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El zaragozano que luchó con el mariscal Montgomery

Mariano García 21/10/2010 a las 02:30


No sé si se habrá escrito o no, pero creo que se podría hacer un libro bien interesante con las historias, aventuras y peripecias de los aragoneses que lucharon en la Segunda Guerra Mundial en el bando de los aliados. Uno de los personajes menos conocidos es Ramón Tobeñas Cirac, que fue algo colaborador cercano del mariscal Montgomery aunque él, con esa humildad tan aragonesa, apenas quería hablar del asunto. En una de sus visitas a su tierra, en 1969, le entrevistó Alfonso Zapater:

Don Ramón Tobeñas Cirac, un zaragozano nacido en Caspe, luchó al lado del mariscal Montgomery en África. Conoció al mariscal personalmente. Estuvo a sus órdenes directas. Y ahora, al cabo de los años, no duda en confesar:
-Monty era un hombre inteligente y enérgico, a pesar de lo poco que aparentaba.
-¿Había más españoles con el VIII Ejército?
-Ciento ochenta y cuatro. Una compañía completa.

-¿Qué trato recibieron de Montgomery?
-Lo queríamos mucho y estábamos con él.
-¿Dónde tuvo ocasión de conocerlo más de cerca?
-En Argel.
Este veterano del VIII Ejército, que pronto cumplirá los 67 años, reside en Inglaterra. Pero siempre que tiene ocasión va a pasar una temporada en su ciudad natal. No es muy dado a la conversación. Piensa que el pasado apenas cuenta en la vida de un hombre. No le agrada recordar los avatares de la guerra. A duras penas logramos conseguir el relato de cómo se enroló en el VIII Ejército y vistió el uniforme de los paracaidistas del popular mariscal inglés.
-Estábamos en Francia -dice- y fuimos trasladados a un campo de concentración en el norte de África. Nuestras condiciones de vida eran pésimas. Entonces desembarcaron los aliados y nos propusieron enrolarnos con las tropas del mariscal Montgomery a cambio de nuestra liberación. Yo pedí condiciones. Prometieron ayuda monetaria a mi familia. Seguridad de cara al futuro.
-¿Y fueron muchos españoles que aceptaron?
-Todos los de mi compañía.
-¿Frentes de operaciones en los que estuvo presente?
-En Orán, Argel, Túnez y parte de Alejandría. También había otra compañía formada por portugueses. Cuando finalizó la guerra, todos fuimos a Inglaterra. Montgomery lo ordenó así. El VIII Ejército nos dispensó especial trato. Veló por nosotros, como si de una madre se tratara.
Los recuerdos se van agolpando y adquiriendo mayor precisión.
-Embarcamos para Inglaterra el 17 de octubre de 1944, para llegar a Glasgow tres días más tarde.
-¿Qué hizo cuando dejó sus ropas de paracaidista?
-Me dieron trabajo en una fábrica encargada de confeccionar trajes civiles para los militares que eran desmovilizados. Pero antes me concedieron noventa y cinco días de permiso, pagándome una pensión de dos libras y media semanales. Cuando terminó mi compromiso con el VIII Ejército me enviaron un cheque de setenta y cinco libras.
Funcionaba una bolsa de trabajo encargada de dar ocupación a los que venían del frente. Nuestro hombre pasó de un trabajo a otro. Estuvo en la construcción, en la Ford  pintando coches a pistola...
-Pero en 1958 vino una crisis y despidieron a cinco mil de los quince mil obreros que éramos. Y como yo ingresé de los últimos...
-Quedó en la calle.
-Sí, pero la bolsa de trabajo continuó pagándome hasta que conseguí un puesto en una fábrica de muebles.
Don Ramón Tobeñas lleva veintiséis años en Inglaterra. Ahora, ya jubilado, percibe su pensión de trabajo y puede permitirse el lujo de pasar largas temporadas en Caspe, recordando los años de su niñez. Tiene familia en la ciudad bajoaragonesa, donde goza de generales simpatías.
Algunos, los más jóvenes, comentan al verlo:
-Es un veterano del VIII Ejército. Fue uno de los soldados predilectos de Montgomery...
El antiguo paracaidista no es dado a exagerar. Por el contrario, se limita a comentar:
-Siempre recibí buen trato por parte de todos.
Tiene dos hijos casados en Inglaterra.
-Me nacionalicé -se justifica- cuando traje los hijos. Necesitaba acomodación. Luego compré una casa.
-¿Y se desligó definitivamente del Ejército?
-Sí, por más que volví a recibir un escrito, al cabo del tiempo, comunicándome que si en la vida civil no encontraba lo que esperaba, nuevamente me recibirían con los brazos abiertos.
-¿Cómo ha encontrado a España a su regreso?
-Ha progresado el cien por ciento.
-¿Incluyendo su ciudad natal?
-Algunas calles aparecen tal como estaban hace cuarenta años. Sin embargo, ha progresado en maquinaria agrícola y en urbanización. Le hace falta industria...
-¿Cuál fue su última misión en África?
-Quedaba un reducto en Bone, entre las fronteras tunecina y constantina. Representó el final para las tropas de Rommel.
Don Ramón Tobeñas Cirac tiene, a buen seguro, un interesante anecdotario por relatar. Pero no es partidario de las palabras. Es un hombre feliz, entregado al presente mucho más que al pasado. Sin conceder demasiada importancia al hecho de haber vivido junto al mariscal Montgomery importantes capítulos correspondientes a la historia de la última guerra mundial.

A lo mejor algún caspolino puede contarnos algo más de este personaje, que a buen seguro tiene familia aún allí. Y, si no, seguro que alguien nos puede contar la peripecia personal de algún otro aragonés que combatiera en la guerra mundial. 

Y mañana...
Un bulto misterioso... pero no tanto




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