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Se reserva el derecho de admisión

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Invitadas no deseadas. La expresión 'malas hierbas' es muy desafortunada. En realidad, no hay plantas 'buenas' o 'malas', sino 'deseadas' o 'no deseadas'. El hombre se empeña en modificar su entorno, a veces para crear un espacio agradable y otras para cultivar. Y estas plantas adventicias se aprovechan de esa modificación para desarrollarse. La mayoría de las veces, estas plantas están al servicio de la tierra y nos recuerdan a jardineros y hortelanos que estamos haciendo las cosas mal. ¿Por qué? Pues porque en la naturaleza no hay espacios desnudos, siempre hay una especie u otra que acaba cubriendo el suelo y gracias a esa labor incansable se evita la erosión del terreno. Solo en espacios degradados por el hombre ha dejado de crecer vegetal alguno.

Siempre que el agricultor o jardinero 'desnude' un terreno y deje la superficie limpia aparecerá una mala hierba para ocupar ese espacio. Las más habituales son las gramíneas, así como la cerraja (sonchus oleraceus) y la campanilla (convolvulus arvensis).

Lo mejor es afrontar la visita de estas plantas de una manera educada y equilibrada. Es decir, comprender por qué han salido y simplemente reservar el 'derecho de admisión'. Retirarlas cuando abunden y dejarlas si no provocan daños.

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