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Blog - Tinta de Hemeroteca

por Mariano García

¿Era el hombre-mujer un místico enloquecido?

misterio
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Antes que nada, si ha llegado aquí sin saber nada del hombre-mujer encontrado en 1897 en el Burgo de Ebro, por favor, empiece la historia desde el principio pinchando este enlace:

Bueno, ayer dejábamos a Tost bajo sospecha de anarquista, pero con algunos datos 'raros', como los catalanes que viajaban con disfraz de cura, que al parecer no tenían nada que ver con Tost. Y con la constatación de que, al parecer, no era la primera vez que el hombre-mujer aparecía encadenado a un árbol. Todo esto sucedía el 17 y 18 de diciembre de 1897. Como el suceso centró la atención de todo el país, las novedades se sucedían prácticamente jornada a jornada. El 20 de diciembre el suceso dio un vuelco, primero porque se había detenido y puesto en libertad (por no estar complicado en el asunto) a El Chato de Reus, un presunto anarquista que no lo era. Y, segundo, porque Tost hizo una confesión:

Decíamos antes que Tost pidió ampliar su declaración el sábado y que el juzgado oyó a Tost. ¿Qué dijo? Además de la religión del trabajo, de que Virgili Americh -esposa de Tost-, habló al periodista de Reus como religión única de su marido, Tost es, al parecer, católico y devoto, hasta el punto de haber ofrecido el sacrificio que ha realizado si conseguía un fin que se había propuesto: debió conseguirlo y 'cambió de sexo', padeciendo persecuciones por la justicia en la forma que las viene sufriendo. A un amigo suyo expuso el voto que había hecho: compró la ropa de damisela, vino a Zaragoza en compañía del 'raptor' y vistiéndose y colocándose las argollas de los pies y del cuello no hizo el amigo más que ayudar la faena y cerrar el candado de las manos, marchándose y dejándole allí entregado a su voluntario martirio.

Así pues, Tost, con su confesión, parecía ser un devoto enloquecido, un místico pasado de rosca. Pero no vayamos tan rápido, que en este caso nada es lo que parece. Cuando nuestro protagonista  declaró de nuevo ante el juez, habló de promesa, sí, pero lo religioso pasó de puntillas por sus palabras. Sin embargo, las diligencias que se practicaron tras sus palabras, fueron tan contundentes que el HERALDO del día 21 de diciembre no dudó en titular: "Ya no hay misterio. ¡¡Por fin!!":

De esto parece tratarse, de una promesa. La hizo Tost hace 20 años, y consistía en la extravagancia de vertirse de mujer, sujeto por fuertes cadenas, en tierra extraña...

¿Que por qué fue a El Burgo? Pedir lógica a Tost es lo mismo que pedir peras al olmo. Fue -según él- porque El Burgo era tierra extraña y porque vio en el mapa que pasa, por la mencionada población, el caudaloso río Ebro.

Además, El Burgo llamó su atención...

-¡El Burgo!, ¡El Burgo!... -pensó-.

Y a El Burgo fue a cumplir lo ofrecido.

¿Y los hombres que bajaron en la estación con Tost?

¿Y los que cruzaron el río?

Esta es la duda que se ocurrirá a cualquiera.

Pues... bajaron y pararon, si tal sucedió, que todo es posible, sin que tuviese el hecho relación con el suceso de autos. Un caso más en que no pocos se han pasado de listos olvidando que la coexistencia no es la casualidad.

-Se me metió esta idea en la cabeza y trabajé y trabajé mucho para urdir la trama, que -dice Tost- no se hubiera sabido (lloros) si mi padre (más llanto) no me maldice (Tost se anega). Yo escribí a los almacenes de El Siglo, de Barcelona, encargando ropa de mujer en 30 de noviembre de 1896 y volví a escribir este año. La primera vez envié unos figurines dibujados por mí, con las medidas necesarias. Firmaba con el nombre de una señorita, nombre que había leído en una novela que tengo, así como el de 'La querida vengadora', que me delataba de un hecho criminal. Hice las argollas, los candados, las cadenas y todo lo necesario, y el día 11 de diciembre salí de Reus en un mercancías, tomé el correo, luego el exprés y luego el correo que me llevó a El Burgo. Venía de Reus vestido con las medias y las argollas puestas. La cadena que pendía de una de ellas la sujeté a la pierna para que no hiciera ruido, y en el bolsillo me puse los candados, que no han tenido nunca llave, cerrándose por medio de un resorte...

-¡Ah! (con extrañeza).

-En el hato llevaba todo lo demás.

Accediendo a lo solicitado en el dictamen fiscal, se acordó ayer por el juzgado, al oir al individuo, que Tost se vistiese como fue a El Burgo. Pocos momentos después la cosa estaba hecha y Tost llevaba las medias y las argollas en la forma descrita, si bien con el exterior masculino. Tapaba la argolla del cuello una manta que caía por delante y la cadena que de ella pendía iba por la espalda.

-Una vez en El Burgo -continuó Tost, uniendo la acción a la palabra-, me quité la ropa de hombre procediendo a vestirme de mujer. Sujeté con un candado la cadena que me unía las piernas (lo hace) y el chopo...

-¡Esta reja hará de chopo! -se interrumpió-.

