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La sugerencia

Verrugas y aventuras del Berrugón

Míchel Suñén e Ignacio Ochoa publican en Delsan la tercera entrega de los personajes de ?Gigantes y Cabezudos?.

Portada de El Berrugón
Verrugas y aventuras del Berrugón

El escritor Míchel Suñén y el ilustrador Ignacio Ochoa cumplen con un rito anual: publican, desde hace tres años en el sello Delsan, un libro de un personaje de la comparsa de ‘Gigantes y Cabezudos’. Primero fueron ‘El Morico’ y ‘El Forano’ y ahora, en vísperas de las fiestas de nuevo, aparece ‘El Berrugón. La historia jamás contada’, el relato de una criatura que se mira al espejo y comprueba que tiene una verrruga. Explica Míchel Suñén, autor también de novelas policíacas, acerca de sus fuentes de información: "Desde niño he sido un fiel seguidor de la Comparsa, por lo que el tema está presente en mis vivencias y recuerdos, y se nutre de un buen número de experiencias personales. Mi amistad con Domingo Castillo, portador de ‘El Morico’ desde 1985, es otra de las fuentes que me ha ayudado a saber más sobre los cabezudos, y desde luego la escasa bibliografía existente sobre ellos, en especial el libro ‘Historia de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Zaragoza. De sus orígenes a la actualidad’, escrito por Luis Antonio González Marín e Ignacio Mª Martínez Ramírez y editado por el Ayuntamiento de Zaragoza en 1985".

Añade el narrador que si no llega la información, se suple "con imaginación, fantasía y cariño, a partir de ese afecto personal que tanto Ignacio Ochoa como yo tenemos a la Comparsa". El objetivo de esta serie no es tanto la elaboración de una escrupulosa biografía "sino inventarnos una vida posible que alargue la popularidad de estos personajes tan queridos, y les otorgue una nueva dimensión, más literaria, entre los niños y sus familias".

Suñén quiere acercarse a los niños a través del humor y del juego, de la sugerencia y la fantasía. "Escribir estas ‘historias jamás contadas’, que es el subtítulo de cada cuento, es para mí una vuelta al juego, a la infancia, a mis raíces. Se trata de invitar a los niños a abrazar nuestras tradiciones de un modo distinto, con creatividad y fascinación, con fantasía y diversión. De sacar a estos personajes del pasado y traerlos al presente, actualizándolos desde el respeto más profundo a lo que son y a lo que significan. ‘El Morico’, ‘El Forano’ y ‘El Berrugón’ son, por supuesto, libros para niños, pero también para sus papás, mamás y abuelos, que retornan y comparten sus infancias con sus pequeños". Matiza el autor de la novela ‘Látex’: "¿El humor? Es indispensable. Trabajamos con unos personajes que están instalados en el acerbo popular y cobran toda su expresión durante las fiestas de nuestra Zaragoza, las cuales carecen de sentido sin la risa".

¿Cómo es la Zaragoza de ‘El Berrugón’? Suñén señala: "Aquí es una Zaragoza más genérica, menos reconocible arquitectónicamente, por ejemplo, que en la historia de ‘El Morico’. Desde ella nos proyectamos a los Pirineos, donde hemos situado un hecho sustancial en la vida de El Berrugón y su verruga, el encuentro con una bruja y su perolo, sobre la que gira en gran medida el argumento. Es una Zaragoza previa a la creación de la Comparsa, pues atribuimos a ‘El Berrugón’ y a ‘El Tuerto’ el papel de fundadores. Pero, paradójicamente, es también una Zaragoza actual, afectada por el poco ejemplar comportamiento de algunos mandamases sin principios, con unos habitantes que salen a la calle de un modo festivo y colorido, fieles a sus tradiciones y raíces. La Zaragoza de ‘El Berrugón’ es una Zaragoza humana, divertida, familiar y, sobre todo, muy querida y admirada por nosotros". Ignacio Ochoa, ilustrador y diseñador, explica: "En esta colección de ‘cabezudos’ mezclo la Zaragoza de diferentes épocas porque tiendo a dibujar los edificios y ambientaciones que me gustan para cada momento, aunque ello suponga una ucronía. Hay cierta predilección por los años 20 y 30, pero también incorporo edificios de los 40, 50... incluso los más recientes. En ‘El Berrugón’ no hay mucha presencia de la ciudad, salvo en la portada, por la fuerte personalidad del protagonista, pero en anteriores entregas de la colección, era evidente la mezcla arquitectónica. Incluso en ‘El Forano’ llega a verse la Torre Nueva como si todavía siguiese en pie. Son todas las Zaragoza y ninguna al mismo tiempo".

Las intenciones de Suñén encuentran una correspondencia ideal en la propuesta visual de Ochoa, muy homogénea para toda la serie. "Homogénea sobre todo en el uso de ciertas expresiones, y en el uso de una ambientación y una arquitectura determinadas –dice Ochoa-. Pero, al final, realmente el único elemento unificador es mi propio estilo". ¿Cómo se podría definir su estilo, su modo de trabajar? De entrada es expresionista y a la vez tiene algo que mezcla lo rudo y lo primitivo con un aire sutil. "Actúo por instinto, quizás de ahí venga eso de ‘rudo’ y ‘primitivo’. Sé que prefiero trasmitir sensaciones a ser descriptivo y que las imágenes han de tener fuerza por su composición y dirección, más que por el color o el motivo. Me gusta crear ambientaciones y me gusta ser detallista en ciertas ocasiones para ser más envolvente, del mismo modo que pienso que en otras ocasiones los detalles sobran. Realmente, me guío mucho por el instinto a la hora de trabajar y de momento parece ir bien la cosa".

Ignacio Ochoa utiliza básicamente acuarela, "aunque no la trabaje como tal"; también añade algunos efectos con acrílico y algunos detalles por ordenador. Sus originales pueden verse en la librería Los Portadores de Sueños, donde se ha presentado el cuento.

El personaje El Berrugón, tras distintas peripecias, entre ellas lo que podría llamarse un enigma de identidad (el eterno "quién soy yo"), se despide así: "He aprendido a quererme como soy. Hacer las cosas bien me ayuda a estar contento y a tener muchos amigos. Y es que, de una forma u otra, todos somos verrugones". O berrugones, porque también con la v de verruga y con la b de berrugón se juega en este álbum infantil. No se trata de desvelar el final del cuento, sino de recordar lo que ya sabemos: los ‘Gigantes y Cabezudos’ trabajan para nuestra felicidad. Y Míchel Suñén e Ignacio Ochoa también.

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