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El último día de la estación del Arrabal

Mariano García 11/05/2011 a las 21:10
Arrabal



Las ciudades se transforman a velocidad de vértigo. Si no se hubiera conservado en parte, hoy nadie se acordaría de la estación del Arrabal, que durante casi cien años fue clave en Zaragoza. El 30 de septiembre de 1973 fue el último día en que entró en ella un tren de viajeros. Y éste es el reportaje que Alfonso Zapater publicó en HERALDO:
Hoy funcionará por última vez como estación de viajeros. Hoy es el día de la nostalgia para la estación del Arrabal. Seguirá en pie, eso sí; pero sus puertas sólo estarán abiertas a las mercancías. El calor humano, el bullicio y algarabía característicos de los trenes de viajeros, que entraban y salían a diario, habrá desaparecido para siempre.
Hoy saldrán, si es que salen, los últimos pañuelos de despedida, agitados al viento. Cuántas veces -¡ay!- al cierzo aragonés. Desde el Arrabal se sentía -se seguirá sintiendo, pero de otra manera- la más fuerte vibración zaragozana, con las torres del Pilar al fondo.
La estación llegó a contar con cerca de dos mil empleados y obreros, y ahora sólo quedará un centenar.

-No creo que llegue a tanto.
Así me lo confirma don David Sendino Gutiérrez, ayudante técnico sanitario -practicante de la Renfe-, que lleva más de treinta y dos años al frente del botiquín de la estación, donde ingresó para sustituir a su padre.
-De hecho, casi toda mi vida ha transcurrido aquí.
Recuerda cómo descendió el índice de los accidentes al suprimir las máquinas de vapor.
-Yo bajaba a ayudar a mi padre. Casi todas las prácticas las hice aquí. A los trece años asistí a una operación con el doctor Marraco. Era una amputación, y me quedé con la pierna en la mano.
-¿Qué recuerdos se han quedado más profundamente grabados en usted?
-La guerra -no ha dudado un momento-. Aquí venían los trenes-hospitales. He visto esa explanada llena de gente.
-¿Jornadas agotadoras?
-Muchas. En un sólo día tuve ciento diez bajas, por gripe. Fue aquella epidemia de hace unos años. Y cuando el brote colérico tuve que vacunar yo solo, sin ayuda, a cerca de mil personas.
Don David Sendino es uno de los veteranos de la estación del Arrabal. Probablemente sea el practicante más antiguo de la V Zona de la Renfe. Por otra parte, en su experiencia arrabalera no sólo cuentan los más de treinta y dos años de actividad profesional, oficialmente, sino todos aquellos otros de su niñez, que los pasó junto a su padre.
-Ahora ya voy para los cincuenta.
-¿Cuál es la edad media del personal que presta sus servicios actualmente en la estación del Arrabal?
-De cuarenta y cinco a cincuenta años.
La Renfe ha sido generosa al conceder la jubilación a todos aquellos que habían cumplido los cincuenta años. Son muchos, por tanto, los que se han acogido a la misma. Los demás han sido trasladados a distintos servicios en Zaragoza. Sin embargo, puede la nostalgia del último día en que la estación funcionará para viajeros. No hay previsto ceremonial alguno. Han transcurrido ciento doce años desde que el rey consorte Francisco de Asís inauguró el servicio, el 26 de septiembre de 1861, y tan dilatado periodo de tiempo no ha pasado en vano. La historia española de más de un siglo ha desfilado por la estación del Arrabal y ha dejado huella. Nuestro redactor religioso, don Juan Antonio Gracia, recordaba ayer que durante seis años consecutivos celebró misa en la estación del Arrabal.
-La sala de primera clase se convertía en capilla.
Ahora, al cabo del tiempo, al cabo de más de un siglo, el adiós parece demasiado frío y protocolario. Cierto que la estación seguirá en su sitio, prestando servicio de mercancías; pero no será lo mismo. Faltará la emoción de las despedidas y la alegría de los reencuentros. La estación quedará como huérfana del pálpito humano.
La fonda abrió ayer sus puertas por última vez. Y ayer las cerró definitivamente, después de cincuenta y ocho años en manos de don Francisco Tijero. También aquí se produjo la sucesión de padres a hijos. Así, desde 1915 hasta nuestros días.
-Don Francisco Tijero -me informan- se va ahora sin ningún derecho, debido al contrato que tenía suscrito con la Renfe. Ni jubilación ni indemnización alguna.
Borrón y cuenta nueva para el pasado. Hoy es el día de la nostalgia para la estación del Arrabal, a la que han buscado un nuevo cometido. Los tiempos cambian e imponen sus condiciones. Habrá que pensar, pues, en una nueva etapa arrabalera, con más industrialización y menos folklorismo viajero. Por eso es un adiós nostálgico, pero sin pena.

Y mañana...
La calle elitista y pacífica




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