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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Padre Mayall que estás en la tierra...

De nuevo John Mayall en Zaragoza: próximo sábado, día 1 de marzo, en la sala Mozart. Debe ser como la quinta vez o así que escancia su blues-jazz-rock por estas tierras. No está mal, y máxime en lugar tan solemne como la sala del Auditorio. De todas ellas, no obstante, la más significativa fue aquella del 24 de julio de 1974, en el pabellón Salduba. Tela. El cutre polideportivo del Parque Grande, convertido en local de conciertos por una y única noche. Local cutre, infame de sonido, incómodo, convertido en una sauna y con unas ofensivas sillas vacías 'reservadas para autoridades' (el franquismo era así, señora), pero la actuación fue todo un acontecimiento local y un gran éxito, de esos que figuran en los anales de la historia musical de la ciudad.

Y es que por vez primera llegaba a Zaragoza una gran figura de la música pop, aquel era el primer gran concierto de talla internacional que se organizaba en la ciudad. Quien más quien menos, acostumbrado a pisar barro, flipaba. La prueba es que el polideportivo se puso hasta arriba, con 4.000 personas dentro y un montón de gente en la calle sin entrada (eso sí, las sillas del palco reservado para autoridades quedaron ofensivamente vacías y custodiadas por la policía durante todo el concierto). Pese a los elementos en contra, el propio Mayall, que únicamente se quejó del calor, máxime con la pierna izquierda escayolada como vino, tras un accidente en una piscina, lo calificó después de 'increíble y tremendo'.

Entrábamos en la gloria. Y no era para menos. Aunque el concierto sonó muy mal, aquello de estar delante de una gran estrella que, además lucía plenamente radiante en el firmamento del rock de la época, era casi un espejismo. Justamente Mayall vino en su apogeo, en su mejor momento, si bien es cierto que lo hizo con un disco grabado pero aún no publicado, 'Latest Edition, con el que enfilaría un camino de fusión entre el blues y el funk que le llevó poco después al desvarío y a un declive de popularidad del que nunca se recuperó.

Hubo la suerte pues de pillarlo justo antes de que se fuera medio a pique, antes de que se perdiera en una ristra de discos mediocres editados durante la segunda parte de los setenta y todos los ochenta. Y con una banda de lujo, en la que estaban Larry Taylor, Red Holloway, High Tide Harris, Soko Richardson y Randy Resnick. En los primeros noventa, tras fichar con Island y publicar 'Chicago Line' y 'A Sense Of Place' (con el que de nuevo pisó Zaragoza), enderezó el rumbo, editando algún que otro disco sustancioso –'Wake Up Call' (1993), 'Spinning Coin' (1995), 'Padlock On The Blues' (1999), 'Stories' (2002) o aquella gloriosa celebración de sus 70 años, '70Birthday Concert'- pero su tiempo y su inspiración se había quemado muchos años atrás. Y es que Mayall no saldría a la carretera ni creo que estuviese en activo de no haber sido por aquellos fabulosos sesenta y primeros setenta donde descargó lo más heroico y fascinante de su discografía al tiempo que iba sacando a la luz a nuevos músicos que en poco tiempo habitarían el cielo de la fama.

Pese a los esfuerzos de otros paisanos suyos como Alexis Korner o Cyril Davis, Mayall fue el auténtico impulsor del blues en la Inglaterra de los sesenta. Pero, del blues más puro, que es importante reseñarlo. Y es que mientras otros como los Rolling y The Animals se apropiaron del blues negro para mixtificarlo y sacarle una mayor rentabilidad comercial, Mayall se atuvo, contra corriente, en plena Inglaterra del 'Swinging London' y los Beatles, a los patrones mas puristas del género, por lo que su trabajo quedó relegado, no pudiendo explotar hasta que a finales de los sesenta se acabó el beat, y la música pop se trasformó en un microcosmos de estilos y tendencias plenamente abiertas.

Fue el momento entonces, desde el 67 hasta el 73, en que, después de haber editado un magnífico LP con Eric Clapton, 'Bluesbreakers' (1966), llegaron sus grandes elepés, aquellos por los que ha pasado a la historia: 'Crusade' (67) 'A Hard Road' (67), 'Barewires' (68), 'Blues From Laurel Canyon' (68), 'The Turning Point' (69), 'Back To The Roots' (71), 'Jazz Blues Fussion' (72) o 'Moving On' (73). Y todos ellos al lado de una legión de músicos increíbles y con los que el mundo musical le reverenció como 'el gran padre del blues blanco', como la figura inquieta y exigente que formaba bandas y las deshacía buscando siempre una mayor frescura y renovación.

Algo que llevaba a que sus formaciones se convirtieran en auténticos viveros de músicos a los que Mayall recogía en el anonimato y posteriormente los dejaba en la cima. A Clapton, por ejemplo, lo recogió viniendo de unos Yardbirds apenas populares y lo sacó, un año después, transformado en el mejor guitarrista de Inglaterra, dispuesto a emprender un capítulo decisivo como el de Cream. Lo mismo con Peter Green, quien al salir, junto a otros dos músicos que también habían tocado con Mayall, es decir, con John McVie y Mick Fleetwood, daría cuerda ni más ni menos que a una de las mejores formaciones que ha tenido el blues británico: Fleetwood Mac. A Mick Taylor, desconocido absolutamente cuando llegó, lo trasvasó después a los Rolling Stones. A Andy Fraser lo catapultó a los monumentales Free, a Dick Heckstall Smith y John Hiseman, a Colosseum... Y así hasta más de un total de setenta instrumentistas y cerca de las dos docenas de bandas, con las que Mayall experimentó en aquellos años, sometiendo al blues, al rock y al jazz a su propio credo.

Mal que le pese, y aunque él ya lo calificase en 1974, camino de Zaragoza, como un invento de los periodistas, toda una escuela del blues. Mayall fue y sigue siendo lo que es por aquellas bandas y por la mentada colección de impagables álbumes que entonces editó. Aún guardo como oro en paño aquel doble LP que recogía en un álbum 'Barewires' y 'Blues From Laurel Canyon', una edición especial para el mercado español con la que explotó aquí. Hasta entonces, pese a discos tan cruciales como 'Crusade' o 'A Hard Road', lo único que prácticamente se le conocía por estos lares era su famoso 'Room To Move', que sonaba en sinfonolas y discotecas, pero poco más.

Desde 2009 no publica un álbum nuevo, tras dejar en las tiendas el discreto 'Tough', pero ha cumplido los 80 y ha salido a la carretera a celebrar tan redondo y notable aniversario, como ya lo hizo cuando cumplió los setenta. No importa en absoluto que lleve seis años sin grabar nada nuevo e incluso como si no quiere grabar más. Su fabuloso legado le acredita para hacer lo que le venga en gana y para que se le siga manteniendo el respeto mundial del que goza. Amén además de que, venga con disco nuevo o no, o venga con la banda que venga, va a asegurar una buena ración de blues y de música imperecedera. Por siempre. Padre Mayall que estás en la tierra…

Un bonito playback del 68 con Mick Taylor...

http://www.youtube.com/watch?v=LLzYBTIDYO0

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