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El regreso de los desalojados: "Hemos llorado al ver a nuestros vecinos llegar tras pasar dos noches cuidando el pueblo"

Algunos hombres se quedaron bajo su responsabilidad en Alcalá y otros lugares evacuados para apagar fuegos aislados. Al volver, los desalojados comprobaron que las llamas pasaron a unos "centímetros" de varias casas.

El regreso a casa de los vecinos evacuados por el incendio del Moncayo.
El regreso a casa de los vecinos evacuados por el incendio del Moncayo.
José Miguel Marco

Desde que el pasado sábado el fuego les obligó a dejar sus casas "a toda prisa y con lo puesto", los vecinos de los ocho pueblos desalojados por el incendio forestal del Moncayo, que ha arrasado 6.000 hectáreas, solo tenían un objetivo en mente: regresar lo antes posible. Por eso mismo, en cuanto este lunes les dieron la autorización para volver, no se lo pensaron dos veces. Era la hora de comer, pero a alguno hasta se le olvidó. 

"Hemos llorado al ver a nuestros vecinos llegar tras pasar aquí dos noches solos cuidando el pueblo", confesaba José Miguel, con la voz todavía entrecortada. Prefería no dar su apellido, porque aunque reconoce que no se arrepiente y lo volvería hacer, es consciente de que al decidir quedarse en Alcalá tuvo que desobedecer la orden de evacuación de la Guardia Civil. Pero no fue el único, como él, una docena de hombres optaron por permanecer bajo su responsabilidad en el municipio con el único objetivo de "dar vuelta todo el tiempo y apagar cualquier fuego que se produjera junto a las casas".

"Al principio íbamos cada uno por nuestro lado, pero ya la primera noche nos coordinamos y fijamos nuestro propio centro de operaciones en el local de la peña Los Pispajos (estos días celebraban las fiestas en honor de San Sebastián)", contaba otro de estos improvisados serenos del fuego. Reconocen que vivieron momentos angustiosos, "sobre todo el sábado por la noche, cuando el fuerte viento hizo que se reavivaran varios focos muy cerca de las viviendas". Pero ayudados por sus tractores y pertrechados con mangueras y batefuegos lograron sofocar cada conato.

No pasaron menos miedo sus familias, con las que ayer se fundieron en un sentido abrazo. "Lo peor era cuando lo llamabas y no te cogía en mucho rato porque no había cobertura. No sé por qué, la cabeza siempre te hace pensar que ha podido pasar algo", explicaba este lunes Ana, la mujer de uno de estos hombres, con la tranquilidad que daba tenerlo ya a su lado.

El fuego le cortó el paso

No menos contentos estaban este lunes los vecinos de Vera de Moncayo, que como los de Alcalá, Trasmoz, Bulbuente, El Buste, Ambel y Talamantes retornaron a sus hogares en cuanto recibieron autorización. "Lo primero que he hecho ha sido acercarme a la nave donde guardé los caballos. Por suerte, estaban los cinco en perfecto estado. No sé si estaban más contentos ellos o yo", decía Javier Zueco, esbozando una sonrisa.

Antes de evacuar Vera junto a su hija, este hombre quiso asegurarse de que los equinos quedaban a salvo: les dejó comida y agua y aró todo el terreno alrededor de la nave para frenar el avance de las llamas. Aquello seguramente salvó la vida de los animales, pero Javier es consciente ahora de que su acción puso en juego la suya. "Apuramos tanto que cuando cogí el coche en dirección hacia Tarazona –a donde habían marchado ya su mujer y sus tres nietos– el fuego nos cortó el paso en la carretera. Había llamas a ambos lados y tuve que dar la vuelta. Pero después me volvió a pasar lo mismo, por lo que tuve que tirar por un camino", contaba. "No sé si fue un acto reflejo o es que no fui consciente entonces del peligro –confesaba–, pero unas horas después me dolía la cabeza de pensarlo".

El hijo de Javier, Daniel, fue otro de los que se negaron a evacuar el pueblo –en este caso Vera– y junto a otra cuadrilla de jóvenes se dedicaron el sábado y el domingo a ir "calle arriba, calle abajo" vigilando el fuego. Una vez pasado lo peor, padre e hijo se fueron este lunes juntos con el coche a pasar revista a sus 700 almendros y su centenar largo de olivos. "Mucho me temo que bastantes habrán sido pasto del fuego", vaticinaba algo pesimista Javier.

En Vera de Moncayo y en el resto de poblaciones afectadas, los vecinos se reencontraban ayer en improvisados corrillos y coincidían en la singularidad del incendio que ha teñido de negro y gris más de 6.000 hectáreas de monte y cultivos. "El viento ha sido tan fuerte y cambiante que te encuentras con un campo entero calcinado y con el del vecino impoluto, sin tocar. Ha sido una auténtica lotería", decían. Más de uno se sorprendía también al comprobar que las llamas se quedaron a "centímetros" de algunas viviendas.

