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Más fe y menos pompa

El Papa recorre esa basílica que es como un centro comercial de luxe como diciendo "esto no va conmigo". Parece que está de visita turística.

Se mira las rejillas de la calefacción para no tropezar, o quizá temiendo que le peguen un tiro.

Esta pompa ya deberían haberla dejado para el cine. Todos esos cardenales disfrazados con esos gorros. La ceremonia ya desacredita el mensaje, si es que lo hay.

La única justificación de que Francisco I haya aceptado este paripé es la audiencia: ante 132 mandatarios y con más público que en un Mundial, el nuevo Papa puede decir algo que necesita el mundo.

Pero igual podría haberlo dicho en un tuit.

Tendría que haber salido en chandall, como un parado más, como un chipriota.

A estas alturas ceder ante el boato es admitir que gobierna la mafia.

El Papa habla del Evangelio del día. Hoy es el día de San José.

Ahí está Merkel pensando: todo esto es superfluo.

Europa es un inmenso corral.

Jesucristo ha dado un poder a Pedro, apacienta mis ovejas. Mi poder es el servicio. Especialmente a los niños, a los pobres, etc.

Mañana habrá que comprar el Hola!

¿Habrá aperitivo?

La mantilla es un burka con ventilación.

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