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La tierna historia de la monja japonesa y el cartero de Alpartir

Mariano García 12/11/2009 a las 00:54
alpartir


Antes de nada, debo recordar que seguimos recabando adhesiones para que en Zaragoza se recuerde a los montañeros y escaladores Rabadá y Navarro. Si cree que no se les ha tratado con justicia, es el momento de manifestar su apoyo.


Y ahora, a lo de hoy. Algunos lectores conocerán la historia, pero estoy seguro de que a muchos les va a sorprender. Sucedió en la España de 1963, y en realidad tendría que guardármela para dentro de unas semanas porque es un entrañable cuento de Navidad. Pero ya ven, me estoy volviendo un sentimental.
Les resumo la historia, que arranca con una joven japonesa, Masako Kimura, que se había convertido al catolicismo y que quería ingresar como monja en un convento de Arnedo (La Rioja). La joven no tenía dinero para costearse el viaje, y su petición de ayuda acabó llegando a la maestra de Alpartir, por mediación de un misionero. El pueblo zaragozano se emocionó con la historia de Masako y empezó a movilizarse para conseguir el dinero. Por esos azares del destino, el locutor radiofónico Alberto Oliveras, que llevaba en Radio Madrid el programa 'Ustedes son formidables', se interesó por el tema, hizo varios programas que encandilaron a la audiencia y enseguida llegaron las donaciones. Masako Kimura vino a España, estuvo unos días en Alpartir e ingresó en el convento. Y Oliveras tuvo luego la idea de que el cartero de Alpartir, Rafael Barranco, viajara a Japón con miles de cartas y postales que explicaban a los padres de la joven que España era un país apacible y moderno y que su hija iba a vivir bien -dentro de las reglas del convento- y feliz. Y en este punto de la historia, el cartero regresó de su viaje (al parecer acortó su duración porque no quería perderse las fiestas de Alpartir) y prácticamente a pie de escalerilla, se le hizo la siguiente entrevista:
-Yo estaba preocupado por si no me salía bien la reverencia que me dijeron tenía que hacer al padre de Masako Kimura. Iba pensando en ella mientras le daba a los pedales de la bicicleta que me dejaron los carteros japoneses. Al bajarme, el padre de Masako estaba frente a mi. Yo hice la reverencia, pero él me abrazó y se puso a llorar.

