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Cierre de la sala Arrebato

La sala Arrebato ha sido cerrada, según fuentes de Urbanismo, que hoy recoge Heraldo de Aragón, porque "no tiene licencia ni de apertura ni urbanística, está en una zona saturada y, además, acumula denuncias vecinales por ruido, incumplimiento de horarios y aforo".

Sorprende que uno de los motivos del cierre sea el que no tuviese licencia municipal y que, en el colmo del surrealismo, el propio ayuntamiento, por parte de la concejalía de Cultura haya apoyado a la sala, hace escasamente un par de meses, por su décimo quinto aniversario... Por ahí, no pescozón al ayuntamiento, sino que lo que procedería sería cerrar y sancionar a Cultura, lo mismo que a Urbanismo que ha permitido tener un local abierto durante 15 años sin la correspondiente licencia. ¡Vaya metedura de pata! Otra cosa es lo de los ruidos...

Evidentemente cerrar un local donde se genera música en directo es guillotinar el trabajo y las ilusiones de un montón de gente, y si el rock es cultura pues también la cultura de una ciudad. No será uno precisamente sospechoso de talibanismo contras las salas de conciertos. Ahí está la hemeroteca y el pasado para demostrarlo. Pero todo  está sujeto a la normativa, y, según parece, la sala Arrebato, aun cerrando a las once de la noche, infringía la ley, no solo sobrepasando el volumen sino estirando los horarios, y por tanto metiendo ruido en los domicilios por el día y por la noche, según han denunciado algunos vecinos. Tal cual señala la normativa municipal, a partir de las diez de la noche no se puede pasar el nivel de los 27 decibelios y el de 35 durante el día. Ergo, de creer a Policía y funcionarios, no hay duda de que Urbanismo ha actuado conforme a la ley. El derecho al descanso en el propio domicilio es sagrado. No hay Arrebato que valga, ni bar, ni sala de conciertos, discoteca o similar que pueda perturbar la paz en el domicilio. Resulta inaceptable, como resulta inaceptable saltarse un semáforo en rojo. Son las leyes, gusten o no.

Por eso hoy he escrito en el Heraldo este comentario, acompañando la noticia del cierre de la sala Arrebato, comentario que no va en absoluto contra esta sala, de la que por supuesto valoro y alabo su trabajo, sino en general contra quienes incumplen la normativa sobre ruido, da lo mismo un bar, una discoteca, una industria o un molesto vecino. Como todo comentario de opinión habrá quien esté de acuerdo o en desacuerdo. Me gustaría escuchar voces en este foro. Este es el comentario:

Volumen tabernero

En materia de ruidos vecinales, vivimos prácticamente en aquella España tabernaria del vocerío y el cartel 'Se prohíbe escupir'; en el tercermundismo casi absoluto, con una legislación clara y taxativa, pero que no se cumple ni por el forro. El derecho al descanso en el domicilio es un derecho constitucional y reglado nítidamente  por las  normativas de cada municipio o provincia; en Zaragoza, según las 'Normas subsidiarias y complementarias municipales', aprobadas en pleno de 25 de abril de 1991.

En la capital, por la noche, más arriba de los 27 decibelios -que, para hacerse una idea, es un volumen bastante inferior a una simple conversación entre dos personas, que anda entre los 40 y 45 dbs- es motivo claro de sanción. Pero que pregunten a los vecinos de cualquier zona de bares, o con una sala de conciertos debajo de su domicilio, la cantidad de quejas y denuncias tramitadas ante la policía y los juzgados y el poco éxito obtenido. Casos como la famosa zona del 'Rollo' o la del 'casco histérico' son bien palpables de cómo la fuerza del ruido ha podido a la razón de la norma.

Uno es melómano, pero por encima de eso está el sacrosanto derecho al descanso y al silencio. Ya puede sonar, tabique con tabique o debajo del suelo, la Filarmónica de Berlín o los mismos Rolling Stones en persona. La música la elige uno cuando quiere, no cuando se la imponen. Parece pues no solo oportuno, sino absolutamente exigible que los ayuntamientos hagan cumplir la normativa a rajatabla y, de una vez por todas, este país baje el volumen tabernero que la inunda desde bares a discotecas, industrias o vecinos maleducados y ruidosos. Si la sala Arrebato, como antes ocurrió con otras salas, desde la mítica En Bruto a la Metro, incumple, según parece, no solo la normativa de ruidos sino otras más, pues ya saben sus gestores lo que toca. Y no se hable de que se cercena la cultura musical porque antes prima la cultura cívica.

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