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Blog - Los desastres de la guerra

por Gervasio Sánchez

DIEZ AÑOS DE FRUSTRACIONES

Kabul (Afganistán)

Nunca la comunidad internacional tuvo una situación tan inmejorable para cambiar el destino de un país como la que se produjo en Afganistán hace diez años con el derrumbe del régimen talibán.

Los soldados que llegaron al país asiático, entre ellos centenares de españoles que se trasladaron desde la base aérea de Zaragoza, fueron recibidos por una población exhausta tras veinte años de guerras y un quinquenio de intolerancia fundamentalista, pero expectante e ilusionada a pesar del terrible frío polar ante lo que parecía el inicio de una etapa de bienestar y desarrollo.

El país salía de la Edad Medía. Los libertadores que habían expulsado a los invasores soviéticos se habían convertido en señores de la guerra que mataban a sus compatriotas sin piedad.

El sinsentido había llegado hasta tal punto que los afganos aceptaron a los talibanes como un mal menor. Era la milicia más integrista, pero al menos luchaba por una ideología y, entre su ideario, no estaba saquear, asesinar y violar a mujeres. Al menos hasta que ocuparon Kabul en septiembre de 1996 después de expulsar a un gobierno formado por ilustres criminales de guerra.

La comunidad internacional lo tenía todo a favor. Se trataba de apostar por figuras políticas, sociales, judiciales que no estuvieran vinculados a los atroces crímenes del pasado. La ilusión de los afganos era convivir con un gobierno de personalidades ejemplares aunque vinieran del exilio.

Pero como había ocurrido antes en los Balcanes, Camboya o Angola, el maridaje se estableció con los personajes más oscuros de un pasado muy cercano en la memoria de un pueblo acostumbrado a ser despreciado en la toma de decisiones políticas.

En aquellos primeros meses de 2002 era evidente que el apoyo a las milicias se convertiría en un gran problema a mediano y largo plazo. Los ciudadanos empezaban a sentirse engañados por los extranjeros: prometían una democracia estelar y un fortalecimiento de las libertades públicas al mismo tiempo que bendecían el poder omnímodo de los antiguos señores de la guerra.

La expulsión de los talibanes sólo costó una docena de vidas de soldados estadounidenses. Hoy parece un juego de niños. Sobre todo si se compara con la delicada situación actual.

Los bombardeos realizados durante semanas destrozaron la capacidad militar de los talibanes, pero resultó sorprendente que divisiones enteras se volatilizaran y no defendiesen sus posiciones.  

Evidentemente, se trató de una retirada táctica. Muchos talibanes escondieron el fúsil y comenzaron a cultivar su pequeña parcela.  En el sur del país muchos plantaron adormidera y se recuperó el mercadeo de opio y heroína que había disminuido durante la época talibán. El gran negocio de la droga ha fortalecido militarmente a los insurgentes.

Los extranjeros comenzaron a mirar el reloj y a ponerse nerviosos al observar como la corrupción galopante estaba destruyendo la confianza de los ciudadanos. Los talibanes, dueños del tiempo, iniciaron su avance por amplias zonas del país.      

Con el paso de los años el número de soldados extranjeros desplegados en el país se ha ampliado, los errores tácticos de los occidentales se han ido sumando y las bajas de militares y civiles se han multiplicado.

El número de soldados extranjeros muertos en 2005 duplicó el de 2004. En 2006 hubo ya 191 muertos, la suma de los dos años anteriores. En 2008 casi 300 muertos. En 2009 más de 500 y en 2010 más de 700. En total, 2.705 soldados fallecidos de 28 países. Sin contar los mercenarios cuyo número real supera los 1.700 muertos.

También han muerto unos 9.000 soldados afganos del ejército regular y unos 38.000 talibanes han sido dados de baja o capturados. Las cifras de civiles muertos basculan entre 14.000 y 34.000. En 2010 hubo 2.779 civiles muertos, un 15% más que el año anterior. Sólo en el primer semestre de este año han fallecido otros 1.462 civiles, un 15% más que el mismo periodo del año pasado.

El presidente Barack Obama anunció el 22 de junio una retirada gradual de los 133.000 soldados de 40 países. El repliegue debe estar concluido en 2014. Los estadounidenses confían en la negociación con algunos grupos talibanes. Son conscientes que las fuerzas armadas afganas no están preparadas para asumir la seguridad en todo el país e incluso existen sospechas de que se práctica la tortura de prisioneros en algunas cárceles afganas.

En los últimos meses las operaciones talibanes son más selectivas. Se han concentrado en atacar a sedes y personalidades gubernamentales provocando decenas de muertos. Uno de los mayores éxitos de los rebeldes integristas fue el asesinato a mediados de julio de Ahmed Wali Karzai, hermano del presidente del país, y el hombre fuerte en la sombra de la conflictiva provincia de Kandahar.

También, a principios de agosto, los insurgentes derribaron un helicóptero Chinook que transportaba a 31 soldados de élite, entre ellos 22 miembros de los SEALS, el cuerpo que acabó con el terrorista Osama Bin Laden.

La fuerza militar de los talibanes es cada día más precisa y contundente. Algunos expertos aseguran que los talibanes se apoderarían de amplias zonas de Afganistán en pocos meses tras la retirada de los soldados de la OTAN.

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