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1904: El cura de Pastriz, detenido por asesinato

Mariano García 15/06/2009 a las 06:00
pastriz

 
 

Este suceso lo publicamos en 2005 en el especial por los 110 años de historia del HERALDO. Pero resulta tan insólito que un sacerdote cometa un asesinato que no me podía resistir a volver sobre el caso. Fue un crimen que conmocionó a la Zaragoza de 1904, y buena prueba de ello es que el periódico envió a cubrir la noticia a dos redactores y dos dibujantes (lo de la fotografía, en aquella época, aún era un sueño). Imagínense: 21 de julio de 1904; aparece muerto en un campo Francisco Bernad, prohombre y terrateniente de Pastriz. De inmediato las sospechas recaen sobre Lorenzo O., el cura, que es detenido. La Guardia Civil tiene que emplearse a fondo para que el sacerdote no sea linchado por la multitud. Así se contaba en el periódico:

¿Por qué el cura de Pastriz ha hecho víctima de su instinto crimínal a un hombre de tan excelentes prendas personales? ¿Cuál ha sido el móvil del crimen? Eso se preguntaba ayer Pastriz entero, y eso siguen preguntándose en Zaragoza.
Nuestras investigaciones en el lugar del suceso dan como más verosímil la siguiente versión. Pastriz rechazaba al cura; no le satisfacían su conducta ni su carácter; no le habían oído predicar nunca, era poco atento y reunía otras condiciones que acabaron por hacerlo odioso en el pueblo. Oficiosamente pidióse a Zaragoza su traslado. Es muy posible que, conocida en el Palacio episcopal la rectitud del señor Bernad, concediérase autoridad a su voto y, con otras personas, fuera consultado aquel respecto al traslado del cura. Confirmóse lo justificado del descontento del pueblo e iniciáronse las gestiones para el traslado.

El cura súpolo, la contrariedad irritó su temperamento díscolo e hízole personificar en el Sr. Bernad, por su elevada condición moral, la censura popular, ideando la venganza. Pensó el crimen y tal vez lo proyectó para anteayer. El siguiente hecho es indicio de tal presunción.
Recorriendo sus fincas el Sr. Bernad, acompañado del P. Esteban, a las once de la mañana, hora, por lo calurosa, de soledad en aquellos lugares, vieron varias veces al cura, el cual, a pesar de divisar a otro clérigo desconocido no lo saludó siquiera. Por la tarde, el Sr. Bernad vino a Zaragoza a asistir a la Junta de Obras del pantano de la Peña y regresó por la noche a Pastriz. Ayer madrugó y salió a una era de su propiedad a ver funcionar una maquina trilladora, modelo premiado en París, adquirida recientemente por él y por el sr. Esteban, lo cual explica las frecuentes visitas del prior de los benedictinos a su amigo el Sr. Bernad. De la era, atravesando la carretera, llegó al 'campo de los arrachanes' para dirigirse a inspeccionar sus fincas.
El criminal debía aguardar aquel momento oculto en los espinos que separan la propiedad de la carretera, y le sorprendió, disparándole a quemarropa los cinco tiros del revólver Smith de que se valió para perpetrar el crimen.
Los tres primeros disparos fueron seguidos; entre estos y los restantes medió corto espacio de tiempo. Cayó muerto instantáneamente el Sr. Bernad, quedando en posición decúbito supino, doblada la rodilla izquierda, extendidas las manos. Nadie presenció el suceso; solo un muchacho oyó los disparos.

Pero no se descartaban otro tipo de móviles. Con el cura detenido... bueno, creo que ya se lo imaginan. Los periodistas del HERALDO fueron a entrevistarle. La verdad es que entonces se ofrecían unas facilidades insólitas. Y la forma de llevar la entrevista se las trae. Véanlo:
Cuando se hubo calmado la excitación del vecindario, el carruaje del HERALDO partió velozmente tras la escolta del criminal y se adelantó buen trecho por la carretera despejada y libre, desaparecido el temor de un lynchamiento. En efecto. Nos proponíamos hablar con el agresor y, con la anuencia del juzgado, el digno teniente de la benemérita D. Miguel Muñoz nos dio acceso hasta el criminal. Era a la entrada de dos filas de alamos que sombrean la carretera; el sol caía a plomo, abrasador, asfixiante. La detención podía ser allí peligrosa, porque los grupos, acaso, volverían viendo el alto que hacíamos en el camino.
Para no perder tiempo, y para dar más facilidades a nuestra información, ordenó el Sr. Muñoz que subiera a nuestro carruaje el preso, se le desligó por consideraciones atendibles y vista  la imposibilidad de una fuga, y uno de nuestros compañeros, que conoce desde su infancia a mosén Lorenzo, dialogó con él durante algunos minutos.
-¿Qué has hecho, desgraciado?- fue la primera pregunta que nuestro compañero dirigió al criminal.
Se quitó el sombrero, se pasó la mano por la frente, con pronunciamientos de calva prematura y nos contestó:
-Yo eso lo comprendo, y valiera más que me hubiera muerto antes de salir del pueblo.
-¿Pero cómo ha sido eso?
-Es muy larga la historia. Si yo fuera a referir aquí... Desde Caminreal...
-¿Cómo? ¿Arrancan de Caminreal las primeras escenas del drama?
-No; pero... En Palacio...
-Vamos, hombre; tú no sabes lo que dices. Cuéntame, cuéntame cómo has realizado el crimen.
-Si no lo sé... ya verás tú. Después de decir misa salí a dar un paseo y encontré a D. Paco...
-¿Y qué? ¿Tuvísteis algunas palabras?
-Sí... no.,, yo tenía que matarle o que me matara él a mí.
-¡Pero hombre! No digas barbaridades. Tú tienes educación, eres instruido y ostentas la investidura del sacerdocio. ¿No había un medio honroso, digno, expedito, de solucionar tus diferencias con el Sr. Bernad? ¡Parece mentira! Pero, dínos, Lorenzo, ¿cómo realizaste el crimen?
-Si no sé; me encontré con D. Paco allá en un campo que no sé cómo se llama, cuestionamos y observé que se llevaba la mano a un bolsillo de la americana. Entonces saqué el revolver y disparé...
-¿Cuántos tiros?
-No lo sé.
-Estarías perturbado, loco de ira...
-No lo sé.
-Pero vamos a ver, Lorenzo, ¿qué motivo tenías para...?
-Ya os he dicho que era una historia muy larga y que tenemos que comenzar desde muy lejos... Las cosas habían llegado a un extremo del cual no podían pasar.

Vamos, como el 'poli' duro en una película de cine negro. Así era el periodismo de sucesos a principios del siglo pasado.
Y mañana...
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