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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

El extraño caso de Bill Fay

Un extraño caso, se diría que único en la historia de la música pop. Ahí es nada, volver 40 años después de retirarse, es decir, ya con 69, y hacerlo con toda dignidad y emoción, grabando un disco lleno de canciones emocionantes y sabiamente cantadas, ejecutadas y arregladas. Un disco que ha gozado de los parabienes de la crítica de medio mundo, colocándolo entre lo mejor del pasado año, y que ha servido para que gente como Nick Cave, Peter Buck (de R.E.M.), Julian Cope o Jeff Tweedy (Wilco) se hayan declarado fervientes admiradores de su autor.

Bill Fay, pianista y cantautor británico, grabó un single en 1967, 'Some Good Advise', que tuvo el mismo impacto que el ruido de una chinita en el océano. Nada. A continuación, en el 70, grabó su primer álbum, 'Bill Fay', y en el 71, el segundo, 'Time Of The Last Persecution'. Pese a la buena hechura de ambos discos, mezclando pop orquestal y psicodelia con canción de autor a lo Dylan y Cohen, fueron un absoluto fracaso comercial, por lo que Decca decidió rescindirle el contrato y él, absolutamente decepcionado, se retiró de la música. Jardinero, taxista, reponedor en un supermercado y otros numerosos oficios fueron sus ocupaciones alimenticias, si bien nunca dejó de componer y tocar el piano, pero ya sin público y menos aún sin grabaciones.

Pero casualidades de la vida, o emergencia de un caballero justiciero, en 2011, es decir, 40 años después de editar su último álbum, Joshua Henry le propuso grabar un álbum, y desde finales del pasado año tenemos a mano una de las delicias musicales mayores de estos tiempos: 'Life Is People', un álbum con 12 canciones bañadas en misticismo, religiosidad y psicodelia, tocadas con cuerdas, pianos, coros gospel… y cantadas por Fay con una voz melancólica y un timbre que anda entre Neil Diamond y Nick Drake.

Jeff Tweedy, que ha sido uno de los mayores valedores de Fay, colabora en el álbum cantando a dúo la única canción 'rápida', 'This World', un estimulante trallazo de power-pop, al que Fay responde agradecido tomando una canción de Wilco ('Jesus, etc.') para deshuesarla y dejarla en un acústico primoroso. Como acústica y primorosa es también 'The Never Ending Happening', donde Fay se eleva solo sobre un piano y un celestial arreglo de chelo. La canción estrella, sin embargo, de este álbum tan melódico y tan completo, es la que le da título, ocho minutos de 'concierto cósmico', como se antetitula, de una belleza conmovedora.

Lo curioso es cómo llegó Bill Fay a firmar esta obra de arte. El padre de Joshua Henry era un enamorado de sus dos álbumes de los 70. Los reproducía obsesivamente hasta contagiar al hijo, quien al convertirse en productor se propuso devolver a Fay a los discos. Costó convencerle, aunque cedió a cambio de que los beneficios, si los hubiere, fueran a la ONG Medicus Mundi. Así se firmó, y así, cuatro décadas después, Bill Fay grabó su tercer álbum de verdad -en medio quedó uno de rarezas y maquetas, y la recuperación de un tercero nunca editado- para gozo y solaz de los amantes del pop orquestal y de las canciones turbadoras. ¿No resulta ciertamente un caso singular, insólito?

http://www.youtube.com/watch?v=0_xQYsGTECA

http://www.youtube.com/watch?v=ONSLDvyRTa4

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