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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Nirvana, aniversario de litio

Revistas especializadas y periódicos generalistas le dedican estos días espacio amplio a la memoria del álbum 'Nevermind', de Nirvana. Ha cumplido 20 años desde su edición, el 24 de septiembre de 1991, y le llueven los elogios, sin lugar a dudas, merecidos: el disco incluía varias canciones descomunales, al tiempo que marcó una inflexión en la historia del rock.

Lo que no me acaba de convencer del todo es el exagerado peso que sobre él caído. Álbum trascendental, rompedor, principio de un nuevo camino del rock, revolucionario, el disco que cambió el rumbo de la historia de la música alternativa… son algunas de las rimbombantes condecoraciones que le colocan en la pechera. Condecoraciones que al final terminan perfilando una foto, si no falsa, sí que algo distorsionada de la realidad de su tiempo, como si aquel otoño de 1991 el mundo hubiera cambiado repentinamente al igual que una nube transforma un día luminoso en uno gris y lluvioso.

Yo no tengo esa sensación. Recuerdo que me lo recomendó el amigo Jordi, en Linacero. Lo escuché y no me conmovió ni me impactó, como tantos otros discos lo han hecho, inclusive a la primera escucha. 'Smells Like Teen Spirit' sí que me llamó mucho la atención por la combinación de esos dos planos tan característicos y ya casi icónicos del sonido de guitarra de Cobain, lo mismo que 'Comes A Time', una canción perfecta de pop-rock, con un sonido inédito, la consecución de hacer sonar a Los Beatles con Black Sabbath, que en realidad fue el objetivo principal de Nirvana. Pero luego había canciones que me decían más bien poco. Por ejemplo, 'Breed' o 'Terrotorial Pissing', trallazos punk que ya estaban superados, por los Pistols, claro, y mucho antes hasta por unos Who o unos Purple, cuando se dedicaban a repartir fuego.

Tampoco me hicieron mucha gracia aquellos subidones, luego marca de la casa, que planteaban 'In Bloom' o 'Lithium', donde, para disfrutar del fragor de la tormenta, había que pasar antes por unas melodías pop casi blandurrias. También parecía no encajar allí la delicada 'Something In The Way', medio susurrante y con arreglos de cuerda, que eran una herencia del gusto del trío por Los Beatles, delicada pero algo monótona. No me extraña que Cobain dijera tiempo después que se avergonzaba del disco, comparándolo con Mötley Crüe, aunque esto quizá fuera la típica salida de tiesto epatante de la nueva superstar.

Vamos que el disco me despertó curiosidad, lo recibí bien en el periódico pero ya no le presté más atención. En mi caso no hubo revolución, ni todavía contemplo aquel disco como revolucionario y transformador en la medida que lo fueron el 'Is On Top', de Chuck Berry, el 'Sgt. Pepper', el 'Aoxomoxoa', de los Grateful Dead, o el primero de la Velvet, por espigar alguno a vuela pluma que me viene a la cabeza, discos que sí cambiaron radicalmente el decurso de la historia del rock. Pero, como escribió Javier Pérez de Albéniz, el rock vive épocas tediosas y cualquier novedad es recibida con los brazos abiertos. Es lo que pudo ocurrir con 'Nevermind' en 1991-1992. No creo que  cambiara la música de su tiempo, que entonces, la más avanzada, la alternativa, estaba caminando por otros territorios y otras propuestas más interesantes e innovadoras como las de Pixies, Throwing Muses, Dinosaur Jr., Breeders, My Bloody Valentine, Screaming Trees, Sebadoh… ni tampoco fuera, de la noche a la mañana, el imán al que se pegase cualquiera que le diera por coger una guitarra. De hecho, no se conoce grupo alguno que lo hiciese, salvo si se quiere colocar en ese grupo de acólitos a Sloan, Supergrass, Ash, Bush, Mansun, Sunny Day Real State, Silverchair…, que me temo que no.

Aquí mismo, en España, el eco del disco y de Nirvana no tuvieron la más mínima incidencia inmediata en los grupos del momento: ni El Inquilino Comunista, ni Los Planetas, ni Parkinson D.C., ni Australian Blonde, ni Penélope Trip, grupos coetáneos, se metieron en vereda nirvanera, sino que siguieron el del incipiente indie nacional, más implicado con los grupos anteriormente citados, no siendo hasta seis años después cuando el eco del disco se hizo carnal entre nosotros: unas chicas de Madrid, las hermanas Llanos y su grupo Dover se encargaron de refrescar la memoria con 'Devil Came To Me', pero, ya digo, seis años después de 'Nevermind'.  Sigo de nuevo a Perez Albéniz: “Nirvana no inventaron, recuperaron y adaptaron”.

En lo que sí hizo mella el disco fue en el plano estético. Con el nuevo estilo creado por Nirvana y sus compañeros de viaje, desde los pioneros Mudhoney a Pearl Jam o Soundgarden, aunque musicalmente nada tuvieran que ver unos con otros, es decir, con el advenimiento del estilo grunge, las calles de medio mundo se llenaron de jovencitos-as atacados por la fiebre del vaquero raído y barrecalles, las zapatillas guarrindongas y las camisetas roídas por la lejía. La estética ganó a la música.

Fue luego el éxito apabullante del álbum, desbancando al mismo Michael Jackson del número 1, el morbo que fue sembrando el mismo Cobain con sus declaraciones y sus actitudes de tipo depresivo, ulceroso, drogadicto y traumatizado, amén de su unión con Courtney Love, por no decir, claro, el balazo que se metió en plena sien en abril de 1994, lo que auparon a 'Nevermind' a la gloria eterna, metiendo a su líder, exageradamente, en el panteón de los mitos generacionales (Lennon, Morrison…).  Gloria que ahora santifica una edición de lujo con 70 canciones, pero que, al parecer, no ha reconciliado todavía a la viuda con el resto del trío y con el sello Geffen: Courtney Love se opuso hace diez años a la edición de una caja con canciones inéditas, entre ellas la última que grabó el grupo ('You Know, You're Right'), que finalmente se editó en 2002, pero, según parece, hay todavía mucho material inédito que sigue congelado.

A quien sí está claro que 'Nevermind' le cambió la vida radicalmente fue a Cobain, quien, un mes antes de editarse el álbum, estaba durmiendo en su coche, no teniendo donde caerse muerto, pero no sé a cuantos melómanos les pasó lo mismo en su vida y en sus gustos musicales, como ahora parece que ocurrió con la consabida canonización que el tiempo y las balas otorgan. A mí, desde luego, no me cambió nada. ¿Aniversario de oro o de litio? ¿Cómo lo contemplas tú?

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