Fiestas del Pilar
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La corrida de Robert Margé se llevó la tarde en La Misericordia

David Mora y el joven Luis David Adame salieron a oreja por coleta. El valenciano Román no terminó de redondear su labor y un improvisado héroe evito una tragedia en el callejón.

Luis David Adame en un derechazo ante la humillada embestida del sexto de la tarde, de nombre Lanudo.
La corrida de Robert Margé se llevó la tarde en La Misericordia
Raquel Labodía

Una sorpresa inesperada. Un corridón de toros. Con gran incertidumbre, se acercaron los aficionados a la plaza preguntándose qué era eso de Robert Margé y por qué tenía que venir a Zaragoza. Ganadero, vuelva cuando quiera. Impecable de presentación, la corrida presumió de estampa y tuvo mucho que torear. Interesantísima. Con teclas. De las que paladea el aficionado. Brava en los caballos y de excelente juego en el último tercio, se marchó con las orejas puestas. A los del chispeante les vino muy grande.

Abrió plaza un pavo con dos leños, alto de agujas y muy serio, que se llevó la ovación del respetable. Se dejó pegar en el caballo de Mario Herrero y siempre fue a más en la muleta de un David Mora, que, más preocupado de componer la figura que de torear, dejó escapar un toro de nota. Siempre superado por las embestidas de Isleño y con pocos recursos, compuso una faena vulgar y lo despidió de un bajonazo. Un simulacro de toreo caro con un horrible final.

A su segundo le cortó una oreja que supo a poco vistas las condiciones del animal. Se desplazó descolgando la cabeza en el capote de Ángel Otero y dejó que, en dos tremendas arrancadas, Algabeño se luciese con los palos. David Mora quiso y no pudo. O no supo. Siempre con muchas dudas, toreó desde la distancia y tirando de las lumbares. Un contorsionista al hilo del pitón. Lo mató por derecho y el amable público le concedió una oreja.

No se quedó atrás el lote del valenciano. En la línea de sus hermanos, el primero empujó con ganas en el caballo de Chocolate llevándolo hasta el tablado y tuvo una excelente condición en la muleta de un voluntarioso Román. Por el pitón derecho lo llevó a tirones. Sin embargo con la zocata supo tragarle y la faena tomó vuelo con sentidos naturales. Con la espada lo emborronó todo.

Con el mansurrón quinto, que fue un galafate, anduvieron sensacionales el Sirio y Raúl Martí con los palos. Su matador abusó del pico y lo mandó siempre a la recta. Se puso pesado al hilo de las tablas y volvió a fallar con la tizona.

Luis David Adame tampoco dijo nada pese a cortar una oreja. Con el feo sobrero del Torreón, hilvanó una faena con poco argumento y con el buen sexto sólo dejó un vistoso quite por zapopinas y un arrimón con la franela.

El triunfador de la tarde fue Jesús Miguel Álvarez Catalán. Un improvisado héroe. Un arenero con un par. Qué valor y qué sentido de la responsabilidad. Ayer evitó la tragedia poniendo en juego su vida. Ante el salto al callejón del tercero de la tarde, cerró con pericia el portón del tendido uno y salvó a más de uno de algo gordo. Ovación tremenda y sensacional David Mora invitándolo a dar la vuelta al ruedo.

Por lo demás, hay demasiado alcohol en los tendidos y muy poco respeto al rito y a la plaza. Ni es un campo de fútbol ni juega la selección para cantar vivas.

La ficha

La Misericordia. Segunda de feria. Algo menos de un tercio de entrada en tarde soleada.

Seis toros de la ganadería de Robert Margé, bien presentados, bravos y de buen juego en general y uno que hizo tercero, de la ganadería de El Torreón, sin raza.

David Mora, de tabaco y oro, palmas y oreja.

Román, de nazareno y oro, vuelta al ruedo tras aviso y silencio.

Luis David Adame, de canela y oro, silencio y oreja.

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