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Blog - Al Alba

por Mariano Gistaín

Rajoy se queda un siglo más

Rajoy se queda un día más. Le mueven la silla y le buscan herederos pero él no se inmuta ni se imputa.

En la recepción a los campeones del mundo de balonmano ha vuelto a decir aquello de "Tenía aquí unas notas pero soy incapaz de entenderlas".

Su inmovilismo es absoluto. Le dan pereza los cambios. Le fastidia el tiempo y le incomodan los viajes.

No lo mueve ni un saco de confeti.

Esta actitud es el mayor lujo que existe.

A los que mandan les pone el inmovilismo. Por eso Rajoy es un valor seguro en sentido metafísico.

El valor más popular que existe hoy es el cambio.

La palabra "cambio" ha sustituido a la palabra "revolución" igual que "emprendedor" ha sustituido a "obrero".

Rajoy es el mundo antiguo, que a su vez es el único que existe.

La fe se ha trasladado a las tiendas de Apple y por eso la renuncia del Papa causa menos conmoción que la ascensión de Steve Jobs.

Y por eso la bolsa castiga a Apple, que gana mucho dinero pero no emite señales de futuro. La fe es el futuro y hay que patentarlo cada tres meses para que el consumidor incube esperanza. El futuro es inmediato.

El Papa se va porque no tiene esperanza. En su renuncia hay una crítica al mundo. En Caritas in veritate le pedía muchas cosas al mundo, pero su impacto ha sido nulo.

Hacer algo que no se ha hecho en 600 años entraña un mensaje extra. No basta con apelar al cansancio o al esnobismo.

El Papa estrenó su pontificado con zapatos rojos de Prada.

Rajoy se queda un siglo más. Es un dandy de la displicencia.

El que está por la inmutabilidad desprecia la agenda y el tiempo. Le basta con anotar cosas en papelitos.

Para poder olvidarlas mejor.

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