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El enigma del (ex)obelisco del parque lineal de Plaza

La figura central del laberinto solar, uno de los tres grandes monumentos de la zona verde, luce sin el alabastro que lo revestía. ¿Qué ha sido de él?

El antes y el después, es decir, el presente, del monumento del parque lineal del Plaza.
El antes y el después, es decir, el presente, del monumento del parque lineal del Plaza.
Heraldo

Algunos de los usuarios del parque lineal de Plaza no salen de su asombro. En uno de los extremos de la zona verde descubren un artefacto que bien pudiera parecer una antena de telefonía o una de aquellas brutísimas esculturas con las que Julio Basanta decoró su epilense Casa de Dios. ¿Qué clase de monumento es este tan afeado y minimalista?

Se trata de un obelisco, vaya, de la estructura interna de lo que en su día fue un obelisco. Un entramado de barras metálicas dan forma a la que era la figura central del llamado ‘laberinto solar’ del parque lineal, que antaño lucía rodeado de setos y constituía un espacio de asueto para los más pequeños. La estructura que hoy asoma sobre una pequeña plataforma es el esqueleto de un obelisco, que estaba recubierto por placas de alabastro, piedra aragonesa de extraordinario valor que hace a más de uno preguntarse si no las habrán robado. Sería una posibilidad, pero habría que echar mano de nocturnidad, alevosía y, por lo menos, un par de furgonetas de buen tamaño que permitieran llevarse las pesadas y voluminosas losas.

El monumento arriba, poco después de su estreno, y en el estado actual.
El monumento arriba, poco después de su estreno, y en el estado actual.
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Desde la Plataforma Logística explican que el alabastro se retiró cuidadosamente hace unos cuantos meses dado que algunas placas se iban despegando, podrían desprenderse y suponía un peligro. Así, la subcontrata que se ocupa del mantenimiento del parque retiró la decoración que en su día fue encargada a la empresa Alabaster Glass Teruel y, también, parte de los revestimientos metálicos que acompañaban al obelisco en su base. “Actualmente se estudia alguna alternativa para volver a darle entidad al monumento, pero sin recurrir a este tipo de piedra”, explican fuentes de la plataforma logística.

Según aclaran “se intervendrá primero en la base de lo que era la pirámide” y, después, se buscará una solución para el resto del conjunto, “aunque queda descartado volver a cubrirlo de alabastro por cuestiones de seguridad”. El problema de la pieza es que está a la intemperie, azotada por el viento, la lluvia y los condicionantes atmosféricos. Así, cuando se comprobó el mal estado de conservación de las pesadas losas, se optó por retirarlas para evitar que pudieran desprenderse y causar algún tipo de daño a los usuarios del parque.

No es este el único conjunto artístico que se encuentra en la amplia zona verde (son 678.000 metros cuadrados), dado que hay varios laberintos más e, incluso, un zigurat, pero sí era el que peor estado de conservación presentaba. Además del ‘laberinto solar’, en el parque se encuentra otro laberinto barroco y un tercero denominado ‘vertical’, así como una plaza de la ‘atalaya’ y otra dedicada a las cinco culturas. Aunque hoy son un puñado menos, cuando se inauguró el parque contaba con 30 esculturas, más de 200 bancos, 137 papeleras y unos 3.500 aspersores de riego.

El diseño del monumento, que se estrenó en 2007.
El diseño del monumento, que se estrenó en 2007.
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De las intervenciones artísticas se encargó en su momento el paisajista Pedro Tejero-Garcés, en colaboración con el arquitecto Manuel Rubio Gil y la UTE encargada de la urbanización del parque, esto es, Mariano López Navarro y Necso. En la pieza que nos ocupa, aunque el alabastro era el material más visible, también se utilizaron metros y metros cuadrados de acero inoxidable, que recubrían el último tramo del laberinto. Estas chapas, de tinte marrón cobrizo, también se han ido retirando en los últimos meses para “buscar una solución integral” al monumento. Si se cuenta el recorrido entre los setos, el laberinto ocupa unos 6.700 metros cuadrados y, cuando está bien cuidado y no hay ‘alcorces’ y arbustos rotos, supone un entretenimiento para los más pequeños como antaño lo fue también el otro laberinto vegetal que había en la trasera de la Aljafería.

El obelisco de inspiración egipcia, al ser translúcido, podía iluminarse desde el interior 

“Se trata de un laberinto de tipo primitivo, es decir, que sigue los patrones básicos vigentes con anterioridad al siglo XVII”, se explica en la ficha de patrimonio del Ayuntamiento de Zaragoza, donde se detalla también que “se puede recorrer helicoidalmente en un tiempo estimado de 19 minutos”. Allí también se informa del motivo por el que se eligió el alabastro para la construcción del obelisco central: al ser translúcido se podía iluminar desde el interior por la noche generando una secuencia de seis colores que cambiaban cada media hora.

Esta fantasía forma ya parte del pasado, como la pretensión de que el parque fuera una zona esencial de la nueva Zaragoza, dado que estaba llamado -antes de la crisis económica de 2008- a guiar el crecimiento de la ciudad a través de Valdespartera y Arcosur.

Lo que sí sigue de actualidad es la sempiterna disputa sobre quién se hace cargo del mantenimiento del parque que, a día de hoy, sigue siendo una tarea que lleva a cabo la plataforma logística, a pesar de que el Gobierno de Aragón ha intentado por activa y por pasiva que el Ayuntamiento de Zaragoza asumiera esta gestión como municipal. El gasto anual de mantenerlo ronda los 300.000 euros y, si lo integrara el servicio de Parques y Jardines, añadiría casi 700.000 m² más de zonas verdes y de trabajo.

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