Rafael Barranco ya ha regresado del Japón. Su misión -entrega de millares de tarjetas postales españolas a los padres de la muchacha japonesa que está en el convento de Arnedo, en Logroño- en nombre de los 'Formidables', de Alberto Oliveras y Radio Madrid, fue cumplida con la exactitud y puntualidad a que nos tienen acostumbrados los hombres del Correo Español. El cartero de Alpartir ha vivido la experiencia más emocionante de su vida. Le dejé en Amsterdam cuando emprendía la última etapa de su viaje: ahora le esperaba en Barajas cuando regresaba de las lejanas tierras japonesas. Tardó en bajar del avión de KLM, y al aparecer en la escalera iba rodeado por todos los miembros de la tripulación, que se despedían de él. Al verme me saludó con la mano, en la que llevaba una pequeña tarjeta.
-Aquí dice que mister Barranco ha volado encima del Polo Norte. La tarjeta la guardo para que vean en mi pueblo lo que ha sido capaz de hacer su cartero.
Al mismo borde de la pista Rafael Barranco comienza a contarme sus primeras impresiones.
-Allí se pensaban que estamos sin civilizar. Pero cuando comenzaron a ver las tarjetas postales con las vistas tan majicas de España, se quedaron con la boca abierta.
Y Rafael mismo abre la boca para dar más fuerza a su relato, interrumpido por la presencia de unos viajeros.
-Bueno Rafael, ya sabe que lo esperamos este verano. ¡Hasta la vista!
-Son -me dice- unos señores de San Sebastián que me han invitado.
Cuando el avión de KLM Almiral Richard E. Byrd depositó a Rafael Barranco sobre las pistas del aeropuerto de Haneda, en Tokio, se encontró solo frente a un numeroso grupo de periodistas japoneses que le esperaban. Ellos le llevaron al hotel y se convirtieron en una especie de ángeles tutelares hasta que llegaron los primeros contactos con españoles. A partir de la noche del día 8 llovieron las llamadas de los misioneros y monjas españolas que se encuentran en Japón.
-La primera fue la del hermano Aguirregomezcorta, a quien le llamaron de Haneda para decirle que había venido de Madrid un señor con muchas cartas para él. Los japoneses se confundieron y le preguntaron al Hermano si era él el padre de Masako Kimura. ¡Lo que nos estuvimos riendo después!
El domingo se organizó la caravana para llegar hasta el pueblo de Yoshimimura, en la provincia de Saltana, lugar de residencia de la familia Kimura. Al grupo se unieron los funcionarios postales japoneses. En Yoshimimura visitaron las dependencias de Correos.
-Allí el jefe me enseñó todas las instalaciones y me obsequiaron con fresas y plátanos. Cuando iba a marcharrme se quitó de su uniforme la insignia de Correos y me la regaló. Luego continuamos hasta la casa de Masako. Antes de llegar nos apeamos todos de los coches. Un cartero japonés me dio su bicicleta y me monté con la cartera a la espalda. Otro cartero llevaba con su bicicleta la maleta con las cuatro mil y pico tarjetas. En la bicicleta llegué hasta la casa. ¡Virgen del Pilar y qué nudo tenía yo en la garganta!
El encuentro ya está narrado. Rafael se apeó de la máquina. Allí estaban todos los familiares de Masako, sus padres y hermanos. El fue a hacer su reverencia. El viejo bonzo le abrazó y se puso a llorar.
Las tarjetas comenzaron a pasar de mano en mano.
-Lo que yo sentía era no poder explicarle al padre de Masako lo majica que es su chica y lo bien que está en España. Claro que un intérprete se lo decía, pero me hubiese gustado ser yo quien se lo explicase.
La breve y escasa colonia madrileña de Alpartir, el pequeño pueblo de Zaragoza, esperaba también a Rafael en Barajas. Una señora preguntó:
-Oye, Rafael, ¿cómo son los carteros japoneses?
-¡Anda maña! ¡Por un igual que yo! De lo que me alegré es de que eran más bajos y así yo casi parecía un gigante.
Rafael, que es de menuda estatura, comenzó a reír, y me dijo:
-¡Ya tenía ganas de reírme, porque con tanto avión...!
-¿Qué le llamó mas la atención en el Japón?
-El que todas las comidas se hicieron sin pan. Y los palillos para el arroz. ¡Lo que sudé hasta que lograron entenderme de que yo quería una cuchara y un tenedor!
Me cuenta después que tras el encuentro con la familia Kimura estos le invitaron a comer. Pasó a la casa.
-Yo sabía que tenía que descalzarme, cosa que el verme hacer me agradecieron mucho. Trajeron después una pequeña silla para mi, porque comer sentado en el suelo me era muy difícil. El padre de Masako no hacía nada más que hablarme. ¡Poco que trabajó el intérprete!
Rafael está emocionado porque recuerda ahora que subió, después de la comida, hasta un pequeño cerro donde había la sencilla ermita donde Masako hacía sus oraciones y donde tomó la decisión de venir a España para profesar. Le acompañaron los padres y los periodistas.
-Todos estaban en silencio mientras que yo pensaba en la muchacha. Fue un momento muy emocionante. Luego, al despedirme de la familia Kimura, el padre, que es ya un anciano, me volvió a dar un fuerte abrazo. Otra vez comenzó a llorar. ¡El bonzo me puso dos o tres veces el corazón en la garganta!
Y así terminó la misión de Rafael Barranco, el cartero de Alpartir, al que los 'Formidables' de Radio Madrid han hecho vivir la fabulosa aventura de su vida.

La cosa tuvo mucho más calado del que parece. De hecho, en España y Japón se rodaron sendas películas sobre la historia de la monja, y hace tan solo unos años la DPZ publicaba un libro, creo que de Félix Arenales, contando toda la historia. Masako Kimura parece que sigue en Arnedo, y de Rafael Barranco, que aparece en la foto de arriba saludando ceremoniosamente al padre de la joven, no sé nada. Así que a lo mejor algún lector puede aportarnos datos nuevos.

Y mañana...
¿Qué fue de los niños pintores premiados por el COI?




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