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Un espacio rústico con la compañía del olivo

Mediterráneo. Tanto los propietarios de un jardín como los que dispongan de una terraza pueden disfrutar del espíritu campestre del olivo. Es quizá el árbol más representativo del clima mediterráneo y, como tal, no debería faltar en ningún jardín. Incluso los que no dispongan más que de un pequeño balconcito pueden comprar un joven ejemplar y disfrutar de sus fragantes florecitas en primavera y de las olivas que ya maduran en septiembre. Es muy fácil cuidar de un olivo y apenas requiere cuidados durante toda su vida. Aunque es tradición popular podarlo a conciencia para que las olivas no maduren en lo más alto, en un jardín no es necesario aplicarle poda alguna, excepto en las sierpes inferiores.

Estas ramas nacen de las raíces y pueden afear el aspecto gallardo de este árbol. Si se podan en febrero, se pueden aprovechar para crear nuevos arbolitos y regalarlos a nuestros vecinos o amigos. Una vez cortada la rama, se raspa la parte inferior con una navaja y se aplica hormona de enraizamiento en polvo. Después, se planta en una pequeña maceta, procurando que no falte la humedad y, al llegar el verano, ya puede plantarse en tierra. Las olivas son abundantes incluso en los pequeños ejemplares, pero cuidado con no comerlas directamente, su sabor sin tratar es muy desagradable.

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