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Fiestas del Pilar
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Luis Francisco Esplá: "En Zaragoza tomé la alternativa y aquí me despido"

Esplá escruta a un 'victorino' en su última comparecencia en Zaragoza.
Luis Francisco Esplá: "En Zaragoza tomé la alternativa y aquí me despido"
alfonso reyes

Todo acaba.

Entras y sales. En el toreo y en todo espacio vital.

Luis Francisco, ¿por qué se va?

En el momento del adiós, hay que anticiparse a los síntomas. Los toros que salen al ruedo siguen teniendo cuatro años, y yo ha he cumplido los cincuenta. Esplá tiene que ser Esplá, Esplá al máximo. Si no, no es Esplá.

Quizá sea el miedo a fracasar de quien nunca ha fracasado.

No. Es una cuestión racional. El miedo lo he sabido metabolizar siempre. Ahora que la gente me dice que no me vaya, entiendo que es el momento de cortarme la coleta. Sería mucho peor hacerlo después.

Y se va mañana, día del Pilar, en Zaragoza. Casi nada.

Entro y salgo por la misma puerta. Tomé la alternativa en Zaragoza en 1976. Me la dio Paco Camino, con El Niño de la Capea como testigo. Y aquí me despido. Torearé una corrida después en Quito. Pero mi adiós en España es en la plaza de La Misericordia.

'La Corrida del Siglo' marcó su carrera.

Después de la alternativa en Zaragoza, había confirmado en Las Ventas con Curro Romero. Hasta entonces era un novillero que prometía, que agradaba; pero no acababa de romper como torero.

Todo hasta ese memorable 1 de junio de 1982 en Las Ventas. Toros de Victorino Martín, de impresionante casta y trapío.

Ese día se alinearon todos los astros. Fue una corrida excepcional. Los tres toreros, Ruiz Miguel, Palomar y yo, salimos a hombros. Y también Victorino.

Hizo bajar al ruedo a Victorino tras la muerte del quinto toro.

Fue un acto de justicia. El ganadero tuvo mucho que ver en ese éxito que tanto influyó en mi carrera y tanta vitalidad dio a la fiesta.

Allí se vio al auténtico Esplá, espléndido en banderillas, matando recibiendo... De categoría.

Siempre he procurado tener una personalidad propia. En esos años, cuando comenzaba, el panorama de toreros era amplísimo. Me he abierto camino impregnando un carácter propio.

¿De qué fuentes ha bebido para elaborar su toreo?

He intentando ser consecuente con mi generación. Me fascinaba el toreo y los toreros de los cincuenta, el 'glamour', el encanto de los coches de cuadrillas, de las mujeres, la conmoción que causaron entre los intelectuales.

Se aprecia el influjo de Luis Miguel Dominguín.

Indiscutiblemente, estamos hablando de un genio. Defiendo el toreo conceptual, la escuela mediterránea, los arabescos...

También ha defendido el toreo como fenómeno cultural.

Cursé Bellas Artes. En Zaragoza, presidí una tesis doctoral sobre Antropología Taurina en 1996. Torear es crear con un animal que se opone. El milagro es fundir voluntades.

Como usted consiguió en junio en Las Ventas, en su despedida de Madrid por la puerta grande.

Me niego a ver esa película maravillosa. Tuve el privilegio de vivirla desde el círculo mágico.

Mañana, adiós a lo grande, entre Ponce y Perera.

Vestiré un traje clásico, cargado, de ocho kilogramos, de rioja y oro. Pido matar con dignidad. Si logro dar otra dimensión, cumplo con creces el deseo. Eso sí, todo el mundo debe saber que me gusta jugar al todo o nada.

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