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El Royo del Rabal: de cuando deslumbró a Alfonso XII a su paso por la cárcel

Recordamos la figura de Pedro Nadal Auré, más conocido como el Royo del Rabal, quien inspiró a uno de los cabezudos incorporados en la última década a la Comparsa.

El Azutero, cabezudo inspirado en la figura de Pedro Nadal Auré, más conocido como el Royo del Rabal.
El Azutero, cabezudo inspirado en la figura de Pedro Nadal Auré, más conocido como el Royo del Rabal.
Toni Galán

Si hablamos del Azutero, casi todos los zaragozanos saben que nos referimos a uno de los cabezudos de la Comparsa -una de las incorporaciones realizadas en la última década- que hace tan solo unos días, durante las Fiestas del Pilar, salió a las calles para divertir y encorrer a los chavales. Pero lo que muchos quizá no conocen es a la figura en quien está inspirado este cabezudo: el jotero Pedro Nadal Auré, más conocido como el Royo del Rabal, a quien hoy recordamos con motivo de la reciente efeméride de su nacimiento.

Pedro Nadal vino al mundo en el barrio del Arrabal un 23 de octubre de 1844 y fue bautizado en la iglesia parroquial de Altabás. En aquel barrio vivió, quedando huérfano de padre y madre a los diez años, siendo recogido por una hermana de su padre, y su marido, de profesión labradores, los cuales dedicaron a su sobrino al mismo oficio que ellos ejercían. Pronto se dio a conocer en el Arrabal por su estilo en el canto popular, sobre todo en las rondas.

En 1860, con motivo de la visita que hizo Isabel II a Zaragoza, en compañía de su hijo el rey Alfonso XII, se organizó una gran serenata. Participó en ella el Royo, que fue muy aplaudido. Ya siendo rey, Alfonso XII volvió a Zaragoza en 1876 y el Royo también cantó delante del monarca. Tiempo después, con motivo de la boda real de Alfonso XII con su prima María de las Mercedes, acudieron a Madrid rondallas desde todas las regiones de España, incluida Zaragoza. Así, el Royo del Rabal cantó al pie de los balcones del Palacio de Oriente, precisamente en la época de su mayor brillantez y estilo. El pueblo de Madrid aclamó al célebre cantador, a quien el monarca invitó a charlar con él en uno de los balcones de palacio.

Más tarde, Pedro Nadal ejerció de guarda del azud del Rabal -de ahí lo del Azutero-. "En el Sindicato de Riegos pasó más de diez años. Vino después a Zaragoza, dedicándose a administrar los ahorros de su modesta fortuna, en compañía de su buena esposa.

Afiliado al partido liberal, prestó grandes servicios a sus jefes correligionarios, habiendo sido encarcelado por sus ideas y defenderlas con las armas, en las revueltas de esta ciudad”, escribimos en las páginas de HERALDO con motivo de su fallecimiento, el 14 de mayo de 1955.

Pedro Nadal dejó una huella imborrable como cantador de jota, marcando un hito en la fijación de los diferentes estilos. Y como homenaje, la ciudad de Zaragoza le dedicó un cabezudo, que enseguida se ganó el cariño de público.

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