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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Neil Young vuelve a enfadarse

¡Dios si un disco como este viniera firmado por un nuevo grupete indie! Inmediatamente, al altar. Estaríamos, según se encargarían de proclamar las revistas y webs del género, ante uno de los discos del año, ante un disco de rock corrosivo, armónico e inventivo. Pero viene de Neil Young, y ya es como recibir la visita de ese vecino de toda la vida: nada previsible, y hasta pelma. No es una historia nueva, esta de mirar a los viejos rockeros con una lupa desgastada si no opaca, o sea, de ver las cosas distorsionadas, o ni siquiera verlas, por culpa de los años.

Pero indudablemente estamos ante otro aceptable disco de Neil Young. Para los más veteranos, y sobre todo para quienes siguen de cerca al canadiense de oro, no hay sorpresas, sí para los más jóvenes, si es que se paran en barras para escuchar este tipo de sonidos y de artistas, que tengo mis muchas dudas con toda la bazofia que les rodea y les impide ver los árboles del bosque. Musicalmente, junto a un grupo, The Promise Of The Real, en el que figuran dos hijos de Willie Nelson, se reproduce la imagen del Young convertido en rocker enfurecido, el de 'Ragged Glory' y hasta el de aquel punkarra que nos salió en 'Rust Never Sleeps'. No están los Crazy Horse detrás, pero sí unos buenos discípulos. Es la segunda vez en su vida, tras su colaboración con Pearl Jam, que se mete dentro de un grupo ajeno. Su caudal de inquietudes no tiene límite.

¿Y de dónde procede esta nueva furia de 'Caballo Loco'? Pues simplemente de su aversión y denuncia de los alimentos transgénicos, y más en concreto contra una de las compañías americanas, Monsanto, más significadas por el cultivo y venta de alimentos 'genéticamente modificados' (GA). Ayer mismo escuchaba yo en televisión a un agricultor español comentar que ante el tratado de libre de comercio que se va a firmar el año que viene o al siguiente entre Estados Unidos y la Unión Europea, aquí vamos a comer transgénico por las orejas, con el riesgo, según los expertos, que ello conlleva. En Estados Unidos hay carta abierta si no laxitud ante esta forma de 'agricultura venenosa', como algunos la denominan, y contra ella protesta y pone sus guitarras y su voz a rugir Neil Young, como antes lo hizo contra la guerra de Irak ('Living With War') o contra la crisis ('Fork The Road').

Nueve canciones de protesta que atacan a la citada Monsanto, a los políticos corruptos que permiten el uso de pesticidas en los campos e incluso a cadenas de cafés como los famosos Starbucks por servir –dice- alimentos transgénicos. “Las madres quieren saber con qué clase de comida alimentan a sus hijos”, canta en la irónica 'A Rock Star Bucks A Coffe Shop'.

El muro guitarrero arde como las soflamas de protesta. Únicamente 'Wolf Moon' se escapa de la quema, y nunca mejor dicho, bajando el pistón a ese tipo de baladas camperas a medio tiempo con armónica y pedal steel tan características y tan grandes de él. También 'Rules Of Change' baja un poco la furia (el tempo) aunque las guitarras siguen sonando a rock, y lo mismo sucede en la intimista 'If I Don't Know', que pone final al disco.

Musicalmente, ya digo, no se revela nada nuevo, pero es un disco de Neil Young, y eso ya es mucho, un galón que pocos pueden enseñorear, sea el camino que escoja. Un tipo que a sus 69 años sigue en el mundo con su peculiar mundo sonoro y trabajando casi en plan estajanovista. Aún está fresco el gran doble orquestal, 'Storytone', de finales del pasado año, y aquí tenemos de nuevo a Caballo Loco trotando con otro nuevo disco, grabado en apenas mes y medio y casi en directo en el estudio de Daniel Lanois. Es para subirse a él con los ojos cerrados. Como a tantísimos otros de su dilatada carrera.

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