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El hombre que bebía whisky a lomos de un burro

Mariano García 09/12/2009 a las 03:27
apuesta-copia

 

Pues bueno, el secreto de todo esto es, como algunos habrán imaginado, una apuesta. Quizá no tan espectacular como esta otra, con la que inicié este blog, pero apuesta al fin y al cabo. Me da que este tipo de cosas, entre lo 'freak' y lo divertido, ya no se ven por la ciudad. Y es una pena. La historia la contaba Alfonso Zapater así el 10 de diciembre de 1968.
El domingo, a mediodía, un amplio sector zaragozano se vio sorprendido por un hecho insólito. Sucedió en la zona de la Gran Vía, entre San Juan de la Cruz y la calle de Mariano Barbasán.
Carlos López -más tarde nos enteraríamos de su nombre- recorría las calles de la ciudad montado sobre un pequeño borriquillo, al que hacía detener en todos los establecimientos de bebidas, dejándolo previamente aparcado sobre la acera. Para mayor seguridad, ponía en hora el disco-horario que lucía el jumento sobre la frente, entre la cabezada. Lo mismo que un automóvil... Tras de caballero y jumento seguía un grupo numeroso de gente.
-¿Qué sucede?

Pronto nos lo explicaron:
-Se trata de una apuesta.
Luis Cristóbal ha ofrecido una caja de whisky Lang's si Carlos recorría montado en burro los distintos bares del sector. José Mari, el zapatero del Mercado Gran Vía, se comprometió a pagar todas las consumiciones si la apuesta se realizaba el domingo a mediodía. El recorrido comenzó en el Bar Ortega. Y terminó en el Bar Rubio. Allí tuvo lugar un acto singular; el de constitución de la Peña El Burro,
nombrando madrina a la hija del propietario del establecimiento, señorita Manoli Rubio.
-¿Y el presidente?
-Aquí está. Es Martín Zamora...
El recorrido por las calles no ofreció dificultades. Solo hubo dos embotellamientos y solo en otro par de ocasiones el borriquillo se metió por dirección prohibida. Por lo demás, el caballero conductor, Carlos López, tenía especial cuidado en marcar con el brazo extendido si torcía a la derecha o a la izquierda.
-¿Quién es el propietario del burro?
-El Tío Garrapinillos, de Valdefierro.
-¿Cómo lo habéis traído desde allí?
-Por medio de Mainar, el transportista...
El caso es que, entre bromas y veras, la apuesta quedó ganada. Y las calles correspondientes al sector aludido disfrutaron de un número extra -con el que no sospechaban- en el soleado mediodía dominguero.

A ver si hay suerte y algún lector fue testigo (o protagonista) de la apuesta y puede aportarnos más datos del asunto. Por cierto, que como el premio de la apuesta era una caja de botellas de whisky, me doy cuenta de que he dado por supuesto que en cada parada se tomaba una copa de este licor. Y quizá sea mucho. En cualquier caso, ya ven que el periodista no mentía: en la foto se ve al protagonista extendiendo el brazo para indicar que se dispone a girar a la derecha. Todo un caso.

Y, a riesgo de ser pesado, les recuerdo que este viernes cerraremos la posibilidad de mandar mensajes de adhesión a la propuesta de dedicar una calle a los escaladores Rabadá y Navarro, y otras más a otros montañeros aragoneses. Si quieren sumarse a la iniciativa, pinchen aquí y envíen un mensaje (su dirección de correo no será revelada).

Y mañana...
El comisario Muslares y el ladrón de sueño
 




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