-Bien -prosiguió-, pasando la cadena por el chopo, uní dos eslabones con este otro candado do resorte... (hecho). Estaba ya sujeto y una cuerda alrededor de la cintura hizo que quedase amarrado al chopo.

Fijándose en la cadena, exclamó:

-De esa cadena, que llevaba en las manos, han quitado un eslabón y es imposible sin él atarme. ¡Hágase el eslabón! (Se hace de un bramante).

-Di dos vueltas a la muñeca izquierda y una a la derecha.

Se abre el candado de letras con la combinación 'Dúo' (así es).

-Lo cerré (sigue siempre el actor practicando las operaciones de que habla), y pude descomponer el 'secreto' del candado. Con la mano derecha fui poco a poco pasando unas ligaduras de la izquierda, así: (Tost introduce los dedos, una vez sujeto el resto de su persona, y con movimientos lentos va haciendo pasar una de las vueltas de la cadenilla a la muñeca derecha).

-¡Ya está!

-Ahora quedo sujeto en forma imposible de que se comprenda que he sido yo mismo quien me he atado, y tan fuerte que me es imposible desligarme de las cadenas si ustedes no lo hacen. ¿Soy un buen cerrajero, ¿verdad? Las orejas me las horadé en Reus con una aguja de cabeza negra que conservé entre las ropas por si se cerraban las incisiones. Una vez puestos los pendientes, la arrojé al río. Toda mi ropa de hombre, incluso el reloj -continúa- la arrojé al río Ebro, no quedándome otra cosa que las 8'30 pesetas y los cigarros que se me encontraron, porque me gusta mucho fumar. La cartera que se ha hallado en mi casa con tafetán y recetas son cosas mías, que soy muy raro. Mi mujer nada sabía de esto que yo pensaba y por eso me llevé el gorro de dormir, que es de ella, y las medias y las botas. ¡Perdón, señores, si les he hecho trabajar tanto!

-¿Porqué lloraba Vd.?

-¡Ah! ¡tengo hechas muchas comedias!...

-¿Por qué dijo usted lo de Weyler?

-Porque me lo preguntaron y creí así salir del paso. Yo no he sido anarquista ni sabía que Weyler viniera en mi mismo tren.

-Y ahora...

-Ahora les pido por Dios una taza de caldo y un cigarro y que le digan a mi padre que me perdone; ¡que retire su maldición! ¡que no soy criminal!

He ahí todo. Enseguida se soltó a Tost; se le desnudó y se le puso en comunicación. Tal vez hoy o mañana será puesto en libertad si no pasa al hospital, pues está muy demacrado y enfermo desde que su padre lo maldijo. Ayer tomó caldo y fumó... ¡Pobre loco! y ¡qué miedo hizo! ¿Verdad, señores?

Por no ser excesivamente largo en los textos, he abreviado o silenciado muchos datos más o menos curiosos. Dos de ellos los habrá pillado al vuelo ahora el lector. Uno, que un momento dado se creyó en la existencia de más hombres que bajaron del tren junto a Tost, y que incluso atravesaron el Ebro en una barcaza junto a él. Y el otro es que al poco de llegar a Zaragoza, el padre del hombre-mujer se ganó la atención de los periódicos al maldecir públicamente a su hijo por su mala cabeza. Esto explica lo que se comenta arriba.

Y llegados a este punto, con la historia ya cerrada y el hombre-mujer a punto de quedar en libertad,  he de confesarles una cosa: he hecho trampa. El día en que publiqué la primera entrega de esta historia, uno de los lectores habituales de Tinta de Hemeroteca, Manuel Bernal, me cazó, y de qué manera. Imagino que zambulléndose en hemerotecas digitales, logró dibujar perfectamente por dónde iban a ir las siguientes entregas. Haciéndome valer de mis prerrogativas de administrador del blog puse en 'cuarentena' su comentario con el objetivo de no matar la intriga de estos días. Aunque le expliqué los motivos, y no lo vio mal, vuelvo a pedirle perdón aquí por esa fechoría, que cometí en beneficio del resto de los lectores. El comentario ya está validado en la entrada correspondiente, y lo vuelvo a reproducir aquí, porque es de justicia.

"Indagando un poco, el misterio se ha acrecentado para mi.

- Las ropas de mujer con las que apareció vestido parece ser que las compró directamente a través de un mandado, o también pudiera ser que otros hicieran ver que las compraba él.

- También comentan, o dicen, que pertenecía a un grupo anarquista que quiso atentar contra alguna autoridad. ¿Las ropas eran un disfraz? ¿No se atrevió a llevar a cabo el atentado y por ello lo dejaron abandonado en la mejana? Pero, en este supuesto, ¿no sería lo más lógico que se hubieran desecho del infeliz de otra forma y sin dejar pistas?

- O también pudiera ser un chalado, que hubiera prometido a la Virgen que si se curaba aparecería atado y vestido de mujer, tal y como él mismo declaró. Hay que estar muy pasado para siquiera imaginar esto.

Con ansia espero que mañana nos desveles el misterio que encierra esa carta.

Saludos"

Y ahora, colorín colorado, que el cuento del hombre-mujer se ha acabado. ¿No?

Pues no.

Mañana y pasado habrá dos nuevas entradas. No se preocupen, que son muy breves, no les llevará ni un minuto leer cada una de ellas. Y les sorprenderán. Y el lunes... el lunes reproduciré la última noticia que publicó HERALDO sobre el caso.

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