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“¿Es peligroso viajar a Grecia?”

Gervasio Sánchez 27/08/2015 a las 13:39
Teatro e Epidauro

VIAJE EN COCHE DESDE ZARAGOZA A GRECIA ATRAVESANDO LOS BALCANES (18)

Esparta (Grecia)

El teatro de Epidauro es espectacular desde el asiento más elevado hasta el centro del escenario. He visto algunas fotografías aéreas que potencia aún más su majestuosidad. Su acústica es perfecta. El más mínimo ruido desde la orquesta, incluido el del papel o el de una moneda golpeando contra el suelo, se escucha con claridad desde cada una de las 12.300 localidades. Hoy se utiliza para las representaciones de un festival anual.

Teatro de Epidauro. Fotografía de Gervasio Sánchez

Me acerco a la bellísima costa de esta zona del Peloponeso. Playa Epidauro está enclavada en un paisaje de ensueño. Hay hoteles en primera línea de mar. Bajas las escaleras, caminas tres metros y te metes en el agua. Pero están vacíos.

El dueño del hotel que he elegido me cuenta que sólo cuatro de sus treinta habitaciones están ocupadas. “No sabemos qué va a pasar mañana aunque me temo que tendremos que cerrar en septiembre”, dice con lágrimas en los ojos. “Hace cinco años este hotel estaba valorado en cinco millones de euros. Llenábamos todos los días desde abril a octubre. Hoy dudo que su precio llegue a un millón. Es el desastre total”, continúa.

Playa Epidauro estaba llena de alemanes, franceses y de otras nacionalidades europeas. No cabía un alfiler en verano. Los coches se amontonaban en sus estrechas calles y las pequeñas playas estaban abarrotadas.

Playa Epidauro. Fotografía de Gervasio Sánchez

Después de un baño me acerco a cenar a un chiringuito a pocos metros de la playa. Un lugar ideal para ver la puesta de sol mientras comes pescaditos, calamares o pulpo. La cerveza está bien fría y, además, ofrecen un magnífico vino de la casa. ¿Qué más se puede pedir?

Unos clientes cogen una mesa y la llevan hasta la línea del mar. No ha habido objeción por parte del dueño. ¿Habrá ley de costas en Grecia? Hace 40 años, cuando empecé a trabajar en un chiringuito de Tarragona, ocurrían cosas como éstas. Cuando te descuidabas los clientes habían trasladado el velador, las sillas y las consumiciones lo más cerca posible del agua. Tenías que saltar a la arena, recorrer las decenas de metros de separación y explicarles que tenían que regresar a la terraza del chiringuito porque estaba prohibido utilizar la playa.

A la mañana siguiente elijo una pastelería para el desayuno. Le pregunto al dueño qué está pasando para que apenas haya turistas. “Me han llamado amigos alemanes que llevaban 30 años viniendo aquí para preguntarme si es peligroso venir a Grecia. Es desolador. Está habiendo campañas en algunos países como Alemania e Inglaterra para que los turistas eviten Grecia”, me cuenta.

No tiene sentido lo que está pasando. Grecia es un país cómodo para viajar y no he tenido ningún problema durante mi largo viaje. Me han atendido correctamente en todas partes. Incluso en algunos lugares han sido extremadamente simpáticos.

En algunos sitios han intentado evitar que pagase con la tarjeta de crédito. “No hay línea esta mañana o se nos ha estropeado la máquina”, han sido las excusas. Pero siempre con mucha educación. Saben que muchos turistas llevan efectivo en los bolsillos. Me voy triste de este pequeño paraíso.

Ruinas de Esparta. Fotografía de Gervasio Sánchez

La Esparta actual es un insulso pueblo de unos 20.000 habitantes. Todo ocurre en un par de plazas y calles céntricas. Hay una tienda generalista que vende camisetas de mala calidad o estatuas de Leónidas con los precios muy inflados.

Si no fuera por la gran estatua de Leónidas levantada frente al estadio de fútbol, sería difícil de creer que esta ciudad fue la capital de uno de los estados más beligerantes del mundo clásico con un gran poder político y militar que compitió con Atenas y Tebas y cuyo ejército lideró la coalición contra los persas durante las guerras Médicas.

Llegar al santuario de Artemisa obliga a pasar por un descampado lleno de basuras y, además, está cerrado por una valla. El llamado santuario de Leónidas, vendido como su tumba aunque nadie sabe su función, está en el cruce de un par de calles anodinas. El Museo Arqueológico tiene más vigilantes aburridos que visitantes.

Lo único interesante es la Acrópolis no tanto por lo que se ve (muchas de las ruinas de la antigua Esparta siguen bajo tierra) sino por lo que se siente ante columnas y capiteles que están desparramadas de forma desordenada entre olivares, naranjos y limoneros.

Ruinas de Mistra. Fotografía de Gervasio Sánchez

 

Sería importante que las autoridades de esta localidad empezaran a darle importancia a la historia de Esparta para atraer a viajeros que suelen pasar de largo camino de Mistra, a siete kilómetros, para visitar las ruinas de una fortaleza que incluye iglesias, palacios y bibliotecas del siglo XIII y cuya historia está vinculada al declive final del imperio bizantino ante el empuje otomano.




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