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Blog - Al Alba

por Mariano Gistaín

La economía del conocimiento la hacen las personas

La economía del conocimiento y la atención se basa en las personas. Apenas necesita capital.

Vale la red, los contactos vivos. De cerebro a cerebro, de corazón a corazón. El granhermanismo (prohibición,vigilancia, censura) es un sector económico.

Las carencias del momento nos hacen ir a lo esencial: el flujo, las conexiones, los nodos de la red. Los objetos son valiosos si comunican. Lo demás es arqueología.

Las privaciones nos llevan a la metafísica, que es donde están -también un poco desorientados- los demás. Las privaciones y la tecnología nos hacen pensar en cosas a las que nunca habíamos dado valor.

El conocimiento exige tiempo, y ese es el nuevo capital. Tiempo para escuchar. Pero escuchar es durísimo. ¡No estamos acostumbrados! Hay que adaptarse. Desolvidar.

Si Darwin nos viera lo rápido que moldeamos el genoma -¡en caliente!-, se quedaría pasmado. El cerebro es una goma. En vez de Supercuerdas: Supergomas. Cajal aún está a medio entender.

El dinero no sabe dónde meterse y se zambulle en fondos gestionados por un algoritmo sin sentido que degrada el mundo y perjudica al inversor.

Pero a veces se encuentran, el dinero y el conocimiento: el uno invierte en el otro y salen cosas nuevas. Lo que más le inquieta al dinero es lo barato del conocimiento. Lo ve tan low cost que no se fía.

En Estados Unidos ya se fía bastante. En cuanto ve una buena idea, la irriga. Rápido.

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