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El belenista de los premios

Mariano García 23/12/2010 a las 01:53
belén



El reportaje de hoy no es especialmente llamativo, pero necesitaba despedir el año con un texto navideño. Con esto cierro Tinta de Hemeroteca hasta después de Reyes. Seguiremos entonces la serie de las calles y, si puedo, les prometo darles alguna sorpresa más. 
No hay mucha afición artística hacia los belenes en nuestra ciudad. Los belenes, que quien más quien menos coloca con ilusión en su casa, son belenes ingenuos, sin grandes pretensiones, tal vez con la única de despertar en la gente menuda un principio de fe, de alegría. No hay muchos belenistas, y por eso resulta particularmente grato e interesante charlar con uno de los pocos que hay. El es don Nemesio Bonet, que cuenta con varios primeros premios en este pequeño arte. Premios de cuando éstos existían, creados por la Obra Belenista o Educación y Descanso. Sin embargo, hace dos o tres años que don Nemesio Bonet no pone sus manos creadoras en ninguno. El motivo es que su trabajo profesional le absorbe. Pero charla con la periodista sobre este tema con auténtico entusiasmo y conocimientos profundos.
Es el entusiasmo que un año le hizo dejar todo y marchar con su señora a Barcelona con la simple intención de ver belenes.
-Allí sí hay afición. Hacen todo un arte de esta obra pesebrista, como ellos la llaman.

Don Nemesio Bonet me cuenta que en él se inició la ilusión de manera muy simple.
-Poniéndolo para mis hijos, como hace tanta gente. Luego, viendo cómo les hace tanta gracia a los niños y a los demás se va tomando uno más interés.
Y llega la superación y el disfrute.
-Sí, porque se disfruta haciéndolo. Cuántas veces me he quedado yo dos y tres horas y más, de noche, trabajando con verdadero gusto.
-¿Cómo trabaja usted, señor Bonet? ¿Tiene algún estilo propio?
-Bueno, yo hago casi todo a base de escayola. Con planchas que yo mismo me fabrico con procedimientos muy simples.
El señor Bonet ha tenido la amabilidad de mostrarme algunos que él guarda desde hace varios años. Y sobre ellos vamos conversando y haciendo comparaciones.
-¿Qué es lo esencial para conseguir un buen belén?
-Para mi entender, lo esencial es la perspectiva, las proporciones.
Para dotar de esta perspectiva al beíén, don Nemesio Bonet coloca siempre en primer término unos arcos, unas 'bocas', un pretexto a la vista que dan lugar a verlo todo, desde el primer momento, con un sentido de la perspectiva. Se pueden ver calles enteras que van a desembocar al campo. Escaleras de piedra que van ascendiendo a lo mejor hasta una pobre casa del tiempo y del estilo correspondientes. Parece como si tuviera que haber kilómetros y kilómetros detrás de estos arcos. Pero no es así.
-¡Qué va a ser! Hay un fondo máximo de setenta centímetros. Y con ese fondo se pueden hacer grandes cosas.
Pueblos enteros de casitas minúsculas y ventanas más minúsculas todavía, dotados de una luz, sin embargo, que don Nemesio instala. Además de pueblos hay castillos, árboles, montañas, todo trabajado y relacionado con exquisita exactitud.
-Claro, claro; tiene que ser un conjunto y todo debe complementarse.
En los belenes que se hacen para los niños, todo está bien. Para personas mayores hay que hacer otra cosa, algo más. Un conjunto con armonía, un conjunto con realismo, que pueda convencer...
El realismo es importante en un belén de mayores. Los árboles que emplea el señor Bonet son de verdad. Quiero decir naturales. Están sacados, a lo mejor, del mismo campo.
-Mire, estas son las raíces del tomillo. Hay que estar pensando en ello y aprovecharlo todo. A lo mejor vas de paseo por el campo y ves cosas que pueden resultar muy bien; una rama, una piedra
determinada... Hay que tener una cierta imaginación para darse cuenta de que eso precisamente va bien, imita el paisaje de Belén.
Para eso, don Nemesio Bonet posee ojo crítico, no cabe duda. Me enseña pequeñísimos arbolitos redondos o como retorcidos que imitan olivos y que pegan de maravilla junto al castillo o enmarcando
un pueblo o asomando detrás de los arcos primeros... Cuando no encuentra lo que a él le llena tampoco tiene problema, porque siempre con la escayola es capaz de crearlo; luego, una capa de pintura
adecuada completa el árbol, la hiedra o lo que quiera figurar. Las columnas, los restos de lo que parecen viejos palacios también aparecen en los belenes que ha hecho el señor Bonet y que puedo
admirar a través de una colección de fotografías también hechas y reveladas por él.
-¿De dónde tomó usted este carácter que da a sus belenes?
-Copiarlo, de ningún sitio, porque copiar lo que ya ha hecho otro, pues ya es no hacer nada propio. Pero, claro, yo me hie fijado en muchos detalles, en libros, en postales, en mil publicaciones. De aquí, una cosa; de allí, otras, te haces una idea. Todo se va perfeccionando con el tiempo. Los primeros belenes que yo hice no son iguales a los que hice hace sólo tres años. Son mejores los últimos, claro; más completos, mejor estudiados.
Con todo, obtiene tal dosis de verismo en su belén que, una vez, contemplándolo, el arzobispo doctor Morcillo le dijo, señalando una figurada balsa:
-Bonet, si meto los dedos, ¿me mojaré?...
El montaje de los belenes que estoy viendo es tan detallado, tan expresivo ya, que no puedo por menos de preguntar a don Nemesio Bonet:
-Las figuras, para usted, ¿están en segundo término?
-No, en absoluto -me contesta él-. Si las figuras son de calidad, nunca pueden estar en segundo término en un belén. Están, siempre en el primero, y todo lo demás queda como escenario.
Este primer término a que nos hemos referido, se entiende, sirve en cuanto al valor total del conjunto, no a la situación material de las mismas, porque en cuanto a su lugar en el espacio, don Nemesio
es partidario de alejar las figuras.
-En efecto, hay que colocar ante la vista del espectador otras cosas, hay que alejar las figuras. Y tener muy en cuenta, como es lógico, su tamaño.
Que no todas sean del mismo. Primero se colocarán las más grandes, y luego las medianas, y al final las pequeñas. Tener en todo momento presente la proporción y la relación de unas cosas con otras.
Que el primer golpe de vista encuentre en el belén una realidad, no una ficción.
-¿Por qué cree usted que desaparecieron esos concursos de la obra belenista y la propia obra belenista? ¿Tuvieron éxito?
-Éxito sí tuvieron. Pero, ya sabe usted, si no hay uno que se preocupa y se sacrifica, pues, en fin, todo se viene abajo. Con mucho gusto sería yo ese uno, pero, le repito, mi trabajo profesional me absorbe
ahora más que nunca.
Lástima. Lástima que se pierda este interés colectivo por el belén artístico, el belén para mayores, que parece ser que hubo hace unos años. Porque gente capaz de interesarse por ellos sí que la hay. Así, cada uno en su casa, sin formar conjunto. Y, eso sí, cuando ven adjudicado un premio, esa misma gente toma buenamente la dirección donde está el belén premiado y va a visitarlo.
-Es que se cae uno de gusto cuando ve algo bien hecho -dice el señor Bonet, uno de nuestros pocos belenistas, que nos ha dado estas ideas generales sobre lo que puede llegar a ser todo un arte.

Pues eso,  que el 2011 llene sus hogares de salud y que disfruten de estas fiestas con los seres más queridos.
Un feliz Año Nuevo para todos.




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