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música

Bad Gyal, la diva que no necesita cantar para seducir a una nueva generación

La estrella catalana congrega a 2.900 seguidores en un pabellón Príncipe Felipe absolutamente rendido a sus pies.

En apenas 24 horas, el pabellón Príncipe Felipe cambió drásticamente de registro. Del pop clásico y nostálgico de Hombres G el lunes a la banda sonora de una nueva generación a cargo de Bad Gyal el martes. Durante una hora y cuarto las 2.900 personas que asistieron a la cita con la estrella catalana disfrutaron de una fiesta de música y baile que sólotuvo una limitación: la imposibilidad de levantarse de los asientos, una norma que han cumplido con exquisita corrección.

El público, en su mayoría femenino y adolescente/juvenil, se entregó con fervor a la propuesta que les suministró una artista convertida en un referente que trasciende a lo musical para abrazar lo estético e incluso lo social. Una fórmula que reniega del perfeccionismo sonoro y academicista para apostarlo todo al ‘show’. Ni siquiera resulta necesario que la gran protagonista cantara –el ‘playback’ fue habitual– o la presencia de músicos. En una minimalista escenografía con un ‘soundsystem’ (sistema de sonido) inspirado en el tuning, únicamente le acompañaron cuatro bailarinas y un DJ. Con esos elementos le bastó y sobró para coleccionar aplausos y para que la audiencia se postrara a sus pies.

Bad Gyal se siente una diva y ejerce como tal. Su mera aparición ya provocó un griterío ensordecedor. Y le alcanzó con un movimiento de su trasero para cautivar. Tanto en sus desprejuiciadas letras en las que no hay espacio para las metáforas como en sus tórridas coreografías expresa desacomplejadamente sus deseos, fantasías y gustos. Exhibe y muestra su sensualidad/sexualidad con absoluta normalidad y franqueza. Una línea que conecta directamente con el empoderamiento que reivindica con insistencia y que predica con el ejemplo.

Un mensaje que plasmó desde el mismísimo arranque con ‘Pussy’, donde proclama «mi personalidad no está a tu altura. Déjate de flipar, me pareces basura». Pisa fuerte y con mucho orgullo.

Fue el intenso inicio de una trepidante velada en la que empalmó una canción tras otra al ritmo de una metralleta. Sin apenas espacio para respirar o detenerse. Una imparable apisonadora para indisimulada locura de sus entregadas seguidoras.

"Gente guapa de Zaragoza, sé que estáis muy contentos porque estáis de fiestas. Esto es también una fiesta, vamos a darle candela", pregonó. Y vaya si cumplió con la promesa.

Hasta 29 canciones se sucedieron sin respiro. ‘Jacaranda’, ‘Sexo’, ‘Bling Bling’, ‘Bom Bom’, ‘44’, ‘Zorra’ y ‘Alocao’ fueron las más coreadas y aclamadas. Con el permiso del último bis, la calurosa ‘Fiebre’. Un festival con todas las letras.

Puestos en esta harina, lo de menos era que no cantara en muchos tramos; lo de más era el baile, el ‘twerking’, el perreo y una comunión total. "Me gusta el perreo. Si quieres te lo enseño y lo querrás de nuevo", sintetizó en ‘Blink’.

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