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¿Qué ha sido de los gusanos de seda?

Mariano García 07/07/2010 a las 23:35
gusano-copia



Imagino que muchos de los lectores, como yo, habrán tenido en su infancia gusanos de seda. No sé si los han prohibido,  han dejado de ser rentables y ya nadie los vende, o qué, pero el caso es que hace muchísimos años que no veo a un niño con la consabida caja de cartón agujereado entre las manos. El caso es que en los años 30 eran popularísimos, hasta el punto que se llegó a crear una especie de mercadillo en una plaza de Zaragoza. En 1935 HERALDO publicaba este reportaje:
A media mañana, el mercado de verduras que los huertanos establecen todos los días en la Plaza de Lanuza, queda, por lo general, limpio de puestos. Pero una hora después, en aquellas aceras, el transeúnte puede contemplar otros puestos de venta, bastante más pintorescos que los anteriores. Se trata de un nuevo mercadillo, que ha nacido a la vida de las transacciones comerciales, por obra y gracia de unos cuantos muchachos. De varios chiquillos que no sabemos si por afición a esa rama de la industria que se llama la 'sericicultura', o influidos por el espíritu mercantil de la época, se han convertido en unos avispados traficantes de gusanos de seda y de hojas de morera para alimentar a los gusanos.
Lo curioso es que el mercadillo existe, y durante todo este pasado mes de mayo ha tenido días y momentos de numerosa concurrencia de compradores. Ya el 'Mirador de la Ciudad', registró el hecho. Pero fuerza es volver sobre el tema, que hoy por hoy, constituye la actualidad de toda la chiquillería zaragozana. Y a muchos de estos niños que han tomado para sus juegos infantiles ese otro 'juego' de la cría de gusanos de seda, en cuyos cuidados alternan hasta las personas mayores de la familia, no estará de mas explicarles cómo nació en Europa, y más concretamente en España, esa afición que, bien lograda, constituye una fuente de no despreciable riqueza. Nada menos que se remonta al siglo VI, durante el reinado de Justiniano, la fecha en que se conoció por los europeos ese gusano tan brujamente diestro, en telas tan codiciadas.
Fueron dos frailes griegos, quienes consiguieron transportar hasta Europa, hasta Constantinopla, desde una colonia del Celeste Imperio, el gusano de seda. Transporte que no estaba libre de dificultades y peligros, puesto que la exportación de tal insecto se hallaba rigurosamente prohibida. ¿Y sabéis cómo se las arreglaron los frailes para llevar a cabo su empeño?... Pues introduciendo en el hueco de un bastón varios huevos de este precioso lepidóptero. Que luego hicieron salir de los huevos al calor del estiércol.

