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El cielo puede esperar

Gervasio Sánchez Actualizada 10/08/2015 a las 08:25
Meteora 3

VIAJE EN COCHE DESDE ZARAGOZA A GRECIA ATRAVESANDO LOS BALCANES (12)

Meteora (Grecia)

He visitado centenares de catedrales, iglesias, monasterios, mezquitas, sinagogas, templos de todo tipo de variedades religiosas en mi vida. No quiero exagerar, pero es posible que ya haya alcanzado el millar de unidades.

Es raro el viaje que he hecho desde hace 35 años que no incluya una variedad importante de lugares religiosos en el centenar de países que conozco (algunos no cómo me gustaría por falta de tiempo).

Algunos centros religiosos están situados en lugares mágicos. En China recorrí en diciembre de 1987 ochenta kilómetros en bicicleta para visitar un templo budista que me decepcionó. Necesitas al menos tres días para conocer los templos de Angkor en Camboya,  mejor si le dedicas una semana. En Tamil Nadu (India) hay tantos templos que necesitarías un mes para verlos todos. Cualquier catedral española, francesa o italiana obliga a dedicar horas si quieres ver con calma todos sus tesoros.

Viajar y visitar lugares religiosos están tan relacionados que cualquier viaje que no incluya estos lugares se convierte en un viaje incompleto. Por supuesto que se puede viajar sin poner el pie en un lugar religioso y estoy seguro de que hay personas que son felices promocionando la laicidad viajera, pero, yo, que soy ateo, me emociono traspasando lugares religiosos.

Monte Athos desde Sarti. Fotografía de Gervasio Sánchez

“Somos peregrinos en una tierra de infieles”, le decía Sean Connery en el papel de Henry Jones a su hijo Indiana Jones, en La Última Cruzada. En cambio yo parezco un infiel en permanente peregrinaje.

Sí puedo decir que los monasterios e iglesias ortodoxas están en los lugares más impresionantes. Pueden competir con los templos tibetanos.  Llevo casi un mes visitando monasterios e iglesias ortodoxas en Serbia, Kosovo, Bulgaria y Grecia. Puedo dar fe de que los parajes que he recorrido para ver frescos espectaculares en lugares perdidos son inolvidables.

Empiezo por la península Calcídica, formada por tres dedos terrestres, uno de los cuales, Kasandra, es una trampa veraniega si se te ocurre visitarla en fin de semana cuando los habitantes de Salónica la invaden.

El segundo dedo, Sintonía, es lo contrario. Es un lugar ideal para familias que huyen del mundanal ruido de las discotecas. El lugar, como Sarti, desde donde puedes ver el tercer dedo, donde está el Monte Athos. El lugar donde puedes encontrar una habitación libre en plena temporada alta en una cucada de hotelito regentado por una simpática pareja formada por una húngara y un griego que te trata con gran cariño y que te ayudan a encontrar el mejor restaurante (calidad-precio) y se comprometen a orientarte en la búsqueda de los mejores rincones marinos de los alrededores.

Comer unos espléndidos mejillones a la brasa  mientras la luz oscurece y deforma Monte Athos hasta que se convierte en una masa sin apariencia física es una auténtica delicia griega, una más de las múltiples que se pueden vivir en este país espléndido, incluso en tiempos tan duros como los que vive en la actualidad.

Meteora. Fotografía de Gervasio Sánchez

La visita a Monte Athos la dejo para otra ocasión, el lugar que mantiene el equilibrio espiritual con las restricciones femeninas desde hace demasiado tiempo. Dice la leyenda que la Virgen María visitó Athos para bendecir la Montaña Sagrada y los monjes lo consideran el Jardín de la Virgen en el que no puede entrar ninguna otra mujer. Y Santas Pascuas

Ocurre en Europa, en un país de la Comunidad Europea, en un país que fue cuna de la civilización y la democracia occidentales. Ocurre en Europa ante las protestas de la Comisión Europea que no está de acuerdo con la prohibición. Ocurre sin que nadie lo remedie por la voluntad de leyendas o dogmas religiosos.

La visita que nadie se tiene que perder si viene a Grecia es Meteora, el lugar donde conviven los pináculos más extraños vinculados a extraños fenómenos geológicos de hace millones de años con los monasterios más singulares, encaramados en las cúspides de las rocas más elevadas,  suspendidos en el aíre “entre el cielo y la tierra”, en un lugar declarado “sagrado, inalterable e inviolable” por un decreto del Santo Sínodo de la Iglesia Griega en 1990 y aceptado por el estado griego cinco años después.

El lugar comenzó a ser habitado por ermitaños hace mil años que vivían en las cuevas diseminadas por toda la región y se acabó convirtiendo en el corazón de la resistencia religiosa al islam cuando el imperio bizantino empezó a desmoronarse por el impulso militar de los otomanos.

Los primeros monasterios construidos en el siglo XIV estaban tan aislados que sólo se podía acceder a través de escaleras desmontables o por senderos secretos. Hoy una carretera asfaltada permite visitar los seis monasterios que quedan en pie de los veinte que fueron construidos con bastante comodidad aunque con gran esfuerzo en los últimos metros al tener que acceder a ellos por escaleras de piedras muy empinadas.

Puesta de sol en Meteora. Fotografía de Gervasio Sánchez

Los monjes y las monjas dedican algunas horas del día a cobrar las entradas a las miles de personas que visitan diariamente Meteora, vender reliquias religiosas y recuerdos turísticos y el resto del tiempo lo ocupan en la vida contemplativa.

Meteora es de esos pocos lugares en el mundo donde sus habitantes permanentes, los religiosos y religiosas que viven en monasterios separados, deben estar de acuerdo en que el cielo puede esperar mientras la paz, la tranquilidad y la calma espiritual sigan regulando sus vidas.




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