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Fiestas del Pilar
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PILAR 2009

La Virgen se viste de flores en el día grande de Zaragoza

>> Un total de 414 grupos organizados desfilarán para llevar sus flores a la Virgen.>> La Ofrenda ha comenzado con normalidad a las 7.30 y terminará bien entrada la tarde.

La Virgen del Pilar luce ya su manto más bello y popular, el que cada año tejen los millones de flores que depositan cientos de miles de oferentes llegados desde todos los rincones del mundo para participar en la Ofrenda de Flores, el acto más multitudinario de las Fiestas del Pilar.

Desde las 7.30 de una mañana muy soleada, aunque con fuerte viento, miles de personas se han reencontrado una vez más con la Virgen del Pilar en la plaza del mismo nombre de Zaragoza, y a sus pies han dejado su ofrenda más preciada, las flores, después de recorrer las principales calles de la ciudad en un desfile lleno de color.

Y es que las flores y los trajes regionales -sobre todo de Aragón, pero también de todas las demás comunidades autónomas españolas y de otros países- han inundado las calles de Zaragoza desde primeras horas de la mañana, y desde entonces no se han dejado de escuchar las castañuelas y las jotas más tradicionales.

Los oferentes, de todas las edades, han esperado pacientemente para llegar a la plaza del Pilar desde los diferentes puntos de salida ubicados por el centro de la ciudad, y en el recorrido han estado acompañados por los miles de visitantes que se han trasladado a Zaragoza para vivir sus fiestas patronales.

Las flores han llegado también desde el aire gracias a la participación del Real Aéreo Club de Zaragoza, que ha homenajeado a la patrona de la ciudad lanzando capullos de rosa desde varias avionetas pilotadas por instructores y pilotos, aunque la llegada de los aviones F-18 ha tenido que ser suspendida debido al fuerte viento.

A las 12.00 se ha celebrado la misa pontifical, presidida por el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, arzobispo de Santo Domingo y Primado de América, en la que también ha participado la Corporación municipal, encabezada por el alcalde de la ciudad, Juan Alberto Belloch, después de ofrecer sus flores a la Virgen.

El alcalde ha asegurado a los medios que en esta edición de las fiestas se están batiendo "todos los récords", y ha estimado que la participación de oferentes supere los 300.000, más que el año anterior, que fue una jornada muy lluviosa.

Ha insistido en que el pregón del sábado fue "el más concurrido de la historia de la fiesta" y "también el más vibrante y el que se vivió con más intensidad por los ciudadanos", que llegaron a los 180.000 personas, y ha agregado que hay en la ciudad 600.000 personas de fuera que han venido a vivir las fiestas patronales.

Además, ha apuntado que las fiestas "están saliendo muy bien", ya que no ha habido incidentes graves, salvo unos "bárbaros" que han intentado pintar el Pabellón Puente.

El grupo de la Venta de El Olivar ha abierto el desfile de los 414 que hoy participan en la ofrenda, y han depositado las flores para tejer el mando de la Virgen en una estructura que mide en torno a los 15 metros de altura y 16 de anchura y pesa en torno a 40 toneladas, diseñada por el cineasta Bigas Luna en 1998.

La Asociación Cruz de Lorena, formada mayoritariamente por trabajadores del Hospital Royo Villanova de Zaragoza, ha llevado la cruz de doble barra, el motivo central del manto blanco de la Virgen, realizada con doscientos claveles rojos.

Los antecedentes de esta celebración se remontan a los años 40 del siglo XX, en los que el Camarín de la Virgen se adornaba los días de las fiestas con claveles, rosas y nardos, pero en 1958, siendo concejal de fiestas Manuel Rodeles, nació un acto popular y de participación similar a las ofrendas florales de Valencia.

Para esa primera ofrenda, en la que se situó una réplica de la Virgen en la fachada principal del templo, el Ayuntamiento adquirió en Tortosa varios miles de claveles y participaron unas 2.000 personas, pero su rápido éxito contribuyó a que las Fiestas del Pilar fueran declaradas en 1965 de Interés Turístico Nacional.

Con la llegada de los Ayuntamientos democráticos, la ofrenda de flores se reinterpretó como acto de reafirmación de la identidad aragonesa y el compromiso de participación de la inmensa mayoría de zaragozanos.

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