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Blog - El buen jardinero

por David Navarro

Fresas para alegrar los bancales y el paladar

Vistosas. Sería una lástima montar un huerto urbano y no dedicar aunque sea un rinconcito a los fresales. Es cierto que apenas conseguiremos cosecha y que para comer un plato de fresas necesitaríamos muchos ejemplares. Sin embargo, resulta una planta de lo más agradecida de cuidar y que sorprende por su fuerza al arrojar nuevos brotes, flores y frutos.

Ya que apenas vamos a poder comer fresas, lo mejor es dar a la planta un homenaje y colocarla en el lugar donde crecería más a gusto de manera natural. Los fresales, en la naturaleza, crecen en lugares sombríos del sotobosque, con poca luz y frutos muy pequeños pero increíblemente sabrosos. Nuestros fresales, por desgracia, no son de esa especie silvestre pero también crecerán imparables si reciben el grado de luz adecuado.

El fresal tiene un curioso modo de reproducirse, mediante largos tallos llamados estolones, que se clavan en la tierra y echan nuevas raíces, para formar otra planta. Así, puede arrastrarse en la naturaleza hasta ocupar una buena extensión. También se reproduce por semillas, que suelen desperdigar los pájaros. La mayoría de plantas que hacen uso del color rojo para sus flores o frutos lo hacen con la esperanza de que un pájaro acuda a libar o se coma el fruto y lo disperse a kilómetros de distancia.

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