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El torero que cantaba cuplés

Mariano García 24/11/2010 a las 00:24
Torero



Suelo evitar en el blog personajes que no sean aragoneses pero no he podido sustraerme a la tentación de traer aquí, por lo insólito, el caso del mexicano Jorge Carrillo. Esta entrevista se publicaba en octubre de 1966.
¿Nada nuevo bajo el sol? En ocasiones, sí. Este es el caso de Jorge Carrillo "Chavalillo", torero mejicano, más concretamente de Guadalajara, quien se va abriendo paso por esas plazas con un insólito espectáculo. Lo anuncian para matar, como único espada, cuatro toros, y entre el segundo y el tercero se despoja de la casaquilla y, al frente de una orquesta, canta cuplés. 'Ojos Verdes', 'La Salvaora', 'La Parrala', todo eso que ha surgido de la inagotable vena de los señores Valverde, Lesa y Quiroga. "El Chavalillo" dice que lo hace bien, que es "un auténtico profesional en sus dos facetas". Pero inmediatamente subraya que "lo verdaderamente suyo es el toro". "Por eso, para abrirme paso y llamar la atención de las empresas -nos ilustra- decidí crear este espectáculo de un solo hombre. No me puedo quejar porque van surgiendo contratos. Ahora que, donde me llamen para actuar en una terna o en un mano a mano, me olvidaré por completo del canto y hasta de la música. La que mejor me suena es la de las ovaciones, pero subrayadas en el corte de orejas".
Curiosa historia la de Jorge Carrillo. Es desde luego un infatigable luchador y tiene simpatía personal. En 1962 estuvo en España. Entonces era novillero. No pudo torear porque no llevaba los tres contratos en regla que exige el actual Convenio Taurino. Regresó a Méjico y emprendió una larga excursión por Centro y Sudamérica. Donde no se vestía de luces se presentaba como cantante. En Lima actuó con éxito en muchas novilladas y tomó finalmente la alternativa de manos de Raúl Ochoa "Rovira", teniendo como testigo a Enrique Vera, en La Paz, Bolivia.
En su récord de proezas tiene la de haber llevado, junto con Rovira, la fiesta de los toros a la República de Chile. Fue en el mismo año de su doctorado, el de 1964. Corridas incruentas, con toros peruanos, que llenaron el estadio Dittborn de la ciudad de Arica. En enero de este año retornó a Méjico. Se dio de inmediato cuenta de que era difícil abrirse paso y... surgió entonces el torero cantante.

"Después de matar dos toros no es cosa fácil tener la serenidad suficiente, agitado por el esfuerzo físico de la lidia y la tensión nerviosa del peligro, para cantar bien. Pero sé que lo hago porque me tocan con fuerza las palmas."


Naturalmente no le faltan las críticas adversas. "¡Esto es lo único que nos faltaba: un cupletista torero!", dicen los aficionados severos frunciendo el ceño. Pero el hecho es que "El Chavalillo", tesonero, va cortando orejas por esas plazas y lanzando gorgoritos al viento mientras inunda con su publicidad los cafés donde se escandalizan los taurófilos; los "affiches" dicen con gruesas letras: "Jorge Carrillo "Chavalillo". ¡Ese es el hombre!"

Y ahí le pueden ver cantando en mitad del ruedo. Si alguien sabe más cosas de él, que las cuente.
Y no quiero despedirme hoy sin agradecerles sinceramente las contribuciones al 'post' del pasado viernes. Creo que al final de la serie de las calles y barrios de Zaragoza habremos recordado con nostalgia muchas cosas que creíamos olvidadas. Y les voy a adelantar el tema de la próxima entrega: ¿Cuál es la calle obsesionada por mantener la línea? Pero no adelantemos temas...

Y mañana...
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