Negocios afectados

"Yo vi venir el fuego a lo lejos. Se formó de repente un huracán. Fue horroroso", relataba Jesús Ariza, propietario de una casa rural en Alcalá. "Me di la vuelta para buscar un generador, porque se fue la luz, y a lo que volví estaba ya todo el pueblo envuelto en humo. Tuvimos que salir corriendo", recordaba este vecino. Se dirigieron hacia Talamantes, pero el fuego iba "más rápido" que ellos por la carretera.

Como a él, a los propietarios de algunos negocios no les quedó otra que abandonarlos de forma precipitada. "Milagrosamente no se ha quemado nada de las instalaciones. Solo está el tema de la comida que había en las cámaras. Al irse la luz, se ha estropeado. Poca cosa, siendo conscientes de lo que podía haber pasado", explicaba uno de los propietarios del Cámping El Moncayo.

Una vecina, al ver los huertos y corrales quemados: "Esto es una auténtica pena"

La vuelta a casa nunca fue tan dura para los vecinos desalojados de Alcalá y Vera del Moncayo, Ambel, Bulbuente, TrasmozTalamantes y El Buste. Una vez estabilizado el incendio, en la tarde de este lunes, pudieron hacer una valoración de los daños que ha podido causar el voraz incendio forestal. A priori, los que se encontraban lejos del núcleo donde ocurrieron los fuegos han salvado prácticamente todo, pero no se puede decir lo mismo de Alcalá de Moncayo.

"Por suerte el fuego no ha entrado en ninguna casa, pero los alrededores están totalmente calcinados”, ha indicado Jesús Ariza, propietario de una casa rural situada en Alcalá. A su alrededor, un manto negro con ceniza recubre lo que antes era verde. "Creo que gracias al agua de los bomberos se han salvado varias casas", ha detallado. Algunas viviendas, situadas cerca de la ladera por donde ascendía el fuego en la fatídica tarde del sábado, sufrieron daños en las ventanas por el abrasamiento de las llamas, que fundieron las persianas y rompieron los cristales.

Los vecinos evacuados que han vuelto este lunes a sus casas se han encontrado con los alrededores "completamente calcinados".

"Esto es una auténtica pena", se lamenta una vecina. Además, muchos huertos y pequeños corrales han quedado quemados, algo que tardará mucho tiempo en recuperarse.

El alcalde de Alcalá de Moncayo, Luis Ángel Torellas, también se ha acercado al municipio en la tarde de este lunes. Visiblemente emocionado, ha reconocido que "me encuentro fatal, no he dormido en tres días".

El Gobierno de Aragón advierte de que el fuego "no está controlado" y pide "prudencia". Están reabiertas al tráfico todas las vías que estaban afectadas.

"Ha sido muy duro, he tenido que estar pendiente de muchas llamadas para que habilitaran todos los servicios en el pueblo para poder volver cuanto antes", ha explicado. La vida vuelve al municipio, que tardara "mucho tiempo" en recuperarse de todos los daños ocasionados.

La mayoría de los vecinos coinciden en una cosa, y es que en cuestión de minutos el fuego se plantó en sus caras. "Lo veíamos a lo lejos, pero cuando quisimos darnos cuenta las llamas ya estaban llegando al pueblo", ha detallado Roberto Aranda. En ese momento, se dirigió a su pequeño corral localizado cerca de la ladera del municipio, cuando se dio cuenta de que estaba ardiendo. "Ahí fue cuando, con mi primo, huimos de aquí", ha expresado. De sus ocho gallinas, han logrado sobrevivir cuatro, pero su huerto fue totalmente abrasado. 

"Yo vi venir el fuego a lo lejos. Se formó de repente un huracán. Fue horroroso", ha indicado Ariza, por su parte. "Me di la vuelta para buscar un generador, porque se fue la luz, y a lo que volví estaba ya todo el pueblo envuelto en humo. Tuvimos que salir corriendo", ha narrado este vecino. Se dirigieron hacia Talamantes, pero el fuego iba "más rápido" que ellos por la carretera. 

Bozhidar Georgiev se encontraba en Alcalá cuando se desató el incendio. Todavía estaba lejos, pero eran conscientes del peligro de la situación porque el fuerte viento lo empeoraba todo y la dirección marcaba sus casas. Mientras él paró de observar el avance en lo alto de la ladera, el fuego apresuró su paso hasta plantarse a su lado. "Me giré y, de repente, lo tenía en la cara. Fue alucinante", ha relatado Georgiev. Se refugiaron en la casa de su tía de Zaragoza, pero los nervios no les dejaban descansar. "Fuimos a Borja a ayudar, porque no podíamos estar quietos sabiendo lo que estaba pasando. Necesitábamos actuar", relató el joven. 

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