Aquellos frailes -la Historia no ha conservado sus nombres- fueron los que enseñaron a los curiosos el arte de criar los gusanos y el de emplear sus productos. Mucho después, en el siglo IX, los árabes que anteriormente a esta época habían transportado el gusano de seda a tierras de África, lo propagaron a la Península Ibérica -entonces casi todo nuestro suelo estaba dominado por ellos- y a partir de entonces, la cría de gusano de seda y la industria sedera, tomaron tales vuelos que llegaron a constituir una inmensa riqueza. Se llegaron a criar gusanos de seda en España con tal profusión, que con sus productos se surtían de telas de seda los mercados públicos de la mayor parte de los pueblos de Europa. Solamente en Sevilla existían durante los años 1520 a 1540 dieciseis mil telares de seda. Si comparamos aquella época con ésta veremos que la industria sericícola, por desgracia, ha ido bastante a menos en lo que a nuestra nación se refiere.
El gusano de seda suele vivir treinta y tantos días, en cuyo espacio de tiempo muda de piel hasta cuatro veces, y se alimenta de hojas de morera común. Durante el tiempo de la muda, se aletarga y deja de comer, pero luego le alimenta el apetito considerablemente. Cuando el gusano va a transformarse en crisálida busca un sitio apropósito para la construcción del capullo que le va a servir de tumba, puesto que en él se va a encerrar para morir. Como dice Tirso de Molina... "amor tirano -de seda ha sido el gusano- pues mi sepulcro labré...".
Capullo que a los tres días está ya formado. ¡Y de qué manera más admirable!... Por un solo hilo, de una finura maravillosa, arrollado al cuerpo del animalito. El tamaño regular de este hilo, extendido, puede alcanzar hasta muy cerca del medio kilómetro..., unos trescientos cincuenta a cuatrocientos metros.
La crisálida se convierte en insecto perfecto al cabo de unas tres semanas, y llegado este caso, humedece con su líquido la cubierta, practica en este punto un agujero, y... sale por fin al exterior convertido en mariposa.
Hemos querido celebrar una interviú con unos niños. ¿Quiénes mejor que ellos, los que se dedican en estos días a estos afanes y cuidados de los gusanos de seda? Y el azar nos ha colocado frente a dos muchachitos -Rafael y Alberto Bonet Marqués- inteligentes y estudiosos. Cuando les exponemos nuestro deseo de conocer las intimidades de sus experiencias, se apresuran a mostrarnos las cajas de cartón -unas cajas que antes han contenido zapatos y ahora están convertidas en 'fábricas de seda' -en las que aparecen varias docenas de capullos.
-¿Cuántas mariposas os han salido? -les preguntamos.
-Hasta ahora dos. Y, por cierto, de diferentes formas. Se han unido por la parte de atrás, por donde tienen una especie de pequeña trompa, y nos han puesto unos ciento cincuenta huevos -dice el mayor de los dos chicos.
-Sí - interrumpe el más pequeño-. Pero hace unos días, antes de conseguir estas dos mariposas, tuvimos que tirar tres 'cadáveres'... Vivieron seis o siete días y no nos pusieron ningún huevo... ¿Que no habría macho y hembra, verdad usted?
-¿Y qué hacéis luego con los huevos?
-¡Toma!... Pues los guardamos hasta que salga el gusano otra vez. ¡Que no sabemos cuánto tiempo tardará...! Quizá no salga hasta el año que viene, y si no hay desgracia en los huevos, tendremos unos cientos de gusanos.
-Pero -interrumpe el otro- entonces tendremos que tener un gran cuidado para que no se mueran. Yo no sé en qué consiste, pero casi siempre se nos mueren más de la mitad.
-¡Que no sabremos cuidarlos como se debe! -comenta su hermanito.
-Y vamos a ver. ¿Cómo nacieron vuestras aficiones?...
-En un libro que se titula 'El tesoro'. Cuando lo estudiábamos hace tiempo en la escuela, vimos que allí se explicaba la formación y el desarrollo del gusano de seda.
-Y nos animamos a hacer unos ensayos, para ver de cerca la misteriosa transformación. Casi todos los chicos hacían lo mismo.
El mayor de los hermanos, sentencia:
-Además, porque los maestros siempre nos han aconsejado que debemos estudiar en la Naturaleza, para ver los curiosos fenómenos que se producen en la vida de los animales y de las plantas. ¿Pero es que va usted a decir todo esto en el periódico?...
-Naturalmente.
-Pues entonces diga usted también que ahora hay mucha competencia en la venta de gusanos.
-¿Competencia?
-Sí, señor. Algunos chicos venden los gusanos pequeños a cuatro, cinco céntimos, otros dan cinco y hay quien, para hacer propaganda, da seis gusanos por la perra chica...
-¿Para hacer propaganda?
-Quiero decir, para poder vender al mismo comprador de gusanos las hojas de morera que necesita.
-¡Ah, vamos!... Aparejan las ventas. No está mal. Pero ¿y los gusanos gordos?, ¿a cómo se cotizan?
-Esos, casi todos los venden igual. Tres a la perra chica.
Los dos niños nos explican, muy seriamente, y como pudiera hacerlo cualquier industrial que explicase el funcionamiento de su industria, que los gusanos de seda se guardan en una caja de cartón, en cuya tapa se hacen unos agujeros para que puedan respirar, y se colocan en un lugar fresco. Que en cualquier rincón se deja un poco de tomillo, para que en su día elaboren el capullo con más comodidades, ya que ellos buscan siempre un sitio donde mejor pueden adherirse los hilillos que segregan. Que la alimentación es casi exclusivamente de hojas de morera, teniendo cuidado de que no esté mojada, pues de comerla así morirían. Que para conservar las hojas de la morera, se guardan en un paño mojado, pero luego al darla a los gusanos hay que secarla bien, pues si está húmeda, se hinchan y se revientan. Que una vez preparados en la caja los gusanos solo falta esperar a que hagan el capullo, lo que tarda más o menos tiempo, según la 'edad' de cada gusano. Y que, conseguidos los capullos, que los hay de diferentes formas, tamaños y colores, tardan unos diez días en transformarse en mariposas, las cuales mueren poco después de haber puesto los huevos destinados a la reproducción. Por último, nos afirman que las tormentas suelen ser fatales para los gusanos y que las mariposas no vuelan, pero agitan mucho las alas... En resumen, toda una lección...
¡Una lección que la mayoría de los niños zaragozanos se saben de memoria, porque ha prendido en ellos, a lo que se ve, esta admirable afición por la cría de gusanos.
Pero lo que acaso ignoren muchos de ellos, es que fue la China el país donde primero supieron que se criaban tres clases de gusanos de seda. El del fresno, el de la encina y el del peral. Y que cuentan las antiguas leyendas que los gusanos de este último árbol son los que dan la seda más bella del mundo, y los que la producen en mayor cantidad.
Valía la pena encauzar de una manera oficial y permanente -al igual que se hace en algunas comarcas catalanas- estas aficiones de las niños zaragozanos. Proteger y estimular este conato de la industria de la sericicultura, para llegar a acometer en su día empresas mayores. Los chicos lo agradecerían. Y los mayores no irían tampoco perdiendo nada con ello... Valía la pena tomar en serio esta lección que, jugando, jugando, nos dan todos los años por esta época, los chiquillos zaragozanos... 

Y ustedes, ¿han tenido gusanos de seda?

Y mañana...
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