayer salió el esperado nuevo disco en el mundo amaraliano, 'Nocturnal'. Lo recibí en Heraldo con cinco estrellas en el nuevo formato que estreno en mis colaboraciones con el diario. De acuerdo con los responsables pertinentes, he decidido suspender la página de discos de los sábados, página en apariencia sencilla pero de difícil elaboración, y centrarme más en la crítica de discos relevantes y profundizar en artistas y hechos con textos más extensos. Todo ello, una vez que salga de ese laborioso enredo en que me metí hace seis meses con la confección de un libro sobre los sesenta zaragozanos, que ya está a punto de su término.

Reproduzco a continuación la crítica amaraliana e invito a la vez a los devotos (y no devotos) a hacer un ejercicio periodístico y musical: escribir su propia crítica. No sé si habrá por ahí algún o alguna valiente, pero puede resultar interesante. Animo pues a ello. Eso sí, como mandan los santos cánones del papel, sometidos a los rígidos parámetros del espacio, en este caso, 2.800 caracteres, ni uno más ni uno menos. También aprovecho para colgar la entrevista que el domingo pasado hice al dúo en el periódico y que luego completé en el blog en la anterior entrada. Entiendo que hay aficionados que siguen la sección The Amarals pero que, por vivir a muchos kilómetros de Zaragoza, les  resulta complicado conseguir el diario. Para ellos va. Basta con pinchar en página uno y página dos para acceder a la entrevista. Que la disfruten.

Y aquí la crítica, con el título de 'Amaralazo':

La columna sonora permanece incólume, robusta e inequívoca. Pero poniendo en práctica la capacidad evolutiva que a todo grupo inteligente se le supone, Amaral ha dado un paso adelante en la composición y envoltura de sus melodías. Hay quiebros de ritmos sorprendentes, como en la canción que abre, 'Llévame muy lejos', donde, tras un largo tránsito de aceleración y guitarras furiosas, el tempo se aplana y la misma melodía se serena como un atardecer otoñal. Recuerda en concepto a aquella 'Herida' de Héroes, si bien allí la idea de ruptura era a la inversa: lentitud-aceleración. Dos canciones en una.

Se suelta la melena el dúo incluso metiéndose en aguas electrónicas al abordar 'Noche de cuchillos', como se la soltó cuando a 'Estrella de mar' la envolvió en ritmo house, pero donde reluce la novedad mayor es en los decorados de las canciones, acudiendo para ello a una panoplia magnífica de instrumentos, que en algunos de ellos como el moog resulta totalmente novedosa en el mundo amaraliano. Como también lo es la sonoridad del bajo, resonante con una robustez y una expansividad en las frecuencias más bajas casi peligrosa para los 'subwoofers' de equipos sensibles de alta fidelidad (a quien suscribe le ha liquidado uno de ellos).

El moog da lugar a una intro en 'Unas veces se gana y otras se pierde' que es invención nueva en ellos aunque no para los viejos amantes del llamado 'rock cósmico alemán': hay trazas inequívocas de Tangerine Dream. Guitarras de todas las especialidades, incluidos ecos valdivianos y de The Cure, mandolinas, cuerdas, piano y todo tipo de detalles y planos sonoros, en una labor imperceptible para oyentes distraídos pero muy laboriosa, completan este rico decorado de ritmos y ornatos, enhebrados de nuevo por la poderosa y sutil voz de Eva, ahora más enfatizada en los registros graves, y cuyo resultado final son unas fantásticas canciones llenas de poesía y musicalidad en convivencia con otras más ligeras, casi para pista de baile ochentera ('Cazador') o la mentada 'Noche de cuchillos'.

Joyas como 'Ciudad maldita', 'Nadie nos recordará' o ese apunte de folk-rock británico de los 70 (Fairport, Incredible String Band) que es 'La niebla' configuran la triada sensible de este disco variado y consistente, al que, si acaso, solo le sobra alguna batería. Un disco que va a dar nuevas noches de gloria al dúo zaragozano. O dicho coloquialmente: 'amaralazo' a la vista.

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