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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

DISCOTECA ABIERTA: 'Happy Trails' y la Quicksilver, el gran monumento del rock psicodélico

Quicksilver
Quicksilver

'Happy Trails', el gran monumento del rock psicodélico californiano de los sesenta. Segundo álbum de la Quicksilver Messenger Service, que lo talló a principios de 1969 en estudio pero como si se tratara de un álbum en directo. Al frente, John Cipollina (voz y guitarra), quien junto a Gary Duncan (guitarra y voz), David Freiberg (bajo) y Greg Elmore (batería), fue capaz de convertir el viejo éxito de Bo Diddley, 'Who Do You Love', en toda una suite psicodélica de 25 minutos que ocupaba entera la cara A del LP, y que, dividida en seis partes, reunía todos los ingredientes del género: improvisación, guitarras afiladas, solos de batería, efectos oníricos, voces punzantes, fases ascendentes y descendentes y ambiente por lo general extremadamente lisérgico. La pieza perfecta para emprender una largo 'trip' en colores.

Por si fuera poco, el monumento quedó redondeado con otro largo tema de 13 minutos en la segunda cara, 'Calvary', aún más desaforado puesto que en este caso, junto a efectos de todo tipo, generados por pedales, campanas y distorsiones, se unían unos insólitos guitarrazos pseudo flamencos. Previamente, abriendo esta segunda cara del LP, el grupo atacaba otro tema de Bo Diddley, uno de sus clásicos, 'Mona', así como el turbulento 'Maiden Of The Cancer Moon', y remataba curiosamente con un brevísimo tema ajeno de un minuto y medio que era el que daba título al disco.

El boceto previo a esta monumental escultura sicodélica lo dibujó ya la Quicksilver con el tema 'The Fool', de su primer álbum, 'Quicksilver Messenger Service' (1967), con Cipollina haciendo virguerías con el wah wah y toda la pieza escupiendo crujidos, voces femeninas de coros, melodías atormentadas y fondos de violines y órgano.

Tanto el primer álbum pero sobre todo este segundo eran una exaltación del género psicodélico y del hippismo que superaba su propio tiempo. Supongo que tal y como está el patio, no son tiempos de rockeros desmelenados y añosos, pero aquí queda recogido este disco, camino de los cincuenta años, por si todavía queda algún devoto de la Quicksilver, de la psicodelia, del rock ácido californiano y de las jam-sessions. A mí, personalmente, frente a discos como este, no me van a torcer el brazo algunas de esas majaderías actuales que pueblan el indie y no digamos los terroríficos e impostados DJs.

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