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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Estalla el petardo musical

Estalla esta tarde el petardo de la fiesta. El de la musica debió estallar ayer tibiamente, con la presencia de Russian Red, uno de los pocos resplandores del programa,  pero el petardazo cutre y ruidoso estalla hoy. Obsequio de nuestro ínclito ayuntamiento, una vez más, desde los ya lejanos tiempos en que gobernaba el PP, que también se las gastó finas. No voy a cebarme ni tampoco a soltar una lágrima más por la descabellada ineptitud de este consistorio, de un signo o de otro, en materia musical, que ya, abatido y rendido, no soltaré palabra alguna más al respecto, renunciando inclusive a comentar el día a día musical en el periódico, pero varias cosillas sobre el tapete:

1.- Se entiende que la cultura de izquierdas es progresista, arriesgada, valiente, imaginativa, pedagógica, concienciadora, huidiza de lo zaborrero y cultivadora del buen gusto, la ética y la estética. Eso, al menos, es lo que yo pensaba, veía y creía en mis tiernos años de Universidad, y así creo que, con variantes, se recoge en los catecismos izquierdosos. Así pues, si la música es cultura, ¿resulta progresista que un ayuntamiento socialista, sostenido por dos partidos de izquierdas, CHA e IU, ampare actuaciones como las de Melendi, OBK, Rosario, Dalma, Oreja… y toda la ristra de faramalla, mediocridades y nombres trilladísimos que inundan el programa? Me temo que no. Una ambivalencia nefasta: Estos programas tanto valen para el PP como para la izquierda. Adiós a las ideologías. El progresismo es rescoldo del pasado y una bonita (y manida) palabra para llenar de vacío la boca de la izquierda.

2.- Anteayer lo comentaba a través de las ondas de Radio Zaragoza, en el programa de la tarde de Concha Monserrat: La dañina privatización de espacios. Andan a la greña izquierda y derecha, acusando la primera a la segunda de tener esta como objetivo la privatización de servicios, desde la educación a la sanidad. Pero en el otro bando también la practican, vaya si la practican. No hay que ir muy lejos para ver y sufrir un claro ejemplo de privatización, el de la cultura, aquí mismo, en estas y en pasadas fiestas del Pilar. El Ayuntamiento del PSOE delega sus funciones en empresas privadas para que cada una monte la bulla a su libre albedrío en los principales recintos de las fiestas. Imagino que esa delegación irá acompañada de su correspondiente partida dineraria, que no sería llamativa y hasta estaría justificada si al menos se reservara la posibilidad de controlar un poco, filtrar, los programas y no permitir en ellos la presencia de artistas reiterativos y mediocres, apostando por la calidad y la imaginación. Pero no, les dan barra libre y así sale lo que sale. En tiempos remotos eran los propios técnicos culturales del Ayuntamiento, como debe ser, quienes gestionaban directamente el programa. Ahora, es la empresa privada. ¡Qué más claro ejemplo pues por parte de la izquierda de privatización de servicios que el de la música del Pilar! Encallan los postulados que se defienden por un lado pero se practican por otro.

3.- Lo de la Plaza del Pilar es inadmisible desde todo punto de vista. Meter en el llamado 'salón de la ciudad', en un sitio emblemático y hasta sacrosanto, la morralla que, por lo general, se va a meter en estas fiestas, desde Melendi a OBK o la ruidosa y cutre fiesta Máxima FM es afearlo, ensuciarlo y hasta prostituir el mentado recinto. ¿Se imagina alguien algo similar en la plaza San Marcos de Venecia, ante el duomo milanés o en la explanada verde de Pisa? Hay muchas otras alternativas para que la plaza del Pilar sea un lugar festivo y a la vez elegante, culto, cosmopolita e identitario. Pero no, ruido y vulgaridad, decibelazos casposos de rockeros, flamenquitos y electrónicos de medio pelo. Por barrer, han barrido hasta la jota. Efecto todo ello, sin lugar a dudas, de la privatización mentada en el punto anterior: las cadenas comerciales de radio, con sus patrocinios y sus intereses crematísticos, son las dueñas absolutas del espacio. Desatino total, ofensivo. Cuando al término de las fiestas se entone el 'Canto a la libertad', no estaría mal que para otros años y de una vez por todas, evocando al recordado Labordeta, al levantar la vista veamos una tierra que, además de libertad, ponga también buen gusto, imaginación y música de calidad. Progresismo y cultura de verdad, vaya.

4.- Espigando el programa musical, queda confirmado, un año más, que Zaragoza es el pueblo más grande Aragón. En tiempos, no fue así.

5.- No siempre negativvvo, parafraseando a aquel famoso entrenador holandés. Si hay algo que al menos se escape del rosario de despropósitos que es la música del Pilar, es la feliz idea de instalar una carpa exclusiva dedicada a los grupos de Zaragoza. Debiera haberla impulsado el Ayuntamiento pero ha sido, como ya lo fue el año anterior, Interpeñas.

6.- Ojo a las pequeñas salas –The Cavern, López, Z, Campana, La lata de bombillas…- como alternativa a la metralla y al gentío, y con apañadas programaciones.

7.- Y conclusión, por no alargarme más: vista la vaciedad de este 'gran proyecto', que no sirve ni para programar ni para filtrar la calidad, es decir, vista la inoperancia para sacar adelante con solvencia una actividad tan importante y excepcional –una vez al año- como es la elaboración del programa musical de fiestas de una gran ciudad que se pretende europea y en el que tanto dinero se invierte, se puede inferir que no es necesaria una concejalía de Cultura ni un concejal de Cultura. Con simples gestores y aplicados funcionarios estaría todo resuelto. Así que, con la tijera como símbolo de estos tiempos crudos, lo más propio es no que no solo se recorte esa concejalía sino que la supriman. Y puntopelota. Y con ella, al ínclito Jerónimo Blasco, responsable máximo, tras el alcalde Belloch, del cutrerío musical que estos días va a invadir la ciudad. Un sueldo menos y una pesada carga que se quita la ciudad de encima. Por cierto, ¿no influiría también este cutrerío para que Zaragoza no ganara la capitalidad cultural europea? Menos protestar, más reflexionar y más solvencia.

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