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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Smash: Los hombres de las praderas, reeditados

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Husmeando en las tiendas de coleccionismo de Internet, descubro que Philips (ahora Universal), ha reeditado este año, en vinilo, los dos elepés de Smash. Lo descubro por casualidad y no puedo saber en qué mes se produjo tan gozoso re-alumbramiento. No hay más datos. En los medios especializados tampoco ha aparecido -o yo no la he visto- ni la más mínima nota de estas reediciones. Todo de forma sigilosa, clandestina se diría. Señal inequívoca de cómo se cuida y preserva el patrimonio musical español.

Smash, tres sevillanos y un danés, fue junto a los catalanes Máquina, uno de los dos  puntales del llamado "rock progresivo español", surgido y desarrollado entre 1969 y 1973. Un  grupo esencial en la historia musical de este país: conjugó blues, rock, flamenco, country, raga hindú, psicodelia, dylanismo..., en una fusión con raíces en el rock angloamericano de la época -Soft Machine, Canned Heat, Incredible String Band, Dylan, Traffic, Rolling, Beatles, Hendrix...- que machacó al yeyeísmo y dejó trasnochadas las canciones que hasta entonces habían venido practicando los grupos protopop de la década, desde Los Brincos a Los Bravos. Gentes de pelambreras cavernícolas, vida bohemia, hippismo, fumetas marihuaneros y mal vivir -alguna vez hasta se vieron entre rejas-, que, pese a los férreos códigos de la dictadura franquista,  se saltaron las vallas del sistema. Y, sobre todo, precursores del "rock andaluz" posterior de los 70-80.

Los sevillanos, nacieron a finales del año 68 y en el 69 editaban su primer single con el sello catalán Diábolo: "Scouting / Soneto". La primera era una apropiación melódica de los Stones primorosos de "You Can't Get Always What You Want" con añadido de violín. Le seguirían otros dos más: "I Left You" / "One Hopeless Whisper" (1970) -de nuevo Cream más Simon & Garfunkel- y "Decision" / "Look at The Rainbow" (1970), la primera, con tintes beatlenianos, y, la segunda, una borrachera de psicodelia con sitar. Uggg, el Círculo de Lectores, vendió ambos singles unidos en un EP exclusivo para suscriptores.

Fichados por Phillips, su primer álbum, "Glorieta de los Lotos", llegó de inmediato, en otoño de 1970. Tanto entonces como en casi todos los singles precedentes la formación la integraban: Gualberto García (guitarra y sitar), Julio Matito (voz y bajo), Antoñito Rodríguez (batería) y Henrik Michael (guitarra rítmica, violín). Silvio Fernández se uniría esporádicamente, Pipo Clavero componía las letras y el popular Gonzalo García Pelayo en su faceta de productor, presentador de TVE y posterior terror de los casinos, no solo se encargaba de la intendencia y el management sino que hacía de gurú espiritual y musical.

El LP "Glorieta de los Lotos", nombre de una plaza ubicada en el famoso parque sevillano de María Luisa, era un revitalizante frasco medicinal que lo mismo contenía blues rural, psicodelia con sitar, retazos del blues perezoso de Mayall y Canned Heat, country-folk dylaniano, armonías vocales a lo Crosby, Stills & Nash o Los Beatles, guitarras hendrixianas, voces lunáticas, delirantes ensayos en el mismo estudio con guitarras y baterías ledzeppelianas, cintas al revés como Los Beatles de "Revolution" y hasta, diríase, que 'folk gregoriano'. Algo verdaderamente insólito y revolucionario para la época en España. El sello anterior, por cierto, aprovechó para reeditar el single "Scouting" acompañándolo en la cara B de una pieza inédita,  "Ensayo número 1", lleno de pura psicodelia y un bajo de Matito engordando la pieza como Jack Bruce lo hacía en Cream.

Evidentemente, la España cañí del momento no estaba preparada para ingerir tan fuerte combinado, o, como irónicamente escribió el ilicitano Gerardo Irles en su maravilloso libro "¡Solo para fans" (Alianza Editorial/1997), "con canciones así evidentemente solo iban a convencer a sus fanáticos, no a las amas de casa ni a las secretarias". Ni incluso -más grave- a los doctores musicales de la tele y las radios masivas que no recetaban aquellas canciones así se muriera el rock patrio de anemia y atrofia. Vamos, un álbum "underground", etiqueta en boga entonces para cobijar lo más raro y fuera del mainstream musical.

Y es que la progresía de Smash se extendía más allá de lo musical hasta el punto que creó y editó un curioso manifiesto, "Cosmogonía de la estética de lo Borde", que apareció en la revista Ozono, y que incluía delirantes sofismas de puro marxismo-hippismo. Para ello, dividía la humanidad en cuatro categorías:

-Hombres de las praderas (Dylan, Jagger, Hendrix...)

-Hombres de la montaña (Manson, Hitler...)

-Hombres de las cuevas lúgubres (funcionarios)

-Hombres de las cuevas suntuosas (presidentes de los consejos de administración, grandes mercaderes).

Y añadían: "Los hombres de las praderas son los únicos que están en el rollo y que han salido del güevo.... No se puede hacer música en las cuevas del infortunio, hay que abrirse hacia las praderas". Tras lo cual, sacaban algunas conclusiones tan aplastantes como llenas de ingenio. Dos de ellas, inmensas:

I. No se trata de hacer flamenco-blues ni blues aflamencado sino de corromperse por derecho.

II. Solo puede uno corromperse por el palo de la belleza. [¡Éle sentencia guapa!].

Tras la publicación del manifiesto, alguien le preguntó a uno de los Smash si era "un hombre de las praderas", y este le contestó: ¿qué pasa, tío? ¿Es que no brillan mis ojos? Lo que daba de si el hippismo mezclado con la hierba y la música...

El segundo álbum, "We Come To Smash This Time" (1971), con un Gualberto más activo que en el primero, no quedaba a la zaga, si bien resultaba menos ecléctico y furioso, pero de nuevo mostraba a unos Smash absolutamente con el paso acompasado al rock y al blues angloamericano de la época. Los diez minutos de "Fail Safe", por ejemplo, parecían una relectura del "Refried Boogie", de Canned Heat, pero con la voz, debido a su tratamiento de filtraje, como saliendo de los infiernos de Pedro Botero. "Well You Know", que saldría en single, remitía de nuevo a los Stones de la Decca pero con dos guitarras distintas e infernales, una de ellas a lo Cream, y bien distinguibles en cada canal del estéreo; "First Movement" se iba por los cerros de Procol Harum y, clavicordio incluido, parecía una pieza de cámara para un baile versallesco; "My Funny Girl" engarzaba un delicioso estribillo sobre guitarra acústica y eléctrica que evocaba a los Traffic más sensibles, y en esa misma línea, la canción que daba título al LP, era otra gema folky-pop con fondo Hammond que muchos años más tarde hubiera abrazado Nick Cave para su álbum "The Good Son" (de haberla conocido).

Y, sobre todo, este segundo álbum mostraba a unos Smash experimentando ya con el flamenco. Si en el primer LP apenas había un pequeño chispazo al final de la larga "(I Want To Be 7 Minutes) Sitting On The Truth", con una guitarra hendrixiana haciendo arabescos flamencos, en este segundo había una pieza, "Behind The Stars", adelantada su tiempo. En ella, ambos géneros se fundían magistralmente: entre guitarras psicodélicas y sitares sonaba el quejío de El Lebrijano, antecedente pues inexcusable de la unión, muchos años más tarde, entre Morente y Lagartija Nick en "Omega".

Pero, realmente, el descubrimiento de las posibilidades comerciales del flamenco dentro del contexto rockero no llegaría hasta que Oriol Regás, adalid de la "gauche divine" catalana y dueño de la discoteca Bocaccio, no fichara al grupo para su recién creado sello discográfico y se editara el single "El garrotín" acompañado de "Tangos de Ketama". Entonces ya figuraba en Smash, el hippy más hippy de la época en sus filas, el ceutí Manuel Molina, años después pareja sentimental y musical de Lole Montoya.

Producido por el Spector hispano de los sesenta, Alain Milhaud (en efecto, el mismo de Los Bravos y Los Canarios), en "El garrotín", fustigado por su excesiva comercialidad,  estaba la simiente del rock andaluz posterior y de todas las fusiones que se hayan hecho entre ambos géneros, desde Triana a Medina Azahara o El Bicho. Fue la única canción de Smash que explotó comercialmente en España. Los dos siguientes singles, "Ni recuerdo ni olvido, parte I y II" (1972) y "Alameda's Blues"/"Tarantos" (1973), ahondando aún más en la fusión flamenco-rock, no tuvieron apenas eco y Smash, roto en disputas internas permanentes y hasta las cejas de LSD, se rompía.

Cinco años más tarde, en 1978, el Mariscal Romero pudo unir el single de "El garrotín" con los dos posteriores y editar un álbum compartido (porque no había más material) con Agujetas, "Pureza y vanguardia del flamenco", pero para entonces, con la Nueva Ola acechando, Smash era ya un capítulo cerrado de la historia del rock hispano... De la historia, que no del recuerdo y de las emociones. Smash siguen vigentes en la memoria y en el álbum de la mejor y más atrevida música que se ha hecho en este país. Como también lo hizo Máquina, de los que me ocuparé otro día.

Aprovecho para rescatar una entrevista que, en 1974, un buen amigo de este blog, Adrián Vogel (va por tí), le hizo en el Disco Expres a Julio Matito, fallecido cinco años después, en 1979, en un accidente de tráfico.

Y añado un "youtube" con imágenes del grupo y "El garrotín". Recomiendo vivamente los dos elepés reeditados casi clandestinamente, o en su lugar, la espléndida recopilación en dos CDs que en 2001 hizo el sello Rama Lama con toda la discografía de los sevillanos, verdaderos e inolvidables "hombres de la pradera". Confío en que esta entrada no te suene a marciana y pido disculpas por su extensión. ¿Oíste alguna vez a Smash? (No, los británicos, no, los sevillanos).

http://www.youtube.com/watch?v=cJLUON8X5lQ

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