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"El arquitecto sabe ahora que es capaz de algo más que diseñar casas"

Jordi Ludevid i Anglada, presidente de los arquitectos de España. Participó en la entrega de los premios García Mercadal 2016 concedidos recientemente por el Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón.

Jordi Ludevid, en una reciente visita a Zaragoza
"El arquitecto sabe ahora que es capaz de algo más que diseñar casas"
Guillermo Mestre

¿Cómo ha dejado la crisis a los arquitectos españoles?

Apretando los dientes, con muchísimas dificultades porque ha durado más de lo esperado, pero también resistiendo con mucha ilusión. No queda otra que buscar alternativas.

¿Tienen algún plan para superar la situación?

El arquitecto ha descubierto que puede hacer mucho más que diseñar edificios. Trabajos que antes hacían otros profesionales como delineantes, peritos ingenieros o diseñadores gráficos también los hacemos ahora nosotros.

Por ejemplo, ¿qué trabajos?

Desde fabricar zapatos a inventar empresas de ahorro de energía, somos gente capaz de dar un gran rendimiento. Se siguen haciendo edificios, pero pocos, con lo que los compañeros se han ido buscando la vida en otros terrenos. Nuestra formación nos permite anticipar el futuro de un proyecto, lo cual es algo insólito.

¿Qué campos están generando empleo?

Las nuevas tecnologías, el diseño, el patrimonio, la sostenibilidad, las instituciones públicas... En España hay 8.115 ayuntamientos y muchos de ellos no cuentan ni con un arquitecto.

¿Siguen estando los arquitectos obligados a emigrar?

Por desgracia, esta situación, que ha cambiado poco, indica un cierto fracaso de la sociedad, aunque también es un dato positivo porque demuestra que la arquitectura española ofrece una capacitación de las mejor valoradas internacionalmente ya que no solo diseñamos edificios, sino que también, entre otras cosas, calculamos estructuras. Esta formación dual es la clave del éxito de nuestros profesionales, mejor valorados fuera de España que dentro.

¿Es posible mejorar esta situación?

Falta en España una ley de arquitectura que regule, por ejemplo, la subasta en la contratación de equipamientos públicos y obligue a apostar desde las administraciones públicas por el concurso. En lo público hay que imponer la calidad y no el precio. Es necesario un reconocimiento público de la arquitectura, que ofrece un componente de modernidad e impulsa la marca España.

¿Qué arquitectura se hace hoy?

Se ha hablado mucho de rehabilitación y de reforma urbana, pero no termina de cuajar. Las ciudades han crecido en manchas de aceite de forma, en algunos casos, desordenada y ahora estamos en proponer una regeneración de los tejidos urbanos que ya existen. Zaragoza es una ciudad líder en regeneración de barrios con interesantes experiencias piloto. La atención se centra en resolver los problemas que tenemos dentro de las urbes

¿Cómo?

Dando calidad al tejido urbano para que la ciudad funcione, que sea habitable en cuanto a equipamientos, zonas verdes...

¿Por dónde pasa la regeneración de las ciudades?

Por políticas públicas. En el pasado ya hicimos hospitales, colegios... y lo que toca ahora es la regeneración de los barrios construidos en los años 60 y 70, en los que se hicieron viviendas sin aislamiento térmico, sin equipamientos... Esta gran tarea necesita de una apuesta pública valiente. Si solo hacemos edificios icónicos, seremos irrelevantes; la arquitectura ha de volver a la razón de ser de las personas que viven en las ciudades. Un ladrillo bien puesto en el rincón más humilde de un barrio de Zaragoza es más importante que un gran rascacielos en Manhattan. Hemos cambiado una arquitectura de relumbrón por otra más contenida.

Con la Expo de 2008 se edificaron grandes edificios que ahora están en desuso.

Ya nos pasó en Sevilla. La lección es ser un poco más humildes en los tiempos de bonanza en los que nos dedicamos a construir aeropuertos sin aviones, autopistas por donde no circulan coches... Un poco más de humildad no nos vendría mal.

La construcción de vivienda privada ha caído con la crisis. ¿Se va a seguir edificando?

Sí, aunque no será fácil. Construir 800.000 viviendas al año era una barbaridad, pero lo de ahora es irrisorio.

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