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El atracador y la condesa

Mariano García 14/06/2011 a las 23:30
Estafador



Ocurrió en 1952. Una pareja -ella aseguraba ser la 'condesa de Cerdán'-, se paseaba por España buscándose la vida hasta que en Zaragoza, y por una fruslería (no poder pagar el hotel), ¡zas!, al talego. Así lo contaba HERALDO:
Hace algún tiempo, en la Prensa española se publicó la noticia relativa a un atraco acaecido en Valencia. Según los detalles que se pudieron conseguir, el día 27 del mes de septiembre último, un cobrador de la empresa Cofruna, S. A. cobró en la Sucursal del Banco Hispano Americano de aquella capital la cantidad de noventa y un mil ciento setenta y nueve pesetas. Desde la sucursal, fue seguido por un individuo hasta el edificio donde se aloja la citada sociedad. El cobrador utilizó el ascensor para subir a las oficinas, donde debía entregar el dinero, y el desconocido entró también en el mismo.
Durante la ascensión, con una arma intimidó al cobrador y le quitó el dinero que acababa de cobrar. Al parar el ascensor, el atracador logró rápidamente evadirse y no pudo ser de momento detenido. 
Denunciado el hecho a la Policía, comenzaron varios funcionarios a realizar los consiguientes trabajos de investigación. Al parecer, se logró conocer la identidad del atracador, que resultó ser Eduardo R. S., de veintidós años de edad, natural de Granada, y que vivía en compañía de Josefa Carolina de M. C., titulada "Condesa de Cerdán". La pareja desapareció con el producto del atraco, y no se tuvieron ya más noticias por algún tiempo.

En el transcurso de los días siguieron los trabajos de la Policía. Fueron cursadas las oportunas órdenes de investigación por toda España y se realizaron las pesquisas pertinentes.
Se llegó a saber que Eduardo R. S. conoció en un restaurante de Casablanca (Marruecos francés) en el pasado mes de junio, a la "Condesa de Cerdán". Se hicieron buenos amigos, por ser de análoga contextura moral, y, en compañía de un hijo menor de edad de Josefa Carolina de M., recorrieron varias importantes poblaciones marroquíes y pasaban por matrimonio.
Las circunstancias de su azarosa vida les obligaron al final del verano a regresar a España y, como lugar propicio para desenvolver sus conjuntas actividades, fijaron su residencia en Valencia. Por espacio de algunos días, Eduardo R. paseó por sus calles, armado siempre con un cuchillo que llevaba bien oculto, pero siempre preparado para utilizarlo en trance de amenaza.
Tuvo el 27 de septiembre la oportunidad anhelada y la aprovechó, como anteriormente referimos.
La pareja, con el dinero "adquirido", se dio una temporada tan gran vida, que gastó cerca de cien mil pesetas, con inclusión de los productos de venta de objetos valiosos que se habían comprado. En su "ambular" por España, vinieron a Zaragoza y se alojaron en un renombrado y céntrico hotel.
Pasaron unos días, en espera de nuevos acontecimientos, porque la pareja se había quedado "sin blanca". Pero la cuenta del hotel subía y no llevaban trazas de pagar.
Según parece, la gerencia hubo de llamarles la atención y entonces, indignado Eduardo R. S., "aseguró" en la Administración que poseía una cuenta corriente en un popular Banco con sede central en Zaragoza.
Una elemental previsión hizo que se comprobase la veracidad de tal aserto y, efectivamente, se puso en claro que la cuenta existía, pero solamente en su "activo" de dos pesetas.
En autos de cuanto sucedía, el Jefe superior de Policía dio acertadas instrucciones a su Brigada de Investigación Criminal, quien logró esclarecer la identidad de la "pareja", y con ayuda de los datos de la Dirección General de Seguridad. Ambos fueron detenidos, se instruyeron las obligadas diligencias y han sido puestos a buen recaudo a disposición del Juzgado de guardia.

Y mañana...
El Maurice Chevalier español... era aragonés




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