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Fiestas del Pilar
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Fallas, sí; Pilares, no. Las fiestas valencianas arden a medio gas

La baja asistencia en la ciudad del Turia se nota en los establecimientos hosteleros y en los actos tradicionales en la calle.

Una comisión fallera, junto a una de las tallas y al maestro fallero.
Una comisión fallera, junto a una de las tallas y al maestro fallero.
Agencia EFE

Las Fallas de este 2021, las primeras desde que el coronavirus se inmiscuyera en la añorada normalidad, están resultando de lo más extraño. Primero, por lo extemporáneo. Lo habitual es que Valencia se engalane en marzo y no en el ocaso del verano. También sigue chocando el remate de la mascarilla en el traje tradicional... y la falta de público en algunos de los principales actos no ayuda a ver con normalidad los días grandes de la ciudad costera. ¿Serán espejo de las próximas 'no Fiestas del Pilar'?

Lo cierto es que los festejos valencianos combustionan a medio gas, y no solo porque en estos momentos haya vigente un toque de queda de 1.00 a 6.00, lo que impide cualquier tipo de ocio nocturno. La hostelería pliega a las 00.30, sigue dando servicios a grupos de un máximo de diez comensales y aquellos que atienden puestos en la calle deben preocuparse de la correcta formación de las filas y de que se respete la distancia de seguridad. Las agrupaciones falleras -equivalentes a las peñas pilaristas- también se ajustan al modelo Cenicienta y clausuran sus carpas una vez superada la medianoche.

La lectura de los empresarios de bares y restaurantes no es la más optimista. “A nivel de hostelería, pensamos en estos momentos que el impacto será bastante minoritario y diferente según las zonas y que no podrá compararse en ningún caso a unas fallas prepandemia. Además, en estos momentos nos encontramos con una coyuntura en la que muchas personas y familias ya han realizado el grueso de sus desembolsos destinados a las vacaciones y que ahora se encuentran con los gastos de la vuelta al curso, por lo que pensamos que eso puede tener una influencia negativa”, indican a HERADO desde la Confederación de Hostelería y Turismo de la Comunidad Valenciana (Cohostur).

Los hosteleros advierten “un consumo principalmente de cliente local”. Mientras en zonas de la ciudad como la playa las previsiones para el fin de semana “son buenas, pero en la línea de otros fines de semana de inicio de septiembre”, en otros enclaves como el centro de la ciudad “el impacto se prevé más negativo al tener que desmontar por motivos de organización las terrazas de los establecimientos durante dos días el viernes por la tarde y el sábado)”. “No obstante -añaden- hay que esperar a ver cómo se desarrolla el fin de semana”.

Valencia disfruta de la Fallas más atípicas

Una ofrenda limitada, con mascarilla y distancia

Uno de los momentos que quizá despierta más curiosidad entre los zaragozanos es la ofrenda de flores, que en el caso de Valencia se dedica a la Virgen de los Desamparados y este año ha contado con un aforo del 30% respecto a la asistencia habitual. Los vecinos de la capital del Turia están acudiendo en tres turnos, repartidos entre la tarde del viernes y la mañana y la tarde de este sábado.

El perímetro impedía ayer ver buena parte del recorrido, lo que animó a los fieles a seguirlo desde el sofá de casa, algo que en cierto modo se buscará en Zaragoza. Quienes sí han tenido la suerte de integrar la Ofrenda lo están haciendo en filas de cuatro, con un metro y medio de distanciamiento social y portando la mascarilla en todo momento, pese a desarrollarse en la calle.

Además, el Consistorio ha descentralizado, entre otros actos, la ‘mascletá’, que solía retumbar a diario, a las 14.00, en la plaza del ayuntamiento. Este año se han programado cuatro cada día en distintas zonas de la ciudad para impedir las grandes aglomeraciones.

Los espectadores de los conciertos y cualquier otro acto cultural están sentados en asientos asignados de forma previa y mantienen, asimismo, una distancia de un metro dentro de la propia fila -salvo que se trata de convivientes- y de 1,5 metros entre una fila y otra.

“No se ven extranjeros”

El aragonés Francisco Bolea, residente en Valencia desde hace años, constata lo atípico del ambiente fallero en este arranque de septiembre. “Hay mucha menos gente, especialmente de fuera. No se ven extranjeros, pero es que el turismo nacional tampoco está al nivel habitual. Y se nota que la ciudad está aún regresando a la normalidad tras el mes de agosto. Entre las novedades que más llaman la atención de este valenciano de adopción está el hecho de que los casales falleros, los recintos donde se reúnen las comisiones, estén en esta ocasión prácticamente descubiertos “para que corra el aire”.

También percibe el bajo pulso de muchas zonas de bares. “En los del centro sí hay cierto ambiente”, cuenta, “pero en los locales ubicados en los barrios está más comedido”, añade. Y pide a sus vecinos que sean responsables: “Cuando se cierran los bares suenan gritos y música, la gente sigue aglomerándose y tirando petardos